Nos hemos ido tan lejos de la realidad actual de las Nuevas Tecnologías que volver se va a hacer algo más largo de lo esperado. Creo que va siendo hora de que este Planeta Virtual vuelva a serlo. No es que estén pasando cosas extraordinarias, pero sí que el mundo cambia muy deprisa y cada vez es más profunda la brecha entre las sociedades más abiertas y las que son más cerradas.
La apelación de que hay dos mundos, el de los creyentes, que aceptan la Esperanza cierta de la otra vida y los que no tienen ese tipo de creencias, nos devuelve a la discusión, más radical que nunca, sobre la realidad virtual y la real.
La Encíclica del Papa no es para todos, cierto. Va dirigida a todos los hijos de la Iglesia Católica. Sólo ha ellos. Puede leerla cualquiera que sepa eso mismo, leer. Y algunas lecturas hechas por quienes no son católicos han destacado eso mismo: hay que tener fe para poder creer. Hay dos motivos para sea cerrazón previa. Dios, si es bueno y Padre misericordioso, no puede permitir el espectáculo del mal en el Mundo. Ante ello, y no es poco, se opone el misterio de la libertad humana hasta el límite de poder negar, el hombre, cualquier bondad en su corazón. Ese respeto divino pospone todo a un Juicio Final aunque en cierto sentido ya asistimos a buena parte de ese Juicio.
La segunda objeción es la pretenciosa y siempre injusta manera de juzgar a la Iglesia como una organización anestesiada sobre las necesidades presentes por la promesa de un más allá. Se pone como ejemplo la imposibilidad de la Iglesia de liderar todos los procesos de liberación que se han dado, como fuente de incoherencia con el mensaje y vida de Jesucristo.
El Pala afronta ambas consideraciones sin entrar en discusiones. Sea como fuere el proceso de liberación del que se hable, gracias a Dios, no toda la Iglesia lo ha liderado aunque muchos de sus miembros, entre el complejo de inferioridad y una infinita soberbia, se han adherido a todo movimiento aberrante que en ese orden se ha dado. Desde los tradicionalistas hasta los comprometidos en medio de las selvas del Tercer Mundo, han intentado apropiarse del mensaje católico para sus fines siempre políticos.
En Europa, aunque sólo sea desde la virtualización de esas mismas ideas, se han escrito y dicho, se han apoyado y se han financiado, no pocas de esas corrientes a la espera de que, a finales del siglo XX, en un genero de la especie de la Guerra Fría, se impusiera en la Iglesia y sus barriadas ideológicas, un sentido de la fe u otro.
El Papa, que aún tiene que hablar de más elementos de la fe, se ha detenido en dos líneas. La imposibilidad de poner la esperanza en la salivación del hombre por el hombre y, sobre todo, en que la verdadera cuestión es ¿cuánto mal estamos dispuestos a admitir para que el libre desarrollo de las personas no se vea frustrado? ¿Cómo definimos la bondad de una sociedad?
El Papa hace una petición de principio. El hombre es libre por definición, expresa una novedad en cada individuo. Eso no significa que sea, por ello, siendo libre, ni mejor o peor, que no pueda tomar decisiones equivocadas o que sea costosa esa libertad, responsabilidad. De hecho eso es lo que hemos hipotecado al mito del progreso. Todo accidente o todo error, sólo es aparente o momentáneo, hasta que la ciencia descubra la forma de “liberar” al hombre.
Y no es más que el relato del punto de llegada. Hemos pasado por la euforia, aún defendida, de que hay socialismo versión 1, 2, 3 y 2.0. China y Venezuela lideran el socialismo del siglo XXI. Hemos sufrido la “insoportable levedad del ser” por quedarnos sin los bloques de la Guerra Fría, buscando la identidad perdida tras alquilarla a las ideologías. Ahora vivimos en la educación para la incertidumbre. Esa que permite vivir con cierto optimismo por librarnos de los fantasmas del pasado más reciente pero que nos deja ver ciertas amenazas sobre nuestra forma de vida. Amenazas internas a nuestra sociedad como externas. La barbarie puede adueñarse de una cultura en plena decadencia. En Debate21 asistimos a todo ello con el rigor de la actualidad pero con la conciencia de participar en la regeneración de las ideas y las personas.
¿Qué podemos decir del futuro? No basta con quejarse, con sacar todos los defectos y fallos, crímenes y holocaustos como el aborto. No basta. Hemos decir que pretendemos, cual es el origen, el fundamento de lo que proponemos. Si recorremos todo el arco de posiciones políticas en España, por ejemplo, tanto los tradicionalistas como los socialistas aberchales viven en la perenne critica ácida a la sociedad tal y como la conocemos. Crítica que habla de fantasmas del pasado y que pululan por sus mentes para clasificar al resto de los mortales. No basta con saber lo que pasa. Hay que destapar lo que se piensa. Es momento de saber quien vende falsas esperanzas, quien esta creando una situación generando sospechas constantes sobre la realidad y el pasado de nuestra cultura. Esa cultura de la sospecha de intereses ocultos que mueven las entrañas de nuestra sociedad. Tienen que desvelarse que alimenta esa sospecha. Ya no vale ninguna ingeniería social del siglo XX que quiera llegar o al corazón de cada institución o que quiera sustituirla por otras que han fracasado en cada ocasión histórica en la que han tenido oportunidad de hacerse con el poder. Entramos pues en la era de la definición del ser humano tras experiencias traumáticas que han de justificar tanto la humildad como el sentido común. Es hora de estar harto de las mismas canciones con distintos cantantes y toca reinventar la viveza de lo que si ha funcionado. Frente a la pereza ante la abstracción de los conservadores, verdaderos cómplices del socialismo, y los progres de la nada, toca estar orgullosos, de una vez por todas, de la fidelidad de muchos y del martirio de muchos más, por creer en positivo en algo y, por ello, haber sufrido la persecución y la muerte por quienes han sustituido a Dios. Son días de inventario, a pesar de las resistencias, días para construir y llenar el espacio que otros llenan con su odio y el desprecio a la inteligencia y al querer de todos. El siguiente paso, pues, será hablar del hombre conocido, ese que es el protagonista del ayer y del hoy.
Eso será para dar razón de la Esperanza. Poner de nuevo a la libertad en el origen de nuestro ser. Dejar el punto de llegada y salir hacía una meta. ¿Alguien persigue la victoria final y definitiva? Si. Hace bien. Pero en el Cielo. Aquí, en la Tierra, que no nos vendan milongas. Hay demasiados muertos sobre la mesa y a ellos me debo.

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