El fuet diferencial EL MILAGRO DE FATIMA
Una tarde me encontré con Josep en el metro y me dio un efusivo abrazo nada más verme. Más fuerte que nunca.
- Te voy a dar una exclusiva. Tengo novia.
- Tenía que ocurrir, Josep. La conjunción de Manolito el de la pluma, Selenita y Pepi la Aceitera han creado tal suerte de sortilegio que han dado sus frutos.
- Eso y la de horas que me he pasado ejecutando el ooooomm budista. Decía mi madre que cuando sentía mis espeluznantes ooomms se ponía tapones en los oídos porque sentía desgarrarse sus entrañas de madre del sufrimiento. Le recordaba los aullidos de los lobos de su pueblo en las noches invernales.
- ¿Tanto sentimiento le ponías a los oms?
- Me aconsejó el gurú que si no los ejecutaba con poderío no tenían efecto.
La chica vivía en una población cercana y tan sólo se veían los fines de semana. Josep estaba eufórico. Despareció durante unos meses y apenas nos llamábamos por teléfono. Al cabo de seis meses me citó en la cafetería de costumbre.
- ¿Cómo vas con tu amiga?
- Nuestro romance ha muerto. No ha resistido el paso del tiempo y la rutina ha dejado la relación como un solar.
- No me lo creo- dijo el amigo camarero sirviendo la inefable copa de Terry –han sido tantos los embustes que aquí hay gato encerrado. Aparte, hace tiempo que se lo quería decir, a usted se le conoce en todo el barrio como el hombre de las mil caras por la cantidad de disfraces que gasta. Que es un secreto a voces que uniformó con piel de gato a la reata de enanos del Universus. Y que la equitación la elaboró su madre con una Singer.
- Que sabes tú del amor. La relación iba viento en popa pero como dice la más grande, se nos gastó el amor de tanto usarlo. Y con respecto a los enanos, no hubo gleba alguna, se alistaron voluntarios en la rapiña gatuna.
- Me gusta más cómo lo dicen la Bernarda y la Fernanda de Utrera-le dije para aliviar la tensión que las palabras del camarero habían creado.
- ¿En serio que habéis hecho tanto dispendio?
- Ha habido sus altos y bajos. Al principio a toda máquina. Me acercaba a su casa y allí, como son adictos a la tele, nos sentábamos los dos en un sofá flanqueados por la madre y la abuela.
- ¿Y la figura paterna?
- El padre desertaba del hogar familiar y se iba a jugar a la garrafina a un casino del que era socio. Los sábados por la mañana acudíamos un súper y hacíamos la compra semanal. Dos carros a rebosar. Y después a comer. Regreso y sesión de tele. Así durante semanas y semanas.
- Una vida plácida y hogareña.
Los problemas comenzaron una mañana que fuimos al súper. Ingenuo de mí, no sabía entonces que aquel negocio iba a ser mi tumba. Creyendo que la madre y la abuela estaban engolosinadas con una oferta de Pescanova, le di un beso en la cara a la niña tras una pila de cartones de tomate frito Solís con tan mala fortuna que nos pillaron. Apareció el careto de la madre detrás del tomate. Se tapó los ojos y lanzó un alarido estremecedor.
- Eso- me dijo- ha sido una puñalada trapera que nos has dado a toda la familia, Josep, hijo de mi alma. Con nocturnidad y alevosía. La palomita inocente ha caído en las garras del gavilán. Ahora me explico tu obstinación en no gastar tomate del Ejido. Querías ocultarte en la conserva para pisotear la inocencia de la niña.
- Ha sido un beso de hermano.
- Mira, antes ya he presenciado un rozamiento cuando mi niña iba a sacar la pizza de atún congelada del frigorífico. Pensando mal creo que ha alcanzado la categoría de tocamientos. Te he visto tan enloquecido que tu ola de pasión desbocada ha arrasado media estantería como un tsunami.
- Adelita, mujer, tan sólo le he ayudado a meter la ristra de pizzas en el carro porque me había dicho su niña que tenía la muñeca algo suelta y como ustedes están tan enganchados al plato típico italiano, su hija se veía impotente para manejar el pedido de pizzas
- Tu mano la ha rozado claramente a la altura de la etiqueta Lewis pero con un escorzo dibujando una diagonal. Eso no me lo negarás. El escorzo iba dirigido al culo. ¿O también vas a negar el traidor amago. Anda, nos vamos que la mañana ha quedado arruinada.
Al pasar por la caja la madre no hizo intención de pagar.
- Josep, hijo, como acto de contrición tira de Visa y paga la cuenta. Es lo menos que puedes hacer tras mancillar la honra de la niña y echar por tierra el crédito de esta honrada familia. A ver con que cara se presenta el pobre de mi marido a la partida de garrafina.
- Con la cabeza bien alta Adelita, porque el beso tras el sofrito Solís ha sido un quiero y no puedo. Más mano le metía Marcos a Heidi y era apto para menores.
Tras abonar dos carros de provisiones, dijo de comer fuera para seguir con la penitencia. La madre dio cuenta de un pollo en pepitoria con guarnición, dos chuletones y se pidió hasta langosta, centollo y ostras. La abuela, tras comerse tres platos de angula sin pestañear, se tragó docena y media de calçots, catorce montaditos y finalizó con una tanda de cinco flanes caseros y dos cremas catalanas.
- ¿Y no se empachó la anciana?
- La vieja parecía un extra del fim le grand boeuf. Iban la mar de preparadas. Cuando se embuchaba se aliviaba con sal de fruta ENO y seguía tragando. Hubo un momento que parecía un perro rabioso de la espuma efervescente que sacaba por la boca.
Así transcurrieron las semanas entre visitas al súper y a la restauración. Cada vez que me hacía el despistado la madre me acusaba casi de violación de la palomita.
- Entiéndelo Josep, es la única forma de que tus pecados sean perdonados. La niña tiene mala fama en el pueblo porque se rumorea que fue tuya tras la estantería del súper. Que aquello, te pongas como te pongas, estuvo muy feo. Me han dicho que el vigilante del centro se llevó la cinta de la cámara de vídeo en el que apareces cometiendo el atropello carnal y disfruta con la escenita más que con una cinta porno.
- Mire usted Adelita, no es por llevarle la contraria pero yo tenía una mano apoyada en la estantería del afamado sofrito y la otra aprisionando dos tiras de atún Calvo en aceite de oliva.
- Encima tiene la desvergüenza de describir los numeritos sexuales y hasta las posturas. El miedo que tengo es que el segurata venda la cinta en un rastro y mi niña termine siendo carne de sex shop. Mira, te voy a advertir una cosa. De siempre se ha dicho que el que rompe paga y se lleva los trastos.
- Tan sólo rasgué un cartón del dichoso sofrito porque el beso de germanor me calentó una mica. Poca cosa, la verdad, un tímido ramalazo que me recorrió la espina dorsal unos segundos. Pero me contuve por respeto.
- La niña dejó su flor en el súper y eso tiene cárcel. Por lo civil o por lo criminal.
Ese día, mientras daba cuenta de treinta alitas de pollo me dijo que no era suficiente con el impuesto revolucionario y que teníamos que ir a Fátima para la redención de los pecados y la vida perdurable.
- Josep, si crees que vas a comprar el silencio de la saga Barrufet a base de marisco, lechón y repostería de la casa, estás muy equivocado. Han existido abusos sexuales y esto no se soluciona untándonos con pienso- me advirtió rociando con alioli docena y media de costillitas de cordero ¿Es así o no abuela?
- Tú eres muy generosa Adelita, hija. Ha existido estupro. Josep esconde un proxeneta tras las espardeñas. Igual hasta hace de madame en una casa de tratos o de palanganero al menos. La estirpe Barrufet corre de boca en boca como la falsa moneda que de mano en mano va por la infamia del sátiro Josep- la apoyó la abuela guardando un montón de gambas al ajillo en un pañuelo para la merienda.
- Fuimos con mi coche por que el marido justificó su ausencia por un campeonato internacional de garrafina. Tres días duró el viaje. Hoteles, comidas pantagruélicas y tandas de flanes. La vieja, cuando le venía un apretón, tiraba de ENO y ya se tomaba los frascos a morro. La madre tras el centollo de marras se inyectaba el Almax a base de vinos de la Ribera del Duero. Para desayunar se pedían tostadas de palmo y miedo untadas con zurrapa de lomo.
Llegamos al santuario y la madre sacó una pelliza de su maleta y me la alargó.
- Parecerá más creíble la condonación de la deuda si te pones esta pelliza como si fuese uno de los pastorcillos que vio a la virgen. Te apoyas en el bastón de mi madre que te sirva de cayado y te cuelgas este bolso hipy de mi hija como zurrón.
- Adelita yo trago por regalarle el estómago pero de pastor no me disfrazo.
- Josep no te hagas de rogar, las espardeñas ya las llevas por lo tanto, considera que el resto es para hacer juego. Y cúbrete la cabeza con esta boina de mi marido.
- La boina parece un calco de la que lucía Joselito, el ruiseñor de las cumbres en Campanera Esto no va a resultar. De niño actué en Els Pastorets y me tiraron tomates.
- Confía en mí. Nosotras nos pondremos estos uniformes de la Sección Femenina que guardaba desde hace años y te servimos de consortes. Son para bailar verdiales.
Avanzamos entre la multitud y la gente se iba apartando. La madre encendió unos cuantos cirios y nos entregó uno. La vieja me dijo que le sujetase su velón porque se iba comiendo un bocadillo de tortilla de patatas con cebolla de tres pisos.
- Reza Josep que eso te aliviará el alma- me aconsejó mientras chupaba una pata de centollo- No es por gula, ¡pero que sabrosa que está, leche!
- Adelita, me siento como un preso que está en el corredor de la muerte siendo inocente.
- Al menos canta la Campanera para disimular.
Ay Campanera
Aunque la gente no quiera
Tú eres la mejor de las mujeres
Porque te hizo Dios mi compañera.
- ¡Ole!- le jaleó la vieja- oyendo la copla me sabe mejor el tortillón de patatas. Este hombre tiene ángel.
Lo que tuvo en cuenta la madre era el fervor que sentían los portugueses por su Virgen. Comenzaron a arremolinarse con actitud cada vez más amenazadora.
- Josep, de rodillas y con respeto o nos linchan los lusos.
- Sao un hereges.
- Herejes no, somos creyentes. Y me gusta el fado a rabiar- decía Josep angustiado- Escuchen:
Nao quero cantar amores
Amores sao pasos perdidos...
-¡A morte com eles!- gritaban los portugueses cada vez más irritados.
La situación se tornó insostenible ya que comenzaban a llovernos todo tipo de objetos.
- Haz algo Josep, que parecemos Guruceta en el Nou Camp
Fue cuando tuve la idea que nos salvó la vida. Levanté el cayado, señalé al solo y grité con tanta fuerza como pude.
- ¡Milagro! ¡El sol está girando hermanos!
Eso nos salvó el pellejo. La multitud comenzó a arrodillarse y pudimos escapar por piernas a bordo de mi coche.
- Tienes que dar la vuelta porque nos hemos dejado la neverita con todo el condumio.
- Y el bicarbonato- se quejaba la vieja- que me vienen los estertores de la muerte. Se conoce que la tortilla se ha hecho cuerpo en mi estómago y tengo unos retortijones que me matan.
- No corras tanto- decía la niña- que me entran náuseas .No quería decírtelo, pero estoy de tres faltas.
Seguí conduciendo sin hacerlas caso y las hice bajar en el primer pueblo que encontré con estación de tres.
- Al menos cómpranos unos bocatas para el viaje de regreso- me gritaba la madre desde el andén. Siete por cabeza y que te pongan pan de Viena.
- Y para mí un modesto pollo a l’ast-imploraba la vieja de rodillas, que la virgen no te va a perdonar la canallada que hiciste con mi nieta si nos dejas desmayadas. Con mucha salsa que seguro que te la dan seco como la mojama. La mojama, Dios mío, quien pillara un taco.
Josep, no pongas tierra por medio que aún no me he hecho la prueba de la rana y creo que traigo mellizos-decía la palomita entre sollozos.
-Ésa fue la última vez que las vi. |