“La detención el pasado jueves de los dirigentes de la ilegal Batasuna bien parece una oportuna –y oportunista- rectificación del Gobierno a las puertas de las elecciones. ¡Bienvenida rectificación! ¿Que la Justicia queda maltrecha a los pies de los caballos? Pues quede. También se había enfangado antes, cuando delante de otras diez reuniones iguales de los dirigentes batasunos no quiso mover un dedo. Pero, ¿qué más da, si aquí todos estamos de barro hasta las cejas? A Gobierno y PSOE, claro, se les llena la boca con el respeto a la independencia judicial. El PP hizo lo mismo, no se crean, cuando estuvo subido en el machito. Lógico: deben vestir el muñeco y guardar las apariencias. Por más que nadie en su sano juicio en este país crea en la independencia judicial ni la espere. ¿Para qué, además? Con estos bueyes hay que arar.”

No podría estar más de acuerdo con Antonio Martín Beaumont, aunque se echa de menos un análisis sobre las posibles soluciones. Y una de ellas, por radical que pueda parecer, sería, antes que nada, asumir que el sistema y los valores están demasiado corrompidos como para seguir jugando a los tres poderes, desgobierne quien desgobierne. No mientras un gigantesco ventilador no depure el aire. ¿Cómo sentar las bases del nuevo edificio? Estableciendo, por ejemplo, convenios con universidades anglosajonas (sólo anglosajonas) en las que se formaría a nativos como juristas expertos en nuestro sistema legal. Posteriormente, pasarían a la judicatura. El objetivo sería ir reemplazando a los jueces españoles, hasta que todos los juicios de cierta trascendencia para el conjunto de la sociedad quedaran en manos de jueces nativos anglosajones. Para no tener que volver a sufrir jueces para la democracia, fiscales indomables y jueces estrellas, todos ellos partes de un circo indigno de Occidente.

Que juzguen ellos. Treinta años de presunta democracia sólo han servido para demostrar que España es incapaz de asumir los valores de una democracia liberal y que los mecanismos para erradicar la corrupción y el caciquismo establecidos en todos los ódenes no funcionan. Quizá, en un par de décadas, con una justicia ya civilizada y seria, cuando no se vuelvan a leer titulares como éste y las pelucas inunden los tribunales, entonces podremos pensar en juzgar nosotros. Pero, de momento, y con estos niveles de desfachatez y de tercermundismo, lo mejor es empezar de cero.

Lamentable. Patético, de pathos.