Esta nueva libertad, la conciencia de la nueva « sustancia » que se nos ha dado, se ha puesto de manifiesto no sólo en el martirio, en el cual las personas se han opuesto a la prepotencia de la ideología y de sus órganos políticos, renovando el mundo con su muerte. También se ha manifestado sobre todo en las grandes renuncias, desde los monjes de la antigüedad hasta Francisco de Asís, y a las personas de nuestro tiempo que, en los Institutos y Movimientos religiosos modernos, han dejado todo por amor de Cristo para llevar a los hombres la fe y el amor de Cristo, para ayudar a las personas que sufren en el cuerpo y en el alma. Del Sumo Pontífice Benedicto XVI a los obispos a los presbíteros y diáconos a las personas consagradas y a todos los fieles laicos sobre la esperanza cristiana.

No sé cómo interpretar lo ocurrido. Algunos temas de los que quiero dejar sentados para poder hablar de las Nuevas Tecnologías han aparecido en mis artículos de forma a veces demasiado personal. Otras veces los he esbozado con más torpeza que acierto. Siempre desde el sufrimiento de tener que escribir dada mi poca preparación para ello.

Para mi asombro, el Papa acaba de publicar Spe Salvi. En ella, recorre los fundamentos de la Esperanza católica, virtud teologal, así como el robo de la misma por una parte del pensamiento moderno. Desde los griegos hasta nuestros días, recorre lo más esencial de la Tradición católica y la actualidad de la misma.

Les conmino encarecidamente a realizar una lectura amable de esta encíclica. Aparecen de forma inmejorable algunas ideas que me rondan por la cabeza desde hace muchos años, demasiados si no viviera de la Esperanza.

En concreto, verán mi insistencia en el combate entre las esperanzas puestas en un mundo mejor, la redención del hombre por el hombre. Aceptar que el mal estará presente en el Mundo hasta el día del Juicio Final y que nuestra obligación es tenerlo en cuenta para no caer en las tentaciones del cretino de turno, que lo sabe todo sobre cómo hacerme feliz a mí y a todos los demás, pero, en el futuro, donde nadie podrá juzgarle.

Pero he de callarme y dejar que mediten las palabras del Papa. Como nos dijo Juan Pablo II, Dios es rico en misericordia y nos ha regalado dos santos seguidos en el papado. Laus Deo.

PS: Si alguien cree que pertenezco a alguna organización más concreta dentro de la Iglesia Católica, se equivoca, gracias a Dios.