El fuet diferencial El Aquelarre
Tras el fracaso de su última relación sentimental, Josep, aconsejado por su madre, decidió hacer otra incursión en el mundo esotérico.
- Fill meu, como no te refugies en la magia no te veo emancipado. Yo he rezado a todos los santos del cielo y no me oyen. Estás como la reina mora, que a veces canta y a veces llora.
- Creo que estás cargada de razón. Ha sido una pena que me haya quedado compuesto y sin novia por culpa de la hambruna de esa familia.
La madre le contestó con otro refrán. Josep, recuerda para otra vez, a la mujer y a la guitarra, hay que templarla para usarla. Temple, Josep, temple, buenas maneras y gallardía. Y la cabeza bien alta.
Así que me llamó y me pidió que le acompañase de carabina.
- Yo no voy a casa de Selenita. No creo en esas cosas pero la puntería del péndulo es dogma de fe. Aún recuerdo el siete que te hizo en la cabeza.
- Selenita por sí sola no tiene fuerza. Se trata de una jam session pero esotérica. Esta tarde nos esperan Selenita, Manolo el de la pluma y la Aceitera. Además el cónclave se hace en casa de la Aceitera.
- Eso es jugar con fuego, Josep, tanto mago suelto pueden acumular más energía de la aconsejable.
- Déjele usted- dijo el camarero- a ver si tenemos suerte y es abducido con espardeñas y todo. ¿Le sirvo un Terry ritualizado?
- No, bebido el vino, perdido el tino- contestó Josep utilizando el refranero como su madre. Voy protegido. Mi madre me ha dado un remedio que le ha comprado al profesor y vidente Mukema. Lo llevaré bajo la camisa como si fuese el micrófono que llevan los espías.
- Eso ya es multitud. ¿Quién es Mukema?
- Un negro de Ghana que ha montado una consulta en el barrio. La magia del negro contrarresta la del blanco. Recuerda, esta tarde a las cinco.
- ¿Y cuál es ese talismán que le ha endilgado el moreno, si puede saberse?-preguntó el camarero.
- Un tubérculo que tiene incrustado tres bolitas de alcanfor. Las tres verdades de la vida que dice el moreno.
Nos abrió la puerta la Aceitera. En lugar del turbante llevaba una peluca como Liz Taylor.
- ¿Y el turbante, señora?- le pregunté
- Lo he dejado como bayeta para el suelo porque ya no me alivia la migraña.
- Pues yo estaba convencido que esa especie de tarbuch que usted lucía como si fuese capitán de un Tabor de Regulares era parte de la magia. Que era un ofidio energético.
En una sala estaban esperándonos la brujita Selenita y Manolo el de la pluma. Selenita iba con un sari azul y un capirote adornado con motivos celestiales. Manolito iba la mar de elegante. Un traje príncipe de Gales con chaleco y todo.
- Estoy en sus manos- dijo Josep. Cuando ustedes quieran. Les pido por compasión que afinen su magia.
- Un momento- intervino Manolito- primero hay que aclarar quién comienza el rito. Yo me propongo como líder dada mi sabiduría y por respeto a la pluma del arcángel san Gabriel. Que sepan ustedes que no me ha tocado en una tómbola sino que me llegó de los cielos.
- No estoy de acuerdo- protestó la Aceitera- Si no abro la sesión me temo que Antoñito no se nos aparece porque de siempre ha sido muy susceptible. Mi deudo fue en vida muy competitivo. Y en el más allá le tira un pulso a Nostradamus. Y sin Antoñito no hay contacto con el más allá.
- Soy Selenita y tengo un marchamo acumulado a través de muchos años de videncia. Y lo voy a demostrar in situ. Sáquese la dichosa patata que le ha vendido Mukema del zulo de su camisa porque se puede formar un cortocircuito de cojones. No se meta en la magia negra que es fatal.
- El negro me ha aconsejado la patata para hacer fuerza- se excusó Josep sacando el tubérculo- El moreno está en posesión de las tres verdades.
- ¿Y cuáles son si puede saberse?- preguntó Manolito el de la pluma.
- A usted se lo va a decir para que le quite su poder. Como dice mi madre, a la Mancha manchego, que hay mucho vino, mucho pan y mucho tocino
- ¿No estará insinuando que las viandas manchegas encierran la verdad del cosmos? Pues dígale al negro de mi parte que al que buenos cojones tiene, lo mismo le da por lo que va como por lo que viene
- Propongo una solución- dije para abreviar- Que el orden se haga por antigüedad como los capitanes de los equipos de fútbol.
- La mayor soy yo-dijo la Aceitera, después viene la Selenita y por último Manolito.
- Pues no perdamos el tiempo y comience usted.
- ¡Vamos que nos vamos!
- Perdone doña Aceitunilla, creo que primero debe invocar al descansado de Antoñito- la interrumpió Josep- La última vez omitió usted la misma suerte y yo me juego mucho en el envite. Es como si fuese, para que Antoñito lo entienda, mi alternativa en esta plaza.
- No empieces, cielo.
- El caballero tiene razón- intervino Selenita- Aceitera de siempre recuerdo que primero le dabas una voz a tu difunto y después arreabas el ¡vamos que nos vamos! Si cada uno vamos a hacer de su capa un sayo el caballero no verá jamás la salida del túnel.
- Como queráis pero he creído conveniente darle un aire más fashion al rito. ¡Vamos que nos vamos! Antoñito, hijo, baja para abajo. Estamos reunidos para solucionar un problema grave. ¿Recuerdas al señor de las espardeñas? Pues ya lo tenemos aquí con las manos vacías.
- Doña Aceitera, usted no pone interés, debe hacer el brindis torero por El Viti Recuerde ¡Va por usted maestro!
La misma Aceitera contestó con voz cazallera.
- Pepi, hija obedece al señor o no terminamos nunca. Por cierto, ¿de que trabaja el cliente?
- Pertenezco con orgullo a la clase obrera. Esto parece un test.
- Yo hubiese apostado a que era usted pregonero de una película de Bardem por el calzado que calza.
Mientras Selenita comenzó a girar el péndulo sobre una diana de la casa de escopetas de aire comprimido Gamo de Eibar. Manolito el de la pluma se retiro a una esquina, se bajó los pantalones y se puso a observarse sus genitales la mar de absorto.
- ¿Ya estamos todos unidos en la luz que emanan los maestros -¿preguntó la Aceitera. Pues entonces, ¡vamos que nos vamos!
- Doña Selenita, tome usted las debidas precauciones que el péndulo es muy traidor. El que le vendió usted a mi madre estaba sin domesticar y me pegó un viaje que hasta me ha dejado una calva y todo. Parezco un tonsurado.
- No me interrumpa que se me baja la magia. La magia sube como la espuma de una cerveza y si un profano me viene a dar lecciones estamos perdidos. El péndulo si se le trata con delicadeza tiene mucha labia y contesta a todo.
- Señor Manolito- volvió a intervenir Josep,- no es por incordiar pero para mí que no se ha bajado usted suficientemente los pantalones porque desde aquí le veo el sleep de la casa Abanderado. Si la pluma no queda bien despejada usted no va a ver mi futuro. A usted lo ilumina la santa pluma así que haga el favor de exponerla a los ojos de Antoñito.
- Usted no me tiene que enseñar a qué altura debo otear mis atributos. La balconada que he abierto ya es suficiente para que la pluma aviste el futuro. Lo que no estoy dispuesto es que me agarre frío y me prive de mi sostén y el de mi familia.
- Lo más fácil hubiese sido aportar una jarra de su agua mágica y rociarnos a todos con un spray.
- Concentración, por favor, esto es un caos- pidió la Aceitera. ¡Vamos que nos vamos! Antoñito, hijo, dime algo que no te hallo.
- Pepi, cariño, con el revuelo que está montado el de las espardeñas ando confundido.
- Antoñito, usted no quiere colaborar. La Aceitosa ha hecho el brindis de rigor por don Santiago Martín, ha gritado el alirón ¿qué más quiere? Si es menester hacemos el paseíllo toda la cuadrilla. Yo me ofrezco de alguacilillo ¡Vamos que nos vamos!-gritó Josep a pleno pulmón.
- Así no hay forma- protestó Selenita deteniendo el péndulo- usted es un esquirol de lo paranormal. Me he abierto la muñeca dándole al manubrio y no presiento nada. Y eso que he procurado llevar el péndulo al trote.
- Yo tampoco saco nada en claro. Veo un nubarrón como cuando me piden un banco de calamares. La misma tinta negra. ¿Por qué no bajan a tomarse un café y nos dejan deliberar a solas.
- Póngase en pelotas, por Dios- le rogó Josep- que estamos en confianza. Total, si le he visto el culo más de diez veces en su consulta.
- Salgan, hermanos, salgan y dejen a los profesionales trabajar en paz- nos dijo la Aceitera empujándonos hacia la calle.
Regresamos a la cafetería y Josep llamó al camarero.
-¡Vamos que nos vamos! Sírveme un Terry doble.
Un negro se acercó a nuestra mesa y se sentó junto a nosotros.
- Company, te presento al profesor y vidente el señor Mukema, el de la patata.
- ¿Cómo le ha ido con el talismán?
- La señora Selenita ha descubierto el boniato a las primeras de cambio. Señor Mukema creo que su magia hace efecto en el tercer mundo pero en el primer mundo parece que no acierta. La globalización todavía no ha llegado al mundo esotérico.
- ¿Y que ha sido del protector?- preguntó Mukema nervioso.
- La Aceitera se quiere hacer un puré para cenar. Ya ve usted el respeto que le tienen. ¿Por qué lo quiere recuperar con tanta ansia?
- La batata africana es difícil de conseguir y me ha dejado usted sin mi arma más letal. Es un ariete imprescindible para que las tres verdades se pongan en marcha.
- Eso me recuerda la triple corona del fútbol ¿Puedo saber los nombres que encierran las canicas mágicas?- intervino el camarero.
- Están en lo más profundo de su ánima. Si no lo sabe leer usted no tiene el don. Y si no tiene el don yo tengo prohibido irme de la lengua.
A la hora convenida regresamos a casa de la Aceitera.
- ¡Vamos que nos vamos!- exclamó alegre Josep- ¿Hay buenas noticias?
- Negativo, cariño. Hasta nos hemos intercambiados los papeles. Yo me he calado el capirote de la Selenita y ella se ha puesto mi peluca. Manolito nos ha abanicado con su sagrada pluma y no ha habido manifestaciones. Y Antoñito no ha dicho esta boca es mía. Tres puntales de la magia impotentes, hijo de mi alma. Creo que no hay esperanzas. Lo siento, amor.
- Ahora lo veo claro-contestó Josep eufórico. A ustedes se les han cerrado las puertas por Mukema. Ha sido la milagrosa patata del negro. Mire Aceitunita, les agradezco los esfuerzos pero el futuro está en Mukame. Devuélvame la mágica patata que tiene un don. La sagrada pluma de Manolito está obsoleta.
- No sea blasfemo que mi pluma me llegó del mismo Paraíso.
- Ya no creo en su pluma. Y usted doña Selenita, donde las dan las toman, beba de su misma medicina, métase el péndulo en el culo
- Semejante arte tan sólo lo domina usted.
- ¿Y a mí no me guarda usted rencor?-preguntó la Aceitera
- Usted doña Aceitóloga ya tiene bastante pena con su alopecia. Ustedes forman el trío de la bencina de la magia.
- Al menos deja la voluntad en el platillo para cubrir gastos.
- Como dice mi madre, con el bolsillo ajeno, todo el mundo es limosnero.
En ese instante vi claro que la adicción de Josep al mundo de la magia no había finalizado.
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