Unidos hasta que la muerte los separe.
Esta frase define, bastante bien, la relación entre la banda asesina y fascista ETA y el Ejecutivo de Rodríguez.
Sin embargo, el problema aquí es que quien va a resultar fallecido, en este caso fallecida, es la nación española porque no van a dejar de incordiar (unos y otros) hasta que salte la cosa por algún sitio que no va ser, precisamente, nada agradable.
Parece, según un folio perdido en un momento muy oportuno para conocer su contenido, que hace unas semanas se han vuelto a repetir las negociaciones entre unos y otros (cada cual traidor a su forma) y que, como no podía ser de otra forma, los objetivos siguen siendo, básicamente, los mismos.
A la pregunta sobre qué es lo único, lo único, que quiere Rodríguez encontramos una respuesta bastante sencilla y simple: ganar las próximas elecciones generales de 2008. Seguramente debe soñar con eso y “como sea” ha de conseguir.
Como sabemos que en ese “como sea” entra, pues la expresión así lo encierra, cualquier cosa, sea ésta honrosa o deshonrosa, el caso es que Rodríguez, como dice la expresión, vuelve por donde solía.
¿Y eso por qué?
La verdad es que es el único tema por el que, él debe pensar, puede ganar los próximos comicios. La economía está empezando a torcerse, las relaciones internacionales son un auténtico desastre, las infraestructuras las tiene alvarizadas por la ministra Álvarez. Se mire por donde se mire no hay más que negritud y, francamente, no tiene más remedio que pegarse, como una lapa, a los miembros de la mafia etarra.
Entonces, podemos preguntarnos qué es lo que cada parte ofrece a la otra pues cuando se trata de negociaciones siempre es esperable ese do ut des (doy para que des) en el que se siente tan cómodo Rodríguez y extraña estrategia de la paz de los cementerios.
En primer lugar, no hay que ser demasiado avispado para saber que lo único que puede ofrecer ETA al Ejecutivo y a Rodríguez es una tregua (mala palabra pues aquí no hay conflicto ni guerra alguna) que sirva para convencer a los españoles de que estamos cerca de la paz definitiva. Entonces, seguramente, prometerán no matar o, más exactamente, no matar a quien no convenga, pues estas bestias pardas creen que tienen el derecho de decidir quién debe morir. Ese es el sentido que tienen de la existencia y de la dignidad de la persona: nulo y ninguno.
Además, también puede contener, ETA, a esos individuos, asilvestrados, que, de tanto en tanto, se dedican a quemar cajeros automáticos, a quemar autobuses y a perpetrar otras maldades de ese tipo porque ya sabemos que los jovenzuelos que hacen eso es que están haciendo oposiciones a entrar en la banda asesina y eso requiere presentar el mayor número de “méritos” posible.
Esto es lo que, malamente, puede ofrecer ETA a Rodríguez, a Patxi López o a quien sea que haya sido el individuo, animal o cosa que se haya sentado a la mesa a comer carroña.
¿Y Rodríguez?
Ante este ofrecimiento sincero de paz (como todos los hechos por los asesinos) de parte de sus amigos izquierdistas, marxistas, leninistas y demás istas, Rodríguez sólo puede ofrecer una cosa: la independencia de Vascongadas porque eso es lo que quieren los separatistas, tal es su naturaleza.
Y eso son palabras mayores, demasiado grandes para el estadista que oKupa
Ni a él ni a nadie que sea Presidente del Gobierno de España, ni al Parlamento, ni al Senado, ni al Tribunal Supremo, ni al Tribunal Constitucional ni a ningún tipo de organismo oficial le corresponde hacer, autorizar, permitir, ni siquiera plantear semejante cosa.
Esto ha de quedar lo suficientemente claro como para que nadie tenga la peregrina idea (típica de un ignorante redomado o de un simple traidor) de utilizar alguna argucia y engañar a los españoles con algún tipo de referéndum, consulta o lo que sea, con el fin de escamotear la legitimidad que le corresponde al pueblo español en este tipo de decisiones.
Es el pueblo el que tiene que decir eso. Pero no al pueblo “vasco” ni al pueblo “catalán” ni al pueblo “extremeño”. No. Cuando digo el pueblo me refiero al conjunto de personas que componemos España (más de 40.000.000 de personas) que somos las que damos forma a la nación española y somos las que nos constituimos en soberanos para decidir, por ejemplo, la separación de una parte de España.
Y esto porque cosas como ésas afectan al conjunto de España y no, como puede argumentarse, a la parte que pudiera resultar afectada y demandante de algún tipo de consulta; y esto porque es lo que manda el sentido común que, aquí tampoco, es el más común de los sentidos (en frase muy manida).
A la vez, ETA ha abierto un periodo en el que se va a discutir, dentro de su podrida organización, sobre futuras acciones o prórrogas de descanso de las armas. Y ya se sabe que, mientras de discute, no resulta fácil organizar muertes, matanzas o voladuras de algo. Un parón, quizá, estratégico, muy de acuerdo con los acuerdos que hayan podido tomar.
¿A que termina, ese espacio de tiempo, después de las elecciones generales, cuando, quizá, Rodríguez, haya vuelto a ganar?
¿Quién apuesta algo?

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