No hay cuestión que más me irrite que la utilización de la infancia con el objeto de formar el sustrato cultural propicio para la construcción nacional. Me parece algo tan sumamente inmoral que lo considero uno de los mayores delitos, aunque no esté en los códigos penales.

Una persona indefensa tiene más derechos que el que tiene recursos propios para hacerse hueco y sobrevivir mediante sus propios mecanismos de autonomía personal. Su futuro depende en gran parte del bagaje cultural, y sobre todo de la verdad de las cosas a la que tiene derecho sin que nadie le manipule esas realidades; para poder percibir con la mayor objetividad posible de donde viene y a donde va y su papel en el mundo que le rodea. Unos niños manipulados, con carencias cognitivas, son como seres amputados, arrancados en su trayectoria vital de su pasado, de sus raíces. Son como ramas taladas del tronco del árbol que hunde sus raíces en el sustrato orgánico depositado a lo largo de los siglos. Es una rama condenada a la no reproducción, a la infertilidad, al colapso en la transmisión genética del legado de la especie. Es un genocidio que no causa conmoción, pero que supone a todas luces un atropello imperdonable.

Hoy he leído en El Mundo una portada, extensamente desarrollada en páginas interiores cuyo título dice así: “Las editoriales manipulan los libros de texto a gusto de los nacionalistas”.

A medida que iba leyendo el reportaje, cuyo contenido me parece una aportación muy importante a la toma de conciencia colectiva respecto al problema ya enquistado del adoctrinamiento nacionalista, me iba poniendo de mal cuerpo, con un cabreo impresionante.

Pocas personas, y algunas aisladas organizaciones como la Asociación Gallega para la Libertad del Idioma, Convivencia Cívica Catalana, Asociación Cervantes, o la Asociación por la Tolerancia de Cataluña, y alguna más; y una Asociación que desapareció tras una agresión acompañada de amenazas del magma en el que se manifiesta el mundo nacionalista: la Asociación Veleia en Álava, venimos denunciando este hecho durante bastante tiempo. Casi son quince años los que han ido pasando en ese transcurso de la denuncia. Una denuncia siempre amortiguada por el silenciamiento al que nos ha sometido la mayoría de los medios de comunicación y la clase política. Durante todo ese tiempo en el que poníamos en negrita los abusos cometidos, de naturaleza manifiestamente inconstitucional, nadie nos ha hecho el más mínimo caso. Durante ese tiempo se han realizado múltiples actuaciones. Por ejemplo recuerdo una caravana a lo largo y ancho de España para defender la lengua común de todos los españoles y un bilingüismo racional donde se consideren a las lenguas instrumentos al servicio de las personas, no al revés; sin que se diera apenas información al respecto por los llamados medios de comunicación. Se han hecho manifestaciones intencionadamente silenciadas. Hasta una huelga de hambre. Sin contar con algún que otro libro como el mío: Educación y Nacionalismo, publicado por una humilde editorial absorbida a los tres meses de la edición por otra característicamente nacionalista. ¡Oh casualidad!

Pues ni los gobiernos del Partido Popular ni del Partido Socialista han movido un dedo. Al contrario. Hoy estamos en una realidad tan sangrante, tan evidente, tan escandalosa, que a un periódico como El Mundo no se le pasa desapercibida.

Tampoco hoy se le pasa desapercibida esa realidad apabullante al Partido Popular, cuyo Presidente y candidato a la presidencia de la gobernación de España, ha prometido este fin de semana medidas para proteger la lengua común de todos los españoles, para frenar este desaguisado pues corregirlo ya es casi imposible, y proteger algún derecho reconocido en la esfera internacional y claramente conculcado de forma impune, inmune y flagrante en España, como es el derecho de los ciudadanos en minoría de edad a ser instruidos en la lengua materna. Pues bien, aunque tarde, la dicha es buena y mis felicitaciones, si bien el bichito ya tenga veintitantos años y se ha convertido en un monstruo al que ya no hay nadie que le pare los píes.

Sí señores. Aquí hay ya demasiados implicados en este desaguisado: editoriales, gobiernos, partidos, sindicatos, colectivos de gentes interesadas en este gran negocio y una multitud de intereses bastardos con la mira puesta en gente indefensa, en generaciones que desconocen la verdad histórica de su pasado y que han sido tamizados en la alienante y aberrante manipulación consciente y alevosa de gentes sin escrúpulos. Aquí hay muchas dejaciones de responsabilidad por parte de las sucesivas Direcciones Generales de Coordinación y Alta Inspección del Estado. Aquí ha pasado ya demasiado tiempo y el tema está podrido.

Que la Historia haga justicia y ponga a cada cual donde se merece.