Tras la manifestación celebrada el fin de semana pasado en apoyo a la “familia cristiana”, el PSOE ha acusado a los obispos españoles de “no respetar la democracia”, dejando entrever, una vez más, la flaca, pobre y equivocada idea que los socialistas tienen de nuestro sistema de libertades.

Personalmente, apenas comparto ninguna de las reivindicaciones planteadas en el multitudinario acto callejero tutelado por la Iglesia Católica y, de hecho, pienso que los planteamientos que allí se expresaron son intelectualmente insostenibles, políticamente equivocados, socialmente minoritarios y culturalmente retrógrados pero, por encima de todo esto, creo firmemente en el derecho de todos los ciudadanos españoles, pertenezcan o no a una confesión religiosa, a manifestar públicamente sus ideas, sus protestas y sus reclamaciones en la calle, más aún cuando estas demandas se plantean de un modo absolutamente pacífico y respetuoso. Como digo, no comparto nada de lo que se dijo en aquel acto, pero creo que las decenas de miles de personas presentes en el mismo tienen todo el derecho del mundo a criticar al Gobierno, a mostrar su convencimiento de que el Ejecutivo socialista está poniendo en peligro la democracia española y a pedir la dimisión de quien consideren oportuno. ¿Por qué una parte importante de la izquierda de este país piensa permanentemente que solamente son sus corifeos quienes pueden salir a tomar las calles para protestar por los más variados asuntos?

La respuesta del PSOE al acto litúrgico del pasado domingo solamente revela el nulo sentido de la democracia y de la tolerancia que tiene un partido que no puede comprender que la parte más conservadora de nuestra sociedad pueda también manifestarse en libertad y que pueda cuestionar al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero con absoluta tranquilidad. Y es que esta incapacidad de los socialistas para respetar las opiniones ajenas contrasta dramáticamente con la permanente disposición de éstos a asegurar el derecho a la libertad de expresión de los terroristas, de los adláteres de los criminales y de todos aquellos que permanentemente se sitúan más cerca de los verdugos etarras que de sus víctimas. De hecho, el respeto del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y del PSE hacia los terroristas y hacia los ultranacionalistas vascos y catalanes ha sido tal que no solamente han alcanzado múltiples acuerdos de gobierno con éstos últimos sino que, además, tampoco han temblado un ápice a la hora de negociar políticamente el futuro de España con los primeros.

Esta es, en fin, la realidad virtual, fantasmagórica e imaginaria que ha creado tres años largos de Gobierno socialista en España, un escenario obtuso, cínico y espectral en el que los curas hacen peligrar la democracia española mientras que pactar y gobernar con los cómplices o los voceros de los terroristas sirve para reforzar las estructuras del Estado. Cosas veredes.