Mi marido, que es un santo varón, me ha hecho el favor. Ha llamado al número de Madrid, y la respuesta ha sido automática: "Residencia Generalísimo Franco, dígame". El ritual se repite en la Teniente Barroso, de Santiago de Compostela, y en la que hay en Capitán Arenas, 52, de Barcelona, la famosa Muñoz Grandes. Con tres confirmaciones, pues, la prueba del algodón es concluyente: en las residencias de estudiantes de la Dirección de Asistencia al Personal del Ejército de Tierra no tienen apuros con la memoria histórica. No solo se permiten mantener homenajes al dictador y a otros militares golpistas, sino que van mucho más allá. Se permiten consagrar una residencia de estudiantes a un nazi español, comandante en jefe de la División Azul y amigo personal de Hitler, quien le condecoró con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. Para más detalle, furibundo enemigo de la recuperación de la Monarquía y adversario frontal de Juan Carlos, a quien no consideraba español.

Muñoz Grandes fue un dechado de virtudes fascistas, combatió con Hitler en la batalla de Leningrado y luchó por que España entrara en la segunda guerra mundial. Cuando murió, en el 70, aún añoraba al Führer. Este tipo, que contribuyó a retrasar la victoria aliada, cómplice de la peor tragedia de la historia de Europa, aún recibe el homenaje del Ejército, a través de una de sus residencias. La información dice que la residencia es mixta, y que en ella hay 48 plazas femeninas y 38 masculinas. Pregunta del millón: cuando alguien se interesa por el nombre de la residencia, ¿le cuentan el macabro historial del tipo? Y, el día de su aniversario, ¿celebran alguna fiesta?

Lo dramático de una vergüenza como esta es que los ministros democráticos del ramo, desde Serra hasta Bono, pasando por el actual, han convivido con el homenaje a un nazi, en el propio ejército, sin despeinarse. Lejos de la pedagogía democrática, algunos agujeros negros del Ejército aún se permiten la propaganda fascista. ¿Llegará la ley de la memoria a limpiar estas cloacas? ¿O solo está pensada para maquillar las calles?

 

Artículo publicado también en El Periódico

 

Pilar Rahola