Quizá conozcan a un tal Rafael Torres, habitual opinador en tertulias y saraos varios. Es animal de sangre caliente, o sea, discutidor de la raza de los alterados. Por supuestísimo, es también de la familia de los incapaces de sorprender: se puede escribir por adelantado su opinión sobre cualquier cosa. En fin, en su derecho está de comprender el mundo como una película de malos y buenos. Ya se imaginará amigo lector a quién tiene el señor Torres por buenos y a quién por malos, militando con el ciego entusiasmo con que lo hace nuestro buen amigo en la escuadra progresista.

Sí, la Iglesia es de los malos. Ay, podría escribir con los ojos cerrados qué diría este entusiasta progre en estos momentos: no considero mala a la Iglesia per se, conozco a muchos católicos que me merecen todo el respeto, defiendo el derecho de cualquiera a pensar como le de la gana, no tengo nada en contra de los cristianos de base, etcétera y etcétera y etcétera y...No, Torres, Rafa, se opone a las jerarquías, ya saben, a los hipócritas mandamases vaticanofachas. Es del tipo requeteprevisible como puede serlo cualquier pensamiento que circule por los raíles de la consigna. Son librepensadores con libertad condicional y pensamiento condicionado.

¿A qué viene todo esto?Se celebró hace un par de noches un debate, en el horario popular habitual de los debates en la televisión nacional, en uno de esos programas tardíos o late shows, con la financiación de la Iglesia como tema central. Lo cogí empezado y sólo lo ví unos 20 minutos, lo cual fue suficiente. Me fui tras comprobar la frivolidad ignorante de esa progresía nacional que representan gentes como nuestro Rafael Torres (no confundir con la izquierda decente).

Los hechos: pretendía un razonable y tranquilo señor del Foro de la Familia intervenir en el debate en su turno de palabra, concedido por el moderador. Lo pretendía, por que Rafa no le dejaba, en su estilo alterado habitual. El representante del Foro de la Familia habló de la Iglesia calificándola de "institución". Aquello debió accionar algún mecanismo de la histeria en nuestro protagonista ¡La Iglesia no es una institución!, exclamó. ¡No podéis acostumbraros a no poder poner y quitar Gobiernos! E insistía ¡No es institución!¡No es una institución!¡No tiene nada que ver con el Estado! Al principio el representante del Foro intentó corregir e ilustrar al ignorante, pero en vista de su estado de descontrol, lo único que pudo hacer fue apelar a la protección del moderador para poder emplear el turno de palabra que le había sido concedido.

¿!Qué se puede decir de alguien que se dedica a opinar en los medios de comunicación y desconoce qué significa una palabra, por lo demás tan usual, como "institución"?

Algunos dirán que exagero y que la cosa no pasa de anécdota, de errata. En mi opinión no es así. No es anécdota, sino expresión de categoría. Es el síntoma de una enfermedad social grave. La izquierda ha derivado hacia un producto lamentablemente inane y vacuo como es el progresismo. Un producto que es campo abonado para el más peligroso populismo antidemocrático pues ha abandonado toda pretensión de anclarse en la razón para colgarse de las vísceras sin el menor pudor. Para ello, naturalmente, no se necesita una vasta cultura. Basta con ser lo suficientemente basto para desconocer que institución es cosa instituída.