Oh, amigos, me consterno.
Parte el primero sin duelo
este pobre subalterno,
espejo de servidores.
Aun cuando llegue el invierno
tu obra recordaremos,
que no la lleva el galerno.
Pues eres tú, mi buen Méndez,
aquel que lleva al averno
dos pobres manifestantes
de ese pepé del infierno.
Mas los siglos retendrán
que no ingeriste falerno,
sino que tu borrachera
era ebriedad de un moderno
que imagina golpes varios
de fontanero con perno.
Matemático sin par
que apuntas en tu cuaderno
una unidad donde hay ciento,
castigador sempiterno
de liberal Esperanza,
dí ¿a quién de ese terno
tapas con tu candidez?
Tu silencio de buen yerno
un ascenso te traerá.
En otro lugar muy tierno
más polis corromperás
hasta que alguno « ¡Y un cuerno ! »
te lance con claridad.