MUJERES DEL SIGLO XXI Totus Tuus
El domingo pasado, Benedicto XVI reveló un texto que Juan Pablo II tenía previsto pronunciar al día siguiente de su muerte. El “testamento de mi antecesor”, como lo ha definido el Santo Padre, dice así: “Para la humanidad, que algunas veces parece perdida y dominada por el poder del mal, el egoísmo y el temor, el Señor resucitado ofrece el regalo de su amor que perdona, reconcilia y abre el alma a la esperanza. Es un amor que cambia corazones y trae la paz”. El próximo 2 de Abril celebramos la entrada triunfal a “la Casa del Padre”- como le gustaba llamar al Cielo a Juan Pablo II y, como suele ocurrir en ocasiones como estas, vuelven a mi memoria imágenes, palabras y escenas que recuerdo como si fueran hoy.
No voy a escribir nada nuevo sobre él, creo que se ha dicho todo, sólo quiero compartir con vosotros dos textos que escribí embargada por la tristeza y llena de agradecimiento y alegría hace exactamente un año.
RECORDANDO UN ENCUENTRO. (Escrito el 4 - 4 - 2005) Cuando un ser querido se encuentra muy enfermo o, incluso, a punto de morir, sueles recordar los mejores momentos que has compartido junto a él: encuentros entrañables, miradas de complicidad, conversaciones íntimas y profundas , risas, tiempos de diversión, lecturas... vuelven a tu memoria conversaciones, cartas, momentos de tu vida que te han enriquecido, te han hecho madurar y que se convierten en una parte de ti, de tu forma de ser, de pensar , de actuar , que sin querer trasmites ,por osmosis, a los que tienes a tu alrededor. Pues esto es lo que, estos días, me ocurre con mi querido Juan Pablo II. Hace cosa de un año, mi marido y yo tuvimos la inmensa suerte de ser recibidos por el Santo Padre en una de sus audiencias. Recuerdo, como si fuera hoy, que la noche anterior no pude dormir de lo emocionada que estaba. Pase las horas pensando en todas las cosas que quería decirle en los pocos segundos que iba a estar junto a él: Quería darle las gracias por sus palabras, por su ejemplo en los momentos difíciles, por su incansable apuesta por la vida, la familia y la mujer; por ser la referencia y apoyo en mi lucha diaria por intentar hacer las cosas bien, por ser ejemplo de vida para mis hijos...por un sinfín de cosas; o quizás, simplemente, por estar ahí, como un faro que me guía hacia el puerto en medio de la tormenta. ¡Aspiraba a contarle tantas cosas!
Recuerdo que era una mañana lluviosa y gris, pero que me pareció la mañana más maravillosa de mi vida. Evidentemente, con el nerviosismo propio de una cita de tal envergadura, llegamos al Vaticano una hora antes de la cita .Un guardia suizo nos esperaba. Después de subir escaleras, cruzar patios, atravesar salas, llegamos ante una puerta. Exactamente no sabíamos donde estábamos. De repente, una puerta se abrió y ahí estaba él. Sentado, sonriendo y esperándome. ¡A mí! Una simple católica que, no sé muy bien cómo, había recibido el regalo de su vida: Besar a Cristo en la tierra. No puedo contar muy bien lo que ocurrió a continuación. Solo sé que me miró. ¡Que mirada! Sentí que me traspasaba, que sabía todo de mí y que ya no era necesario contarle nada. Una mirada - comprensiva, dulce, llena de amor, pero a la vez, firme y exigente- directa al corazón, como una flecha, que te remueve por dentro. Fue entones cuando recordé el pasaje del Evangelio donde se narra la Conversión de Maria Magdalena, y entendí, por fin, como con sólo una mirada de Jesús se replanteó su vida, lloró por sus pecados y empezó su andadura por un camino nuevo. Una vida que le llevó a ser una de las pocas mujeres valientes que estuvo junto al Señor hasta el final, al pie de la Cruz.
El Santo Padre acababa de verme tal y como soy, con mis innumerables defectos y mis escasas virtudes - alguna tengo- y conocía perfectamente mis sentimientos, incluso, creo, que sabía lo que le quería decir. ¿Y qué hice yo? Con todo mi “discurso” preparado, en ese momento, no pude articular ni una palabra y rompí a llorar. Mientras lloraba y le tomaba de la mano -que no solté hasta que me fui- le enseñé la foto de mis hijos. Le dije lo mucho que le queríamos y rezábamos por él y le pedí que los bendijera. ¡Qué momento! Para una madre católica no hay palabras para describirlo: Poder presentar la corona de rosas de mi matrimonio a Dios en la tierra era algo que superaba mis expectativas. Alguien puede pensar que soy una forofa, una de esas beatas rancias y grises. Muy lejos de la realidad, os lo aseguro. Quien me conoce sabe que vivo con los pies en el suelo y me apasiona la vida, una vida llena de ilusiones y esperanzas. Me gusta escuchar a Melendi y a ColdPlay , bailar hip-hop y divertirme con mis amigos. Pero lo marchoso no quita lo valiente. Soy Católica, Apostólica y Romana, y si algo he aprendido, estos últimos años del Santo Padre, es a asumir con alegría y hasta que me quede un hilo de vida toda la responsabilidad que esto lleva consigo.
CARTA A D. STANISLAW tras el fallecimiento de Juan Pablo II. (7 - 4- 2005) ¡GRACIAS POR ESTAR AHÍ! Durante estos últimos días, tristes y gozosos al mismo tiempo para los católicos, me da la impresión que nos hemos olvidando de alguien. Me refiero a las personas que mas cerca han estado de Juan Pablo II y que, en estos momentos, se deben sentir muy afligidos por su perdida. Estoy hablando de su mayordomo personal, de su portavoz Joaquín Navarro Valls,de su joven asistente polaco Mieczylaw Mokrrzycki y de su medico personal. Pero sobre todo, de usted D. Stanislaw y las tres monjitas polacas que les han acompañado durante todos estos años. Me gustaría darles mí mas sentido pésame con un fuerte abrazo de consuelo y de agradecimiento por su dedicación a “nuestro Papa” y, pido oraciones a todos los que me rodean, para que se sientan acompañados en estos momentos tan duros para todos.
¡Gracias por estar ahí, gracias por todo lo que le habéis ayudado, gracias por cuidarlo con tanta delicadeza y cariño. Gracias, con todo mi corazón, os doy las gracias! Cuentan, que estos días, las monjitas no se separaban del lado del Papa, en la Basílica de San Pedro, y que todos los fieles que pasaban a rendirle su ultimo homenaje y rezar ante el Magno Juan Pablo II, las veían acompañándolo en sus ultimas horas entre nosotros .Y recordaba aquella imagen, tan humana, del perrito, bueno y fiel a los pies de su amo. Sin querer separarse de el, pues sabe que es el mejor lugar donde puede estar, se siente tan bien que ni se mueve. Y el amo, al mismo tiempo, le acaricia la cabeza demostrándole su cariño y su agradecimiento. ¡Con el coraje que me ha enseñado Juan Pablo II, quiero ser ese perrito bueno y fiel junto a mi Amo, sirviéndole en lo que me pida! Hoy es mi cumpleaños, y recuerdo que justo hace un año, tuve la inmensa suerte de que Juan Pablo II nos recibiera en una audiencia. Cuando volví a España, me senté ante el ordenador y escribí mis recuerdos de ese día. Me gustaría poder compartirlos con usted y agradecerle todo el cariño que nos demostró en ese encuentro, sobretodo, las risas que nos echamos con el Santo Padre debidas a la discusión provocada por nuestro lugar de origen:”Son catalanes”…. “No, somos españoles”. Gracias.
Y hoy, a un año de su muerte, no quiero dejar de recordar, con el cariño y el agradecimiento de una hija que ha recibido lo mejor de su padre, las ultimas palabras que nos dirigió Juan Pablo II “El Grande” antes de partir: “OS HE IDO BUSCANDO. AHORA, HABÉIS VENIDO A VERME Y, OS QUIERO DAR LAS GRACIAS”. Y humildemente le pido que me ayude a vivir, durante el resto de mis días, su lema pontificio: “TOTUS TUUS”. |