La campaña del referendo sobre el nuevo Estatuto catalán ofrece una oportunidad única para realizar un debate amplio y profundo sobre el significado, alcance y consecuencias prácticas de esta norma básica.

Durante casi tres meses, los ciudadanos de Cataluña escucharán los argumentos de los diferentes partidos y podrán familiarizarse con un texto que hasta ahora ha sido objeto de discusión parlamentaria y ha ido experimentando variaciones a lo largo de la negociación.

Terminados los trámites previos, los catalanes dispondrán de la versión definitiva y estarán en condiciones de sentar un juicio claro y ponderado sobre su constitucionalidad y sobre los efectos que producirá en la sociedad en la que viven y trabajan.

Terminada la larga etapa de complejas transacciones entre fuerzas políticas, ha llegado la hora de someter el nuevo Estatuto al veredicto de las urnas.

De todo el arco parlamentario catalán, tan sólo un partido, el Partido Popular, se opone a esta reforma, por considerarla incompatible con la Constitución, intervencionista, sectaria y contraria a los intereses de los ciudadanos y de las empresas de esta Comunidad.

Los demás coinciden, salvo matices, en su apoyo al nuevo Estatuto y solicitarán el voto afirmativo, un sí que de hecho es un no a España y al pacto de la transición. El Partido Popular, al pedir el rechazo a este monumento al colectivismo y al separatismo, dispondrá de un enorme espacio en exclusividad porque los demás se sitúan sin excepción en el bando opuesto.

Por consiguiente, tal como ha anunciado Mariano Rajoy, el Partido Popular se ha de volcar en una campaña intensa, firme, entusiasta y de perfil muy alto. A partir de ahora y hasta el próximo mes de junio, el objetivo de que la suma de los noes y las abstenciones superen netamente a los síes ha de ser la máxima prioridad del centro-derecha español y a tal propósito ha de destinar la totalidad de sus recursos humanos y materiales.

Los dirigentes nacionales de mayor proyección pública han de participar activamente en la campaña, que ha de tener una marcada visibilidad, fuerza, atractivo y, si hace falta, dureza.

Esta movilización de la opinión pública catalana y española le servirá además al PP de preparación para las elecciones municipales y autonómicas de 2007, en las que debe avanzar posiciones de cara a las generales, siempre en el supuesto de que Zapatero no las adelante. Si así fuese, razón de más para echar el resto en la campaña del referendo estatutario.

En este contexto, los planteamientos pusilánimes qie abogan por una campaña suave y plana con el absurdo pretexto de inhibir la activación del adversario han de ser evitados. Y, en cualquier caso, el anunciarlo a los cuatro vientos invalida la efectividad de tan peregrina maniobra.

Por el contrario, el Partido Popular ha de mostrar un compromiso inequívoco con la unidad constitucional y con su modelo social y económico de libertad, solidaridad e igualdad de oportunidades, y lo ha de hacer sin complejos ni timideces.

Nada complacería más al Partido Socialista que un Partido Popular encogido y apocado cuando está en juego la existencia misma de la Nación. La sociedad catalana no ha de ser adormecida, ha de ser electrizada. No son momentos para enterrar la cabeza en la arena, sino para pelear con denuedo en cada rincón de Cataluña en defensa de la España de los ciudadanos frente a la España de las tribus.

Ahora bien, lo realmente preocupante es que a algunos haya que explicarles semejantes verdades a estas alturas de la película.




http://blogs.periodistadigital.com/alejovidalquadr...