No todo el mundo lo sabe. La izquierda manipuladora se ha encargado de dejarlo fuera de la órbita histórica, y la derecha pusilánime no se acuerda de él por ser un notable liberal republicano. Por eso reproduzco esta referencia.: Sánchez Albornoz, fue número uno en las oposiciones al Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecas y Museos, catedrático numerario de Historia de España en las universidades de Barcelona, Valencia, Valladolid y Madrid, miembro de la Real Academia de la Historia, y Rector de la Universidad Central en 1932-34, Diputado por Ávila entre 1931 y 1936, Ministro de Estado en 1933, Vicepresidente de las Cortes en 1936, Consejero de Instrucción Pública entre 1931 y 1933, y Embajador de España en Lisboa. Exiliado tras la Guerra Civil, siendo profesor de Historia en las universidades de Mendoza y Buenos Aires fundó en Argentina el Instituto de Historia de España.

En un artículo publicado en 1983 que resulta un oráculo si miramos los acontecimientos de la actualidad, este sabio, que debiera ponerse a la altura de Unamuno, Ortega y Gasset o Marañón, dijo...


“Los hombres no suelen conceder a tales vaivenes la atención que merecen. Cuanto menos inteligentes más propicios son a considerar que “su real gana” puede decidir el futuro de un pueblo. He conocido algunos casos crueles tales tremendos errores. Primo de Rivera y el Rey [Alfonso XIII] creyeron que la dictadura era perdurable. Su yerro llevó a la república. He relatado, en mi ‘anecdotario político’ la respuesta que don Benavites que se aventuró a hacer al monarca el elogio de la dictadura. ‘Sí, Bernardino, la dictadura ha hecho dos cosas muy importantes para España: los firmes especiales y la República’. 

Después, Largo Caballero, en 1935, previno a los republicanos al firmar el acuerdo que llevó al Frente Popular –yo no lo he sabido sino ya emigrado- que se reservaba el derecho de hacer la revolución tras la victoria electoral. Y es notorio que de febrero a julio lanzó a sus gentes a la revuelta continua –estuvieron a punto de matar a Prieto en Écija-. Tres años de guerra civil y cuarenta de dictadura franquista fueron las consecuencias de su estúpido error.

[...]Durante la República y después, siempre, he defendido la precisión de acortar las grandes diferencias sociales y económicas que separaban y aún separan a los españoles. Desde mi rincón bonaerense he predicado empero, siempre, el respeto total a las libertades individuales en la transformación social de España. El triunfo socialista [1982] me ha parecido un buen camino para la mudanza en paz de la patria envejecida. Si los vencedores son inteligentes, claro está, y no se lanzan por sendas tortuosas.

Pero, mi larga y triste experiencia, llevo 47 años exiliado y he perdido todo en España [...] me mueve a tomar la pluma para recordar a los socialistas gobernantes, que todo es pasajero en la historia, que frecuentes casos de estulticia política han provocado graves daños a mi patria en el curso de mi vida. Casos de estulticia en los que vulgarmente podríamos decir que ha salido el tiro por la culata a los a veces ingenuos y bien intencionados gobernantes. Y, naturalmente, con mucha frecuencia a los ambiciosos de poder sin conocimientos de las lecciones de la historia.

Se ha abierto una nueva página de la historia de España. Deseo vivamente que esta etapa novísima sea fecunda en el renovar de nuestra España. Pero mi triste experiencia política y lo avanzado de mi edad[...] me hacen temer que volvamos a cometer nuevos errores yerros de ingratas consecuencias para tirios y troyanos.”

Es obvio que la deriva pseudosocialista que la progresía de campanario pregona nos está llevando a una decadencia en todos los órdenes que nos orienta hacia situaciones preocupantes de no tener una rectificación adecuada.

Existen tantos motivos de preocupación que daría para elaborar un libro de no pocas páginas. En este artículo me voy a centrar en uno de esos problemas que no es objeto de titulares porque las víctimas no tienen voz propia.

Para introducirles en la situación imagínense un país donde se establezca la eutanasia. En principio la ley de ese lugar de ficción solo permite dar muerte a casos de personas diagnosticadas como enfermos terminales con gran afectación de sufrimiento e irreversibilidad. Pero en la práctica, con la pasividad general y la falta de controles, el sistema aprovecha la ley para dar término a los ancianos que superen los ochenta años, con la finalidad de ahorrar gastos a un sistema de seguridad social sobrecargado y desbordado en las previsiones presupuestarias. ¿Qué escándalo sería este supuesto, no? Nadie dudaría en calificarlo de gerontocidio.

Ahora imagínense otro supuesto: con una ley de aborto prevista para casos excepcionales y supuestos muy específicos, que tendría una aplicación limitada a situaciones muy puntuales sometidas a estrictos controles, hoy se asesina a uno de cada seis fetos o embriones en proceso de desarrollar una vida autónoma. ¿Qué opinaría Vd? ¿No le parecería un escándalo, una aberración, un hecho propio de países como el de la Unión Soviética de Stalin que asesinó a unas cien millones de personas, o a la de Hitler que liquidó a una tercera parte de la masa humana liquidada por Stalin, o a otros menos renombrados pero igualmente de genocidas? Pues eso es lo que he oído de la estadística de abortos generados hoy en España: uno de cada seis niños son abortados, y lo que era una ley para casos excepcionales está dando como resultado un verdadero asesinato consentido por omisión por las autoridades españolas, sobre todo en Cataluña que se lleva con distancia sobre otras comunidades la palma.

¿Qué les parece este fenómeno a ustedes?

Perdida la sensibilidad y el respeto hacia el ser humano todo es posible. Se empieza así, y se puede acabar instalando hornos crematorios.