Si hacemos caso a Greenpeace, está claro que sí. En El Mundo son más radicales, y directamente pintan a un planeta entero achicharrado.

En realidad, nadie puede asegurar que sabe cómo se comportarán los ecosistemas en el caso de un aumento de las temperaturas. Predecir el futuro de un sistema complejo alejado del equilibrio no es ciencia, sino adivinación. No se puede hacer de manera fiable, por muchos ordenadores y muchos modelos que se tengan.

Lo que sí podemos saber es qué sucedió en el pasado, cuando los niveles de CO2 eran muy superiores a los de ahora. Podemos saberlo porque hay registros fósiles de plantas y animales, y la paleontología puede ayudarnos a conocer en qué medio vivían aquellos seres.

Y lo que sabemos es que las épocas de gran concentración de CO2 y más temperatura no coinciden con climas desérticos, sino con el desarrollo de una vegetación exuberante. Y es que el desierto no tiene nada que ver con el calor, sino con la falta de agua. A las plantas el calor y el CO2 les sientan fenomenal. Por eso se han inventado los invernaderos.

Por tanto, lo único que podemos decir (que tenga alguna base científica) con respecto al calentamiento global y la desertización es que, si nos basamos en la experiencia, un aumento del CO2 y la temperatura no produciría desertización, sino todo lo contrario.