Alégrense, llegan las navidades, los niños no pobres son felices y los dueños de los grandes almacenes, más. Se habrán percatado de que mi nivel en sangre de espíritu navideño está por los suelos. Lo que más rabia me da no es toda la parafernalia insufrible que acompaña a estas fiestas, ni que personas con las que ni siquiera he hecho el amor se atrevan a sonreírme bobaliconamente y diciendo eso de “por si no nos vemos —ojalá— feliz Navidad y próspero blablabla”, no, no se trata de eso. Lo cierto es que lo que realmente me molesta es que toca artículo navideño y es uno de los temas que más odio, sin embargo, ahí está y no puedo obviarla hasta que lo haga todo el mundo. Por este motivo les ruego que en años venideros NO celebren la Navidad.
Dicho esto vamos a enumerar, me encanta enumerar, los motivos por los que este año las fiestas de rigor NO deberían celebrarse.
- Los precios del pan, la leche, los huevos, el whisky, el tabaco y otros artículos de primera necesidad suben en poco tiempo lo que antes subían en mucho y los sueldos se mantienen en el ranking europeo a niveles paupérrimos.
- Las soluciones aportadas por el Gobierno a la situación anterior como comprar conejo y cambiar el cava por gaseosa durante estas señaladas fechas son indicativos claros de que quien disponga de un barco pronto lo necesitará para huir a Panamá antes de que el país se hunda físicamente en el océano.
- A no tardar mucho necesitaremos para subsistir —tal como van las cosas— ese dinero gastado absurdamente en quedar bien con gente que, aunque sea de la familia, es tan insoportable para nosotros como nosotros para ellos.
- Se desconoce si realmente se celebra algo o si durante unos días hacemos lo que se supone que debemos hacer impulsados por un chip que el Gobierno implantó en nuestras cabezas al nacer para potenciar las ansias consumistas.
- Los regalos nunca están comprados con la intención de que gusten a la víctima de los mismos sino que se busca quedar bien gastando poco. La consecuencia directa de esto es que ya no hay más sitio en nuestros trasteros y armarios para colonias de baja estofa, pañuelos horteras, calzoncillos musicales —siempre hay alguien que cree que veinte años después de su invención siguen teniendo gracia—, zapatillas con “borreguito” por dentro y esos kits de supervivencia que incluyen: colonia, set de manicura, cinturón o guantes y cuchillo de combate.
Queridos lectores, permítanme que, desde estas líneas, les desee que este año no se repita y que el que viene podamos seguir comprando conejo. A pesar de todo esto:
FELIZ NAVIDAD A TODOS.

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