Siempre he pensado que no sólo tiene las manos manchadas de sangre quien aprieta el gatillo sino todo aquel que le apoya, justifica o proporciona los medios para llevar a cabo su macabro fin.

La Consejería de Interior del País Vasco cumple varios de estos requisitos o, para ser más correctos, los cumplirá el día treinta de este mes. Mis palabras pueden sonar exageradas, pero díganme ustedes cómo puede llamarse el retirar la escolta a quienes tienen sus vidas amenazadas constantemente, sino complicidad con los asesinos de ETA. Obviamente tal decisión ha de tener un motivo y lo tiene: el hecho de que las personas afectadas han cesado de un cargo público. ¿Cuándo ha sido necesario tal requisito para hacerse acreedor de escolta? ¿No basta con la desgracia de que una banda mafiosa desee acabar contigo? No son una ni dos las personas escoltadas que no ostentan cargo público alguno. Podría citar apellidos como Calleja o Savater, de sobra conocidos por todos ustedes.

Qué impulsa realmente al Gobierno Vasco a arrojarles a las fieras. Su voz disidente, la molestia de unas presencias que les recuerdan su naturaleza opresora y egomaniaca... Es posible que esto y alguna cosa más. En todo caso quitarles la escolta es obligarles a elegir entre la muerte y el exilio.

Ante tal barbarie la costumbre vasca tradicional es la de mirar displicente y tras apurar un chiquito decir: “a ése cualquier día lo matan”.

Dicha actitud, que nos equipara a un Otegui cualquiera, se vuelve irritante hasta el extremo cuando amigos tuyos corren el riesgo de morir asesinados. Tal es el caso de un hombre íntegro e idealista al que ustedes conocen bien: don Ernesto Ladrón de Guevara López de Arbina. Si son aficionados a leer cada semana su columna les ruego envíen su firma, nombre, apellidos y DNI, a la siguiente dirección de mail: firmaporsuvida@gmail.com Será enviada a la consejería de Interior del Gobierno Vasco pidiendo el mantenimiento de las escoltas a todo amenazado sea o no cargo público. Para más información.