A veces, los que no tenemos la suerte de enterarnos de lo que pasa en política nos encontramos con demasiadas malas noticias. Vamos por la vida entre deprimidos y airados. Hoy no es de estos días. Siempre he creído que los conservadores han tenido demasiados complejos de no ser “modernos” o “progres”. Sobre todo, por no ver más allá de las narices de su chata moral y de su cinismo sobre el valor de la tradición liberal. Por eso, haber elegido de número dos por Madrid a una persona que ha demostrado creer en algo más, frente a quien no es más que un pintas, Gallardón, aumenta mi crédito sobre el voto útil que me piden.

Desconozco todas las implicaciones que esta afirmación supone. No sé de qué familia política es Pizarro. En la hora de la batalla más aciaga y triste de nuestra economía doméstica, ha demostrado estar por encima del qué dirán de los “modernos”. Desprecio olímpicamente, esto es, con ganas de batir un record, esa mafia del dinero y el poder que han construido en España al calor de los restos del poder de Félipe González.

Dicho esto, que no es poco para nuestro alicaído ánimo, me congratulo de que, en la derecha, haya alternativas importantes para Gallardón y, además, mi paisano Rajoy ande por la labor de encontrarlas.

Por el lado de las nuevas tecnologías, sólo un par de apuntes para abrir el año como parece que es debido. Este mes de enero es mes para hacer pronósticos.

En 2007, apostamos por la web semántica como la segunda era de los buscadores. Este año que ha pasado no ha confirmado la aparición de formas buscadores más inteligentes.

En cambio, la posición más que excelente de esos servicios ha logrado que este año sea el año de la publicidad. La curva de inversiones publicitarias parece moverse hacia la Internet. Les animo a tener muy presente este dato.

También 2007 ha sido el año de la movilidad. Cuando creíamos que la telefonía no podía dar más de sí, aparece la guerra de los dispositivos. Para ver la forma en que ha roto el tema el iPhone, sólo hay que echar un vistazo a la posición dominante de las operadoras, un día antes, sobre los dispositivos. Ahora tendremos que asistir a la guerra de los servicios y si, por fin, podemos asistir a la conectividad total, avanzando un poco más en tenerlo todo en la palma de la mano.

Siguiendo lo anterior, veremos en qué queda la tendencia de las aplicaciones en red. La masificación de las redes sociales, tal y como comentamos en otro artículo, parece exigir un nivel más alto de personalización. Esto es, perder número para ganar en poder estar más conectado con quien queramos. Además, las nuevas formas de elearning harán más eficaces esas relaciones cuando avancemos un nivel más en la formación más personalizada.

Estas tendencias parecen exigir más rendimiento en las estructuras de sistemas y aplicaciones. Pero un ahorro de costes, a su vez. La virtualización de servidores puede ser una de las claves si nos sorprenden las marcar de hardware con sus prometidos proyectos que aún parecen de ciencia ficción.

No espero más claves para este año. Los sectores más atrasados en la aplicación de las nuevas tecnologías nos darán que hablar, pero no llegaremos a verlos como sectores innovadores.

En relación con el ocio y la parte de Internet que más preocupa a algunos, la proliferación de filtros para Internet de parte de las administraciones (China y Australia, por ejemplo) serán las nuevas competiciones para los hackers. La discusión entre libertad y represión tiene un frente abierto donde, como siempre, los liberticidas encuentran moralinas para justificar la censura.

En materia de seguridad, yo me preocuparía más por lo que no se sabe, por las nuevas estrategias de toma de control de los dispositivos que no buscan llamar la atención.

Me parece un año tranquilo, donde la posible recesión mundial hará que la vida real sea aún menos viva y, por tanto, la red será un instrumento, como siempre, para que el ingenio humano pueda encontrar nuevos mundos. Por eso puede que sea el año de la política y de la opinión. Emergen con fuerza los fantasmas del pasado. El socialismo real y la reducción del poder político a mafias dejan a Occidente en medio de la misma tensión de siempre: los supuestos éxitos de las sociedades cerradas harán que las abiertas aceleren el ritmo de sus realizaciones y puede que forzando la posición de intereses creados.

En ese sentido, las grandes compañías de software se están cansando de ser los únicos jugadores y comienzan a hacerlo notar. La gestión de la sospecha de monopolio ya no podemos verla, para Microsoft o Google, como un problema de multinacionales. Tendremos que empezar a preguntarnos qué hacíamos los demás mientras tanto. El recurso a papá Estado o CE para que ponga orden ya parece más una foto de la debilidad de Europa que otra cosa. En esto, el canon de la SGAE tiene su especial y mafiosa ejemplaridad. Poderes establecidos que exigen un trato de favor porque no son capaces de dar valor a las nuevas tecnologías. En medio, nosotros, con más voz que nunca y poca eficacia en el voto cada cuatro años.