Ha dicho el presidente francés, del que he olvidado el nombre, que va a aplicar el mérito sobre el igualitarismo. Eso es un debate continuo en la red. No sólo por los efectos de la globalización, sino por la misma esencia de la Internet. Creo que con ello puedo dar razón de la doctrina más liberal, pero más incómoda, para los conservadores. Y este presidente galo es todo menos liberal.
Los conservadores, para dejar de buscar más lejos, me llego hasta Ortega y Gasset, entienden la existencia de una sociedad jerarquizada, no libre, liberticida, y, dentro de ella, el poder de las élites. Estas élites provienen de una definición de mérito que sólo es defendible, en su arbitrariedad, si le damos un sentido moral. Esa pretensión moral no es más que un barniz para justificar lo que es imposible hacerlo.
Sé que llevamos siglos viviendo frente al socialismo, frente a la izquierda, y que los liberales no hemos podido oponer un ideología destructiva y autoritaria como los conservadores. En muchas naciones, los liberales han tenido que convivir, como hacen ahora en España, con conservadores. Esto es, ha provocado un gran sacrificio y no pocas confusiones. Esto significa que no hablemos de lo mismo los liberales y los conservadores. Por eso mérito para los conservadores no es más que un lugar para enfrentarse a otro concepto derivado de una moral que es la envidia raíz del socialismo.
Podemos afrontarlo desde las competiciones olímpicas. Podemos desarrollarlo desde las ideas de justicia distributiva y conmutativa. Si me dan un segundo, espero explicarme. Es un concepto muy entroncado con la competición en el libre mercado y esto, para muchos recién llegados, no es más que sacar dinero de todo a todas horas, pero es mucho más. De hecho, la envidia es el motor de la clase media y en ella el mérito, lo que ella considera por tal, tiene más de apariencia de cierto éxito, sea como sea, que por medio del valor que los actos de las personas tienen.
Ser inteligente, bello o tener tal o cual cualidad de nacimiento, así como la posibilidad de tener estas o aquellas oportunidades, no son del mérito de la persona. El señor Botín hereda un Banco y en ello carece de mérito alguno, teniendo, por ello, unas oportunidades mejores que el resto de los mortales sin haberlo merecido. Con esto no estoy valorando la calidad moral de este señor, por lo que ya se va entiendo hasta qué punto el mérito va a ser algo bastante relativo. Y no es relativismo moral, sino a algo peor. Para juzgar el mérito de una persona, debemos establecer, previamente, dos cosas. La primera es la posibilidad de poder anticipar lo que va a realizar para poder juzgar si ha tenido éxito o fracaso. Conocer su nivel de sacrificio, concentración y entrega. Pero puede resultar que no logre lo que esperamos, que le lleve al fracaso. Por lo tanto, juzgamos por sólo lo que se tiene de fama de anegado, sacrificado, ojeroso y esos tics tan preciados de los meritocracias. Esas caras de preocupación, los gritos y la autoridad del macho alfa de la manada, las jornadas interminables. No hay que medir los resultados, sino el sacrificio y la entrega. Bienvenida moral de clase media de provincias.
Además, en segundo lugar, esto es enemigo de la libertad en sentido puro y duro. Nadie es capaz de juzgar el mérito de otro, sea como sea el resultado. Nadie es capaz de establecer un sistema de valoración de méritos. Esto es así, por un lado, porque, gracias a Dios, es tal el conocimiento que existe en nuestra civilización occidental y de forma tan dispersa, que la pretensión de ser acumulable por una élite o el sanedrín de un partido carece de todo fundamento. Pero es que, además, yo no voy a actuar por lo que consideren otros que es mérito. Me refiero a la consideración de hombre libre. Por su puesto, el “qué dirán” y los complejos del matriarcado del sur de Europa arropan cualquier pretensión gregaria. Pero eso no es lo propio de hombres libres. La sociedad guiada por el mérito necesita jueces de tal mérito, pretensión soberbia y muy conservadora. Mérito que, además, tendría que ser juzgado, no por el resultado, sino por el esfuerzo dado. Esto es, la definición de funcionario: cumple con los deberes de tal y reciben una recompensa. Al final, la única forma de hacer las cosas de forma que se mantenga una sociedad libre es juzgar por el valor dado por los demás a mis resultados, me haya costado más o menos llegar a ellos, sea cual sea mi cualidad moral, que la tendré pero que nadie es capaz de juzgar sino es por ser un psicópata.
No quiero explicar la calidad del mérito de ser vasco o catalán para ser más y mejor valorado. Ése es el colmo de la llegada del mérito a una administración. El nacimiento carece de cualquier mérito, es imposible elegir donde nacer y se convierte en mérito para acceder a bienes, sean los resultados que sean, con respecto a otros no nacidos en el mismo lugar.
O negar mérito alguno a raza o sexo, algo tan querido por los conservadores como por los de izquierdas.
Otras formas de organizar el mérito lo tiene un grupo sectario donde los méritos se basan en la adhesión y las pruebas de la misma, ofreciendo a cambio cualquier beneficio sea cual sea el resultado, manteniendo en ese beneficio a cualquiera, haga lo que haga, mientras pertenezca y defienda al grupo.
Y esto tiene relación con el estado actual de esa mezcla de moral borrega de clase media y la envidia del progre. El mobbing, una plaga, afecta a todas las personas que destacan por sus resultados por dos motivos. Lo hacen con menos esfuerzo o con gusto, y lo hacen por sí mismos, sin necesidad de jefes. Son amenazas para todos en horizontal y vertical. Los administradores de ese mobbing, en su mayoría, son la generación de Felipe González, siendo la que ha instalado la corrupción de una meritocracia que aún no hemos desmontado: la de la envidia. No sabremos hasta qué punto la derecha ha entronizado a estas personas en lo que el ABC llama constantemente razón de Estado y que ha significado todo lo malo vivido en la democracia. Aún hace poco, ese periódico pedía oxígeno para quien ha sido un ingeniero más que alcalde, quien cree que es su labor en potenciar el mérito de ser gay o lesbiana, como si eso fuera algo que interese a alguien con una vida algo ocupada.
El mérito y la envidia no son más que muros levantados por intereses creados. ¿Qué es lo único que puede medir la remuneración o reconocimiento? El valor para los semejantes, se haya realizado tras mucho o poco sacrificio, haya más o menos mérito, de lo que hago. En el fondo, quien realiza tareas exitosas sin tanto esfuerzo es lo que desencadena la envidia y, por tanto, el orden social totalitario. Quien gana la carrera en la Olimpiada puede ser o un padre de familia abnegado o un buscavida: es lo que desencadena la meritocracia de moralina de la derecha. Lo cierto es que, para ganar, hay que correr y hacerlo bien. Punto.
Algo parecido esta pasando en Harvard. El tener un gran grupo de gente bien preparada, por tener la oportunidad para ello, carece de mérito en muchas personas, pero tiene un gran valor para el conjunto de la sociedad. Si algunas de esas personas han tenido que realizar un trabajo en paralelo para llegar a la misma meta, puede tener más mérito, sin duda, pero por lo que se medirá a ambos, para remunerar su trabajo serán los resultados de ése trabajo. Además, han tenido que bajar las exigencias de esos créditos a quienes trabajan para pagarse los estudios. Harvard ha tenido que modificar sus políticas de matriculación, porque quienes no tenían el dinero suficiente se pasan toda su vida profesional devolviendo el crédito. Eso se debe al exceso de valoración en el mérito que posee una institución y los resultados obtenidos, en la oferta laboral, no siendo valorados de la misma forma por las empresas que contratan a sus alumnos.
El valor que los demás den a lo que hago es la mejor medida para ser justos en las recompensas. Por eso, no me llama la atención que ganen más los futbolistas que los jugadores de ajedrez. Ve más gente el fútbol, pero eso no significa un inmoralidad en mi sociedad, simplemente que ahora toca eso. ¿Tiene más mérito el jugador de ajedrez? Es probable, pero sus partidas tienen menos valor para más gente que el fútbol.
En el caso de los partidos conservadores, han resultado ser un espejo de lo peor del mérito. Sólo los que han arrojado su futuro a quienes tiene el “mérito” de ser funcionario, tienen algo que decir y hacer. El cursus honorum de los que se dicen conservadores o liberales en la derecha es la oposición a funcionario que hace feliz a toda madre y que da acceso a las mejores herederas de los valores de esa madre. Por eso, en el complejo de vivir en burbujas, la sociedad libre les da miedo, cualquier progre les roba la “lucha por las libertades”, cualquier moderno les hace ruborizarse ante el divorcio o el aborto, ante el matrimonio homosexual, etc, y siguen ahí, atrofiando la marcha de la libertad en su disputa con esos fantasmas de la izquierda.
Si es que la vida no cabe en los temas para la Notaría. Dicho lo cual, el gran temor conservador y progresista a las nuevas tecnologías no es más que esa lucha entre envidia, mérito y valor. La sociedad del conocimiento es un entorno más libre del que podamos suponer. La envidia sólo ha dado resultado en negativo, en la persecución de los mediocres a los más valorados y la descalificación por parte de los miserables de todo el entorno creado por las nuevas tecnologías. Por el lado del mérito, cualquier aplicación o tecnología que resuelva más y mejor las cosas hace desaparecer las miles de horas de la anterior y todo el mérito aportado. La grandeza de las nuevas tecnologías es que sólo sobreviven los que dan constantemente valor, no sólo mérito y ya me dirán de qué va a servir la envidia. Puede que algunas reacciones que hemos visto se deban a ella. Sobre todo, en lo referente a Microsoft. Como los dinosaurios, un cambio en dos variables y se terminó.
La Sociedad del Conocimiento es de tal orden en la libertad y en el valor, que es un ejemplo completamente virtual de lo que debería ser la sociedad real.
Nos queda la venganza. Los detentadores del poder en la vida real provocarán, con el incremento de la esperanza de vida, un tapón para que entremos los que estamos en la cuarentena. Los que vienen detrás de mí que espabilen, los Felipe González, esos que vivieron de huelga en huelga en la universidad, de libro inútil en inútil, los del amor libre, traerán inmigrantes cualificados para tener otros 20 años más el poder. La recesión sobre la cesta de la compra al lado de los beneficios de empresas y bancos no es un período de ajuste. Es la solidificación del superviviente que ha impuesto la valoración del mérito en la lucha democrática y que no va a dejar el despacho ni a tiros.
PD: Como siempre, en la tradición liberal se encuentran no pocas reflexiones sobre estos temas. Hayek ha sido, una vez más, quien ha puesto más empeño en dejar las cosas más abiertas al debate.

![El Fuet Diferencial [Fuet Diferencial]](/images/banners/bannerfuet.jpg)
![Los enigmas del 11M - Blog de Luis del Pino [Blog Luis del Pino]](/images/banners/LogoLuisDelPino.gif)
![Fundación Internacional O'Belén [O'Belen]](/images/banners/logoobelen.gif)
