Algunas veces da la impresión que, a pesar de los esfuerzos por superar ciertos momentos de la historia de nuestra España siempre hay algún mastuerzo que se empeña en mantenella y no enmendalla, que es la expresión de aquellos que en su cabezonería, no se apean del burro (aunque se comprenda que es difícil que uno se baje de sí mismo).
El caso es que cuando la malhadada Ley de Memoria Histórica (aberración muy propia de mentes rencorosas) ha sido aprobada (en el Congreso de los Diputados) se ha introducido una enmienda transaccional (para contentar a alguien como, por ejemplo, algún partido nacionalista) en la que se establece la posibilidad de que la Iglesia no tenga que retirar los denominados símbolos franquistas si “concurre alguna razón artístico-religiosa”.
Además de mencionar que el Partido Popular ha votado en contra (lo que es lógico) hay que indicar que habría que explicar que quién es el Ejecutivo ni nadie para decirle a la Iglesia qué simbolos tiene que tener en “sus” edificios. ¿Es que va a ser posible mantener estatuas, o cualquier otra cosa (nombres de calles, por ejemplo) de personas republicanas a pesar de los crímenes que sabemos se produjeron en aquellos años y tener que quitar lo que a esos individuos no les conviene?
Pero, ahora, vamos, a ver esto.
Ante tal caso, Gaspar Llamazares ha tenido a bien delitarnos con una más de sus expresiones sectarias y malolientes. Y es que a mí este tío me da asco; él y su ideología, causante de muertes por doquier (y en España ni te cuento). Sin embargo, como en el mundo tiene que haber de todo, habrá que dejar que emita exabruptos como éste: “es confundir los deseos con la realidad pretender que esa enmienda exonera a la Iglesia católica de la retirada de los símbolos franquistas”. Eso ha dicho.
Y aquí, lo que verdaderamente importa es, en primer lugar, que es de esperar que junto a estos símbolos franquistas aparezcan los nombres de personas muertas en la contienda o, lo que es más importante, los nombres de muchas personas que no se caracterizan, precisamente por luchar contra nadie sino por ser, simplemente, católicos. Es decir, seguramente sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos comprometidos de forma especial con la Esposa de Cristo (la Iglesia, para Llamazares y otros patanes de su estilo) ha de ocupar más de un sitio en las fachadas de más de una Iglesia.
Esto ha de ser lo que moleste al comunista Llamazares.
Si bien miramos cual es, en verdad, el caso que aquí se muestra, entenderemos, algo mejor, las cosas.
Todo el caso de la Memoria Histórica (que ni es memoria ni es histórica ni nada de nada) viene referido a una realidad que es que no pueden soportar los socialistas, comunistas, republicanos y otros mequetrefes de la izquierda (y alguno de la derecha, nacionalista o no). No es otra, esta realidad quiero decir, sino que la Iglesia existe. Sí.
En pura memoria bien podemos decir que, a lo largo de los años 30 del siglo pasado se dieron muchos episodios (un mes después de proclamada la República ya se quemaron Iglesias y se hicieron otras tropelías) de odio criminal y criminoso contra la Iglesia católica, contra los católicos y contra todo lo que tuviera algo que ver con la verdadera comunidad que constituyó Cristo hace muchos siglos y de la que dio, a Pedro, las llaves de la misma.
Es eso, y no otra cosa, lo que mueve a la izquierzda a patrocinar y llevar a cabo iniciativas como ésta. Resulta del todo patético el intento de hacer pasar por algo reconciliador lo que, en verdad, no es más que una reivindicación de una época pasada en la que no supieron comportarse (los abuelos de los que ahora mangonean a España) en el gobierno de entonces. Es más, lo que, yendo al grano de la cuestión, quieren conseguir es que nos olvidemos (o que no lleguemos, si quiera, a reconocer) las razones espurias que los mueven a actuar como actúan.
Vano intento éste. Se nota demasiado.
Se nota demasiado porque los conocemos a la perfección y, antes de que hagan algo, ya sabemos lo que va a ser, en lo que va a consistir e, incluso, el resultado de la nueva metedura de pata (nunca mejor dicho) en la que, seguro, incurren.
Y aquí, en este caso concreto, atacar a la Iglesia por los símbolos que pueden tener en sus fachadas, además de ir contra la libertad de cada cual a hacer lo que le venga en gana sin molestar a los demás (a mí también me molesta que en determinadas manifestaciones se exhiba la bandera republicana y me aguanto) y en este caso no se molesta más que a los ciegos de mente y a los lerdos de pensamiento, es, digo, una forma de manifestar que no se está preparado para vivir en democracia.
Como ya sabemos de qué tipo de democracia son partidarios estos individuos, habrá que hacer oídos sordos a este nuevo acoso a la Iglesia católica porque, de otra forma, nos vamos a ver obligados a recordar toda la memoria histórica y no la que, malamente, tratan de ocultar con sus actos negligentes y sectarios.
Y es que algunas derrotas cuestan mucho de digerir. Sobre todo cuando no se sabe perder y, lo que es peor (y como es el caso) cuando no se sabe ganar. Ejemplo, éste, de los malos equipos y, lo que es peor, de los malos entrenadores (aquí gobernantes).
Lo que no sé es si del Valle de los caídos van a acabar quitando la cruz que preside el conjunto.
Esto, seguramente, en la próxima Ley, o legislatura.

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