En los primeros años de mi matrimonio perdimos 3 hijos siempre alrededor del tercer mes. Pasamos de “lo que Dios quiera” a “¿qué quiere Dios?”. En medio de la búsqueda sobre la respuesta a la pregunta llegó Lucia. Mi mujer estuvo ocho meses de reposo total. Pensábamos que llegaría algo débil y con dificultades. Todo lo contrario. Nació con cesarea tan hermosa y sana como lo es ahora. A los dos años llegó Bruno, con los tres primeros meses del embarazo en reposo total para mi mujer. Nombre corto, contundente y claro, tal y como ha resultado ser. Hace unos meses, en febrero nació Jaime. En las ecografias se le veían a esté rasgos de “alteración cromosomica”. La lengua grande, corto de piernas, etc. No hemos hecho nunca la amiocentesis. El resultado de esa prueba esta dentro de “lo que Dios quiera”, por lo que es siempre redundante e innecesaria. Cuando nació Jaime el neonatólogo nos dijo que todo estaba perfecto. Creí que era perfecto en relación a las ecografias, esto es, con todas las alteraciones previstas. Le pregunte si había que tener cuidados especiales. Ante la cara del médico, me sentí un ignorante. “Tenía que haber mirado en Internet”, pense. Cuando nos preguntó si comía bien, mi mujer le dijo que sí. Ella es una forofa de la leche materna. Le pregunte directamente sobre el sindrome Down. El médico se echo a reír. Resulto que Jaime era el más sano, el que más media y el mejor proporcionado de los tres hijos. Le entrege los informes de las ecografías. Miro la firma y nos dijo que eramos la segunda pareja que llegaba con ese mismo informe. No les cuento las afirmaciones sobre la edad de mi mujer y mi estatura que oímos tras cada ecografía cada mes durante 6. Aún hoy creo que este señor tiene problemas en su matrimonio y no soportaba la idea de que mi mujer, que me dobla en belleza y presencia, se haya casado con un chaparrete como yo.
Ahora, desde hace unas semanas, estamos de nuevo embarazados. Sólo lo sabían 6 personas. Con nuestros antecedentes, hasta pasar el tercer mes no lo hacemos público. No es que haga ruedas de prensa pero casi. Pero las cosas se han precipitado desde el jueves pasado. Como en otras ocasiones mi mujer ha pasado al estado de reposo total. Me ha pillado, gracias a Dios, en el comienzo de un puente. El efecto sobre la intendencia ha sido el habitual pero multiplicando por tres la complejidad. Es admirable la capacidad de los niños para vivir las contradicciones de los padres: simplemente no las ven. Tengo experiencia en tareas del hogar en un grado que podemos considerar entre master y doctorado. Ser el mayor de 10 hermanos da ese toque especial de centrarse en lo esencial y dejar los temas de decoración de interiores para tiempos mejores. Gracias a Dios el reposo absoluto me permite cierto margen y evitar las revisiones, duras y enérgicas de mi mujer. Se limita a sospechar lo peor.
¿A qué viene este relato de mi vida personal? Primero para decir que no he echado en saco roto los comentarios de Nas, que he atendido los correos por su nivel de urgencia o necesidad y que mi vida virtual hja estado algo limitada. También para hacer de marco de referencia a un parrafo de Nas:
“¿Quieres más pistas? La productividad cae a plomo, el fracaso escolar es abrumador, las personas somos cada vez más irresponsables (incapaces de responder a nuestros compromisos), necios por doquier, doscientos millones de deprimidos diagnosticados, 11M y cambio de gobierno, nacionalismo, treinta y nueve millones de abortos al año, siete millones de familias rotas (worldclock, curioso cachivache), inmigración inadaptada, aumento de la población reclusa, burnout, latrocinio, demagogia, países gobernados por indigentes mentales... ¿Sigo?”
La pregunta, entonces, es ¿cómo nos atrevemos, mi mujer y yo, a traer al mundo al que sería nuestro 7 hijo? Son siete actos irresponsables, tres que han llegado a término y uno que esta en sus primeros meses. Y me he puesto a pensar en lo que nos dice Nas.
La productividad en España siempre ha sido una relación estable entre el exceso de horas, la chapuza de última hora y un jerarquía rigida e inestable. Que caiga más todavía me parece que se debe a que tiene malos métodos para su cuantificación. Es un milagro que haya productividad. Aquí nos tomamos las cosas con calma, sin prisas, a ritmo de las buenas digestiones, en plan tertulia y siesta. Así que sólo tenemos sucursales de empresas extranjeras. Las excepciones sólo confirman la regla y no espero nada de este país con respecto a liderar sector alguno. Pongo mucha esperanza en la liberación de las NNTT de todas esas personas que, ahorcadas y encerradas en estructuras enfermizas, puedan encontrar otra forma de realizarse. ¿Mis hijos serán productivos? Lo que intentare es que encuentren el camino para serlo en lo que deseen y sepan digerir, hasta donde puedan, la falta de la regla liberal sobre la calidad de los meritos. Meritos personales, no los de pertenencia a grupo, familia o secta, que doy por supuesto que serán inevitables durante ¿otros 20 siglos?
El fracaso escolar es el fracaso de todo un esquema de valores. Se ha pasado, en menos de 30 años, del autoritarismo al caos del todo vale. Esos movimientos pendulares tienen mucho que ver con la falta de posiciones claras. En el colegio de mis hijos, el fracaso no es la tónica general y, a pesar de ser concertado, esto es, de los secuestrados por la administración, la peor lacra que sufren, para colmo de males, es la estupida posición de los padres de muchos niños. Tenemos la aptitud de consumidores exigentes que no tenemos con el Corte Inglés pero si ante los profesores, profesión de altísimo riesgo.
Sobre los necios, decía un amigo, conocido, mejor dicho, que nace un imbécil al segundo. La existencia o no de necios no me hace a mi mejor persona. Tampoco sé muy bien sino soy uno de ellos. Lo que si es cierto es que forma parte del efecto rozamiento que tiene la existencia: están ahí y con ellos tenemos que avanzar, pese a que mi impaciencia se vea afectada por mi necedad y la de otros.
Sobre la depresión y otras enfermedades, tengo experiencia directa. He dedicado muchos años a tratar con marginados sociales. Muchos. Y con los voluntarios. Estos son los que provienen de decisiones personales de gran sacrificio y entrega, junto al efecto Lady Di. El médico de la princesa le aconsejo visitar a personas con verdaderos problemas para relativizar los suyos. En mi entorno han aparecido, por tanto, muchos ejemplos de varias enfermedades relacionadas con la personalidad y su formación. Tengo para mi que el fracaso esta en la mentira. Muchos grupos e ideologías han mentido. Han ofrecido una visión de la vida donde todo era realización personal y colectiva. Se han dejado atrás las leyes más elementales de la naturaleza humana. Han despreciado hasta la misma existencia de la ley de la gravedad. La mala noticia es que muchos de ellos lo han hecho en nombre de Dios y la vida no es un labor de ingeniería social. No se pueden crear ejércitos de salvación de
Los millones de abortos, es un signo manifiesto de esa gran mentira anterior. En el proceso de vivir la vida según qué valores, una vida humana puede estorbar y ser sacrificada por la felicidad de terceras personas. La muerte de esos inocentes tiene para mi el infinito consuelo de que hay otra vida. Consuelo que no evita vivir con el corazón roto. Tampoco Cristo ha dejado de tener heridas abiertas tras
El resto de datos que me ofreces, más o menos, están contestados.
La pregunta sigue en pie. ¿Cómo es posible que tengas hijos que, según las estadísticas, pueden formar parte de las situaciones que se mencionan? Mi crueldad no tiene límites, se supone. La misma que se le echa en cara a Dios, entiendo. Siendo un creyente, participo de una creación fracasada y no tengo reparos en confirmar esa crueldad trayendo más seres humanos a este calvario. Fundamentalista me llamarán, me temo.
Si fuera esa toda la realidad posible, esta claro que Lucia, Bruno, Jaime y quien venga, se juntarán un día para recriminarme el hecho de haberles traído a este escenario de guerra mundial a las puertas del Apocalipsis. Saldré bien parado. Los quiero con locura y se lo hago saber. Porque es cierto y para vivir tranquilo en la jubilación, sin duda.
Muy a pesar de los datos, hay un sin fin de oportunidades, como nunca en
A parte de mis creencias, aporto mi visión diferente a la conservadora. No lo digo con crítica o menosprecio. Ser liberal tiene más en común con los ciertos conservadores que con los progresistas de la nada. Compartimos con ellos esa visión negativa sobre la naturaleza humana. A diferencia de los conservadores creemos que un sistema moral y el Estado de Derecho somete a esa naturaleza, en las consecuencias de ese mal, a un estado de mínimos. Los conservadores en muchas de sus realizaciones políticas necesitan el control total y absoluto de cada persona. Hobbes lo relató mejor que nadie. Los liberales no confundimos las reglas de juego con los jugadores. No por mucho que legisle sobre el fútbol y enseñe sus reglas voy a conseguir hacer maradonas. No por mucho insistir en las reglas de juego y grabarlas a fuego, no voy a reconocer quien hará buen o mal uso de la libertad. El conocer las reglas, en muchos casos, no es más que la condición necesaria para violarlas. Entendemos, los liberales, que el control de los excesos de la maldad, supone la apertura de espacios para la libertad y que el control absoluto de las personas, lo que hemos tenido pruebas como nunca, para evitar el mal potencial, cierra los beneficios que otorga la libertad.
Cuando una sociedad se pierde en el relativismo moral, nace la intolerancia y la llegada del poder arbitrario.
Discutiendo con un miembro de una secta extraña, que me pedía tolerancia, le comente dos cosas. La primera sobre la desfachatez de pedir que les tolerásemos cuando ahora han perdido todo credito y presencia social. La segunda, es una reflexión imprescindible. Cuando todo vale, cualquier opinión, cuando se critica a quienes tienen claros los mínimos para las relaciones humanas, se deja la puerta abierta al poder arbitrario y corrupto. ¿qué opiniones se aceptan para poder elegir entre las alternativas? La fuerza física, la imposición por la fuerza. En eso conservadores impacientes, muchos de ellos con sospechosas intenciones, junto a todas las formas del socialismo, nos han ofrecido ejemplos que no queremos repetir. Como se han retroalimentado ambas posiciones para excursar la falta de libertad.
Se puede imponer la fuerza con la manipulación psicologica donde sectas e ideologías de todo tipo han encontrado, en el siglo XX, todo tipo de excusas.
La fuerza del “somos más” y esa es la esperanza de no pocos partidos y grupos. Imponerse sobre el resto porque “son más” en número o en votos. Todos estos grupos podrían ser controlados y administrados si se considera como bueno y acertado el Estado de Derecho, la separación de poderes y los mínimos principios de moralidad. El mundo no va a cambiar, la naturaleza humana es la que es. La gran diferencia de Occidente es que lo sabemos y la pena es que vivimos de espaldas a nuestras únicas y definitivas realizaciones. La discusión es como revitalizar esas pretensiones y, para mis hijos, como sortear la tentación de las millones de excusas que tendrán para echar la culpa a los demás y al como esta el mundo.

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