El primer pensamiento que me ha venido a la mente al enterarme del atentado de ETA contra dos guardias civiles, uno de los cuales ha fallecido y el otro está en estado crítico a la hora de redactar este artículo, ha sido el de no escribir sobre otra cosa que sobre la maldad intrínseca de ETA y de sus acciones y sobre la necesidad de alcanzar de nuevo una unidad de todas las fuerzas políticas contra esta banda mafiosa.

A lo largo de la mañana las posiciones de las diferentes partes del entramado político me han vuelto a poner de muy mala leche.

He empezado con muy mal genio al oír una declaración de Llamazares, que se encontraba en un encuentro de Izquierda Unida en Bilbao, que, con esas palabras rutinarias y vacías de sentido, por ser baldías e inanes, del repudio a la violencia, como si ésta fuera inevitable y mal menor, decía que el lugar de los hechos era “Iparralde”, que como todo el mundo conoce significa literalmente “el lugar del norte”. Evidentemente el señor Llamazares que hace suyo el lenguaje nacionalista llama “norte” al norte de Euskal Herria, al igual que los que aún creemos en España, como realidad histórica y como Nación cuyas raíces se remontan a la Hispania romana y visigótica, llamamos “norte” a la cornisa cantábrica. Lo que el Presidente de IU llama Iparralde es el sur de Francia y representa un insulto a las víctimas, una de las cuales ha dado la vida por España. Llamazares, al tiempo, hacía un llamamiento al diálogo –con ETA y de ETA- dando más pábulo a los que han apretado el gatillo. Esto lo ha dicho como si nada, al poco más de una hora del criminal atentado contra dos protectores de los españoles: los dos guardias, uno de ellos asesinado.

Después me he enterado que ERC no va a enviar un representante a la cita convocada en el Congreso de Diputados para dar una respuesta unitaria. Y también, si no he escuchado mal, he oído en la radio que CIU va a hacerse presente con un representante de segunda fila. Más cabreo.

He escuchado a la portavoz del Gobierno Vasco que ha pronunciado una repulsa correcta, de las que tienen preparadas en su libro de estilo. Pero, da la casualidad de que el PNV, en los momentos de los luctuosos hechos, celebraba una Asamblea en la que, según Europa Press ha acordado “por unanimidad la ponencia política del partido que plantea lograr un pacto sobre el derecho a decidir entre las formaciones políticas, por un lado, y entre las instituciones vascas y el Estado por otra. Además, defiende la celebración de una consulta popular en el caso de se produzca un bloqueo insalvable.” Lo que es lo mismo, en el fondo, que lo que predica ETA como condición de su diálogo. Eso sucedía al mismo tiempo del atentado.

Es evidente que es preciso, más bien urgente, un pacto de Estado, sobre todo entre los dos partidos mayoritarios en España: el Partido Popular y el Partido Socialista. Pero, para hacer honor a los dos guardias civiles, víctimas del atentado, y a los que hasta ahora han sido objeto de la barbarie nacional-socialista de ETA, de sus balas y de sus bombas, habrá que hacerlo sobre la base de los principios de legitimidad y legalidad que son los que guían el proceder de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado que arriesgan sus vidas en el servicio público para protegernos a todos los españoles. No valen otros criterios que éstos, pues cualquier otra posición es radicalmente antidemocrática y prevaricadora.

Por eso los llamamientos a la unanimidad en la respuesta a ETA sólo caben bajo los planteamientos del Partido Popular y de los de quienes sin pertenecer a ese Partido estamos en la misma tesitura: es decir reproduciendo el Pacto Antiterrorista y la lucha abierta contra ETA, sin ofrecer fisuras que postulen diálogo alguno con quienes chantajean a todos los españoles, sus instituciones y representantes públicos.

Mi admiración y solidaridad a la Guardia Civil que tanto ha hecho hasta ahora para protegernos a los vascos de bien que queremos convivir en paz con la prevalencia de la ley. Y, por supuesto, mis condolencias.