Me disponía a experimentar con los predicados verbales de la comunicación humana cuando la casualidad me llevó a echar mano de ELLE, una revista para adolescentes y jóvenes. Nada de repente, recordé la propuesta de Joan Valls acerca de cómo impulsar la evolución humana para ayudarnos a salir del atolladero en el que se encuentra, en España y en tantas otras partes del mundo. Lean, lean.

“Hace tiempo padezco una rara y oscura ‹‹atrofia sentimental››. Esa que parece afectar, al menos en apariencia, a muchos de los seres humanos que me rodean. Apenas siento, apenas me conmuevo. La sensación es terrible y puede llegar a permanecer, atormentándome de algún modo, semanas, meses alguna vez. Por fortuna o por desgracias, mi trabajo suele reparar tan involuntaria carencia de emociones. [...] Me pregunta, por ejemplo [el yo que llevo dentro] sobre el último macho enfurecido que la ha emprendido a machetazos así, sin más, con la que consideraba hembra de su propiedad.

[...] Cuando pienso en ellas, en esa legión de maltratadas, siento dicha por la mujer que duerme a mi lado [...] y me asusta pensar lo cerca que, tal vez, pudo estar de serlo alguna vez al lado de otro individuo.”


No podemos negar que el que ha escrito esto tiene dotes para la literatura, pero tampoco podemos pasar por alto la clave del pensamiento de este... hombre. Dicen que el lenguaje es una traducción del pensamiento y que ese mismo pensamiento es fruto de nuestra particular visión de La Realidad.

Puede asegurarse que el tipo de comunicación de esta persona es propio de un determinado grupo de personas; sí, sí, el que están pensando. ¿Por qué? No se fijen en lo que dice, que también tiene enjundia, sino en cómo lo dice. He recopilado sólo unos fragmentos por cuestión de espacio, porque el resto es similar y basta para comprender a este hombre y el prototipo que personifica. Observen ahora el mismo texto: 


“Hace tiempo padezco una rara y oscura ‹‹atrofia sentimental››. Esa que parece afectar, al menos en apariencia, a muchos de los seres humanos que me rodean. Apenas siento, apenas me conmuevo. La sensación es terrible y puede llegar a permanecer, atormentándome de algún modo, semanas, meses alguna vez. Por fortuna o por desgracia, mi trabajo suele reparar tan involuntaria carencia de emociones. [...] Me pregunta, por ejemplo [el yo que llevo dentro] sobre el último macho enfurecido que la ha emprendido a machetazos así, sin más, con la que consideraba hembra de su propiedad.

 

[...] Cuando pienso en ellas, en esa legión de maltratadas, siento dicha por la mujer que duerme a mi lado [...] y me asusta pensar lo cerca que, tal vez, pudo estar de serlo alguna vez al lado de otro individuo.”




Les he subrayado palabras enteras en algunos casos y sólo parte de otras. Las completamente subrayadas corresponden a lo afectivo-sensorial o somático, las otras a lo auditivo o visual. El abrumador predominio de lo somático sobre el resto de ámbitos define a su autor. Lo que se desprende de este somero análisis es que se trata de una persona básicamente somática, sensible al extremo, que se mueve por impulsos internos y de esos mismos impulsos toma la información para construir su idea de La Realidad, el resto de los “predicados” incrementan las sensaciones, como en el caso de “oscura”; en el resto, simplemente se miente a sí mismo, como cuando dice que “piensa en ellas” o que le “asusta pensar”, pues no piensa como sujeto agente ecuánime de su pensamiento, sino que por el contrario siente y son sus sensaciones las que se lo dictan.

Lo que no sabe este hombre es que las características de su pensamiento son precisamente las que propician ese tipo de atrocidades y otras peores. No sabe que piensa como piensan los animales irracionales, a base de sensaciones de placer y displacer como motores de su comportamiento.

Por eso está donde está, porque necesitan un adicto, porque no les interesa que una figura tan relevante piense, sólo que sienta que, gracias a él, hombres y mujeres podemos dormir seguros a su lado, y que fuera de él y la verdad que representa sólo está el hombre del saco y el horror. Sólo falta en su discurso el colofón “Gobierno de España” para que podamos todos dormir tranquilos.

Este tipo de personas genera su pensamiento y conducta en el sistema límbico, el cerebro animal que todos tenemos, y usa su neocórtex sólo para enlazar lo que siente, no para filtrar si lo que le surge se corresponde con La Realidad, o si es correcto o no. El nazi Heidegger tenía razón aquí.


¿Dónde está pues la clave para la evolución humana que estamos buscando? En la potenciación del uso del neocórtex, que para eso es la parte del cerebro que nos distingue del resto de los animales. Por eso apoyan la destrucción de la educación y la cultura sustituidas por la cultura animal y la Educación para el Bestialismo.

¿Recuerdan la versión de letra de la canción para adolescentes que les escribí en el artículo: Valores II. ¡Es la estadística, estúpidos!? Pues ahí está la clave, en anular la manipulación de las mentes de nuestros hijos mientras practicamos la anulación de la nuestra.


Ah, se me olvidaba, el tipo es un tal David Cantero, conductor del Telediario de TVE.