Me temo que he de decirles lo que ya saben: los matones de ETA son unos repugnantes cobardes. Han asesinado al Guardia Civil Raúl Centero Payón y herido de extrema gravedad a su compañero Fernando Trapero Blázquez en el momento en que estos se disponían a entrar a su vehículo.

Este triste desenlace nos recuerda lo que el tiempo parecía haber hecho olvidar a algunos: al pensar en ETA no debe venirnos a la mente otra imagen que la de una caterva de mafiosos que matan por dinero. No es momento, sin embargo, de pelearnos entre nosotros, los demócratas, sino de unir nuestras fuerzas contra el terror.

Es costoso superar los complejos que, como sociedad nacida del rencor y la miseria, arrastramos con nosotros a modo de pesado lastre que nos impide avanzar hacia un país carente de prejuicios antediluvianos y unido contra los terroristas para bien de nuestra ciudadanía. Con esto quiero decir que es hora de que dejemos atrás los comportamientos infantiles que vienen dándose en política desde hace demasiado tiempo y formemos un frente común contra ETA.

Hay varias formas de acabar con ETA. La primera, la fundamental y más efectiva es destruir el cuerno de la abundancia que representa el PNV para los terroristas gracias a la absoluta impunidad con que se conceden subvenciones públicas e incluso se permite que distribuyan su ponzoñoso material didáctico dentro del sistema educativo a formaciones anejas a ETA. Deben rodar cabezas por esto, pues las balas bajo las que cayeron los dos jóvenes Guardias Civiles en Francia, las pagaron, entre otros, los impuestos de todos los vascos.


Dos familias más destrozadas, una vida segada y otra con un incierto y nada prometedor futuro. Es tiempo de plantearse las cosas de nuevo, de empezar de cero y volver al camino correcto en la lucha antiterrorista. Aunque para las víctimas será tarde. Hay unas verdaderas alimañas que llevan llenándose los bolsillos desde los años sesenta a costa de alimentar el terror de los ciudadanos. Demasiado tiempo, tanto que nos hemos acostumbrado a lo inaceptable. De no darnos prisa este mal se convertirá en crónico si es que no lo ha hecho ya. Recuerden que sólo son vulgares asesinos y como tales han de ser tratados.

Dedico este artículo a Raúl Centero Payón y a Fernando Trapero Blázquez así como a sus familias. Deseo expresar a familiares y allegados del agente Payón mi más sentido pésame y a ambas familias la profunda repulsa que siento por los autores de este atentado.