La historia del Partido Socialista en Álava se escribe con una única palabra: traición.

Traición a sus votantes.

Traición a sus ideas.

Traición a su patrimonio ideológico.

Traición a los alaveses.

Primero fue un apoyo ficticio al Partido Popular durante las dos legislaturas pasadas, forzada por la opinión pública de los ciudadanos constitucionalistas. Durante el tiempo que duró ese falso respaldo en las instituciones alavesas los socialistas, encabezados por don Txarli Prieto, no dudaron en segarle al Partido Popular la hierba bajo los píes, quitándole con una mano lo que le daba con la otra. Las zancadillas fueron constantes, hasta el punto de bloquear la acción de gobierno de los populares para que se quemaran en la encomienda de la gestión foral.

Ahora que la Constitución está muerta y los ciudadanos ocupados en los exabruptos del presidente de Venezuela y las desavenencias matrimoniales de los duques de Lugo, incluido el órgano que está encargado de velar por su salud y vigencia, al Partido Socialista no le faltan arrestos para engordar al nacionalismo en Álava pactando con el PNV los presupuestos de la Diputación alavesa, con lo que tendrá garantizada la mayoría en la Cámara foral.

Anteriormente a esta felonía don Txarli Prieto permitió que el PNV, que es la tercera fuerza política en Álava, gobernase la Diputación contraviniendo así la voluntad mayoritaria de los alaveses que han votado a fuerzas no nacionalistas. Y todo esto lo ha hecho cuando se está pergeñando por los nacionalistas un referéndum de autodeterminación, en plena vorágine de apretar las tuercas a los no nacionalistas para imponernos un nacionalismo obligatorio. Este nacionalismo se manifiesta, por ejemplo, en el ataque final a lo poco que queda por liquidar de un sistema educativo vasco no doctrinario y plural. Y también se manifiesta en el acoso lingüístico a la mayoría de la población alavesa que tiene como lengua de comunicación el castellano, impidiendo, por ejemplo, que los alumnos puedan escolarizarse en su lengua materna por voluntad de sus padres.

Se manifiesta también por la degradación del sistema sanitario vasco con una criba del personal sanitario que tiene que pasar por el cedazo del euskera, relegando a los mejores profesionales.

Se manifiesta por el ataque al medio ambiente, con una amenaza brutal a un entorno envidiable desde un punto de vista paisajístico y natural.

Y se manifiesta por el monotema del acoso nacionalista que tiene tantas caras como las vertientes en que se manifiesta la cotidianidad de los ciudadanos.

La historia del socialismo en Álava es muy triste. Es una constante traición a la idiosincrasia de Álava, a los votantes socialistas y a los alaveses en general.

Cuando yo abandoné el Partido Socialista lo tenía claro: no había solución, ni la hay. El Partido Socialista ha defraudado profundamente a los que creemos en la igualdad, en la libertad, en la democracia real y en la justicia social.