El fuet diferencial Pepi la aceitera (1)
Durante un tiempo pensé que Josep había dejado el mundo esotérico más que nada desengañado de Manolito el de la pluma y de la brujita Selenita. Una llamada suya me demostró lo equivocado que estaba.
- Compay, quiero que me acompañes a casa de la médium Pepi la aceitera.
- Supongo que su alias debe de ser porque usa el aceite como mancia, es decir, como vehículo de transmisión con el otro mundo.
- Para nada. La aceitera es de Beas del Segura, donde presumen de elaborar el mejor oli del mundo.
- ¿Es de confianza? Recuerda los desengaños con Manolito el de le pluma y sobre todo las heridas mentales y físicas que te dejó el péndulo de Selenita. Aún recuerdo la órbita del péndulo divino y el certero golpe final en tu coronilla.
- Me han hablado maravillas de Pepi. Parece ser que tiene mucha mano con el más allá y contactos con seres de luz.
- Eso me suena a luciérnagas. ¿No será Pepi la aceitera otra charlatana?
- Los seres de luz son maestros que nos sirven de guía. Los seres de luz tienen línea directa con la otra frontera.
Acepté tras muchas negociaciones acompañarlo a casa de la médium. La verdad es que el empujón final me lo dio nuestro amigo el camarero.
- Vaya usted con él que de perdíos al río, total son ustedes el hazmerreír de la parroquia.
Pepi nos recibió y nos hizo pasar a una sala con una mesa camilla en el centro rodeada de cuatro sillas de nea. Sobre la mesa tenía una bola de cristal. El olor se sándalo era irrespirable.
- Pasen ustedes al templo de paz, la sabiduría y la energías positivas- nos dijo ajustándose un turbante de color naranja
- ¿Es a través de la bola que ve usted el futuro?- le pregunté para romper el hielo.
- No, la bola es el hilo conductor de la sesión. Sin bola las ánimas se retraen mucho. Las ánimas son muy especiales para las cosas del espiritismo.
- ¿El turbante lo usa para condensar la energía en su cerebro-preguntó Josep
- Ni mucho menos-contestó la aceitera- es que tengo una jaqueca de cojones y parece que el turbante me sirve de alivio. Lo empapo en agua fría de vez en cuando y me dilatan las venas de mis sufridas sienes Y ahora vamos a empezar porque con tanto interés por mi look se nos va el tiempo.
- Perdone usted doña aceitosa- la interrumpió de nuevo Josep- pero la bata de boatiné le deja al descubierto media cacha y no me concentro.
- Si no te importa, me llaman aceitera. No te preocupes, cariño, estamos entre seres mágicos.
- Pero es que se le ve hasta el liguero.
Pepi se cerró la bata, puso sobre la mesa un mantón de manila y encima del chal un sello de Franco de 1 peseta.
- ¿No será Franco el que hace de médium?
- Para nada. El Generalísimo me sirve de inspiración. Mi marido, que en paz descanse, era del Movimiento de toda la vida. Para mí que nació con la chaqueta blanca y todo. No les extrañe porque me llevaba cuarenta años. Le tenía mucha fe al sello y siempre lo había llevado en un relicario. Antes de fallecer me donó el relicario y por respeto preside la mesa.
- Es que mi amigo es comunista. Y se vayan a producir interferencias políticas en el mundo de los muertos. Acuérdese de aquello de españolitos que vienes al mundo, una de las dos Españas ha de helarte el corazón.
- No se preocupen. El sello del Caudillo sólo tiene un valor sentimental. El médium es mi esposo. A propósito del verso, ahora sería menester decir una de las mil España.
Pepi cogió el sello, lo besó y cerrando los ojos dijo:
- Va por ti, Antoñito. Perdonen el preámbulo, pero el brindis torero lo hago por mi difunto gran aficionado a los toros.
- ¿De Antonio Ordóñez?
- Del Viti. ¡Vamos que nos vamos!- arrancó al fin- Antoñito, hijo, ¿estás presente? Aquí tenemos un alma atribulada y si tienes un hueco te ruego que me inspires para dar descanso a sus demonios interiores.
Estuvo un rato callada y por fin le preguntó a mi amigo.
- La magia está bien encaminada ¿Qué quieres saber?
- Mis dudas giran alrededor del corazón.
- Habla por esa boquita- dijo la aceitera con una voz muy ronca.
- La voz se le ha cambiado, ¿es Antoñito o el efecto Ducados? Mire, doña aceite, le voy a ser sincero. No es la primera vez que acudo a la magia. Estuve donde Selenita y lo único que he sacado es una cicatriz por culpa de un péndulo que debía estar caducado.
- Aceitunera, aceitunera, no juegue usted con mi prestigio que llevo treinta años con ese apodo La cicatriz ya la he presentido nada más pisar usted mi casa. Diez puntos de sutura y un costurón en la coronilla. Una herida incisa con dos trayectorias. Se conoce que el péndulo de Selenita estaba algo astillado por la punta. Selenita ha perdido el don. Hace tiempo parece ser que tenía videncia pero a raíz de una sinusitis mal curada, tiene lapsus. ¡Vamos que nos vamos!
- Perdone, doña aceituna, pero he de confesarle que también me entregué durante un año al santo de los huevos y he perdido el tiempo y el dinero. Estuve pillado con él por el dichoso mal de amores.
- Manolito el de la pluma, por lo que tengo entendido, no está ducho en el tema amoroso. Su agua de huevos alivia más que nada enfermedades leves. La pichamancia no llega a las alturas. ¡Vamos que nos vamos!
- A ver si algún ser iluminado me ve emparejado.
- Son seres de luz, cariño ¡Vamos que nos vamos!
- Perdone, aceitera ¿a que se deben los arreones que usted misma se da?- le pregunté- parece usted, si me lo permite, un ultra sur.
- Los jaleones que no arreones tienen como objetivo el despertar a las ánimas de su letargo y me sirvan de oráculo. Y la verdad, con tu amigo no encuentro el norte. Veo sombras borrascosas. En fin, sigamos, ¡Vamos que nos vamos!
- Señora Pepi-dijo Josep- si quiere me quito las espardeñas. Se lo digo porque Manolito el de la pluma me hacía descalzar porque decía que mis espardeñas le producían vértigo y le rebajaban el agua de huevos. Eso si, sólo en caso de crisis, porque yo sin mis queridas espardeñas no me veo muy puesto.
- Algo de negatividad crean, pero probaremos sin ese recurso. Si vemos que el nublado no se despeja habrá que tomar una decisión drástica aunque percibo la ternura que les tiene.
- Somos uña y carne.
La aceitera se metió la bola de cristal en la pechera y se subió la cremallera de la blusa.
- ¿Tiene mayor poder la bola, con perdón, entre sus tetas?- le pregunté- Yo es que soy muy curioso y creo que la bola incrustada en su busto le debe insuflar fuerza y energía.
- No, es para la menopausia. Como me vienen estos calores, la frialdad de la bola me alivia la mar de bien estos quebrantos de la edad. Lo he probado todo y solamente la bola me saca los calores. ¡Vamos, que nos vamos, leche!
- Como le iba diciendo, señora aceitunera, ¿me ve con novia?
- Soy la aceitera, cariño. Dime tus preferencias.
- Mire, en el estado que me encuentro, me da igual la edad, el físico y su estado civil Aunque sea por meternos entre pecho y espalda los domingos una paella mixta.
- Antoñito, hijo, échame una mano con el caballero, que lo tengo crudo.
- Antoñito- la interrumpió Josep- pese a nuestras diferencias ideológicas, si puede ser, aunque he manifestado que estoy dispuesto a decir si a todo, me la encuentra apañadita Te lo agradecería en el más allá. Aunque, eso sí, ojalá se retrase nuestro encuentro.
- Ahora- dijo la aceitera- una vez expuestos tus anhelos, vamos a dejar a los espíritus que hagan su trabajo. Un último jaleón y debemos concentrarnos los tres agarrándonos de las manos en un círculo mágico para que la energía celestial nos invada.
- ¡Vamos que nos vamos!- se le escapó a Josep sin querer.
- Pero hombre por Dios, el jaleón lo tengo que dar yo que soy la médium. Ahora hay que comenzar de nuevo con el rito, leche.
La aceitera besó otra vez el sello de Franco, musitó el brindis torero a su marido y nos volvimos a coger de las manos.
Continuará |