El recetario La calderada letal
Leo en El Mundo, en primera plana, un curioso titular:
"259 'SIN PAPELES' ALCANZAN LAS COSTAS DE TENERIFE EN 15 HORAS
Llegada masiva de inmigrantes cuando se cumple un año del proceso de regularización del Gobierno.
El número de extranjeros que se encuentra en España en situación ilegal ronda el millón."
Y digo curioso porque, desde que este gobierno llevó a cabo el proceso de regularización masiva de inmigrantes liderado por el prestidigitador ministro Caldera, una buena parte de la ciudadanía es conciente de que el efecto llamada no sólo es abrumadoramente evidente, sino que está costando miles y miles de vidas y, en segunda instancia, provocará un caos de orden económico y social que requerirá la adopción de nuevas medidas. Si estas medidas se orientan en el mismo sentido, el populista, obviamente, el proceso entrará en un bucle sin salida, extremadamente pernicioso y con una solución cada vez más difícil.
Mi diagnóstico es que el ministro se ha metido en un jardín, o lleva toda la vida en él, pero éste ya, más que un jardín, es como el Parque Nacional de Doñana. No podrá salir de él, porque las medidas que ha tomado en otras ocasiones no son válidas como terapia para este mal, mucho más grave y con dimensiones de metástasis. Los inmigrantes ahogados, asfixiados o muertos por inanición y/o deshidratación, incluso los abandonados a su suerte en el desierto, no pueden borrarse con un frasquito de tippex, ni con todos los frasquitos de todas las oficinas de España. Tampoco los centenares de miles de personas que deambularán por nuestras calles de nuevo, obligados a vivir de la mendicidad, cuando no de la delincuencia, explotados por las mafias que los trasladan y con la única garantía, eso sí, de que los Servicios Sanitarios españoles siempre les darán asistencia médica. Pero nuestra Seguridad Social no tiene una capacidad infinita para acoger personas, como no la tiene nuestra estructura económica, por mucho que intentemos arreglar las cuentas con tippex. No es tan fácil la solución.
Caldera está malo y su mal está teniendo muchos efectos colaterales. Yo propongo una terapia. Reconozco que es innovadora y no está experimentada (ni en humanos ni en simios) pero, cuando una enfermedad llega a un estadio en el que el pronóstico es crítico, hay que aferrarse a cualquier esperanza. Ésta es mi prescipción: Un crucero. Un crucero de placer que le rebajará el estrés, le procurará un razonable periodo de reflexión y, a la vuelta, quizá le haga ver las cosas desde otra perspectiva. El crucero debería realizarse en una mini-patera, o mono-patera*, es decir, patera de una sola plaza. Podría valer una barquita pequeña para pesca de bajura. Debe ir bien aprovisionado de víveres y toda clase de comodidade; por ejemplo, un bocata de morcilla de Béjar, una bota de vino y una mini-radio, para que escuche en su cadena amiga mensajes tranquilizadores. Nada de motores, por supuesto. El ruido no incita a la meditación. Un buen par de remos y ¡hala! Ida y vuelta. Desde las costas españolas hasta las africanas. Y viceversa. Eso sí, con salvavidas, por supuesto. Un flotador con la cabeza del Pato Donald podría servir.
Velamos por su seguridad, no le vaya a pasar lo que a todos esos inmigrantes que no vienen a España en patera ni se ahogan porque no hay efecto llamada.
* Lo de la patera de una sola plaza es una concesión a su estatus de ministro. Una sola plaza equivale a la Bussines Class de las pateras. No vamos a proponerle una patera-trasatlántico, para compartir espacio vital con otras 100 personas, por ejemplo, hombres, mujeres y niños del África Negra, desesperados, hambrientos y moribundos. Podrían comerse su bocata de morcilla. No deja de ser un miembro del gabinete. |