Estas dos últimas semanas han sido intensas y tensas. Ha tenido gran parte de culpa que un profesor del colegio de mis hijos haya sido denunciado por un padre por abusos deshonestos sobre su hijo. La historia comenzó antes del verano y no hemos sabido nada hasta comenzar el curso. El colegio fue convocando, familia por familia, cuyos hijos han estado en contacto con el profesor demandado.

Yo me enteré por una de esas familias convocadas. He ido conociendo cada posición en este asunto. El padre denunciante tiene varios antecedentes de amenazas a profesores y a padres con denuncias por los temas más pintorescos y, alguna de esas denuncias, sobre profesores que han llamado la atención a su hijo. Este niño de sólo ocho años tiene literalmente acosadas a sus compañeras con todo tipo de insultos y desprecios. Digo compañeras porque es su objetivo prioritario. El padre trabaja en una conocida firma de abogados que prestan sus servicios por teléfono. Su estrategia ha sido la presión sobre el colegio en vista de que no cedía a sus pretensiones. Amenazó con una campaña de prensa y cada semana presenta una demanda nueva en nombre de las tres familias que le apoyan. Exige que retiren la subvención del colegio, que es concertado, por haber mantenido a ese profesor en nomina.

Nada en la vida es blanco o negro. Podría haber sido un caso más de pederastia y, además, cogido a tiempo, porque no hay indicios de que los abusos sean sobre más chicos. Podría haber sido un caso más de la estúpida forma de vida de un torpe abogado. Podría haber sido el enésimo caso de denuncias paternas que se exceden en la protección de sus hijos por una mala interpretación de lo que ellos llaman abuso.

Lo que ha dado un giro al caso ha sido una fotografía en el móvil del profesor. Cuando se le denunció fue liberado por falta de pruebas, se le confisco el móvil y el portátil. La policía envió ambos aparatos a su laboratorio de Valencia donde recuperaron una foto borrada en el móvil. En ella aparece el menor hijo del denunciante desnudo. Se le ve una marca. En la denuncia aparece que había sido por el abuso y el forense ha determinado que es una mancha de nacimiento.

En el caso que nos ocupa, y que a mí me preocupa, pueden pasar dos cosas. La primera, que el profesor sea víctima de una trampa. Su móvil, en manos de un chico más que problemático, es todo un reto. Más sabiendo que este profesor era su tutor por ese mismo motivo, su "problemática". La segunda posibilidad es que no sea una trampa, esto es, que este profesor ha mostrado inclinaciones reprobables y delictivas.

Sea como fuere, el haber tenido una foto borrada de un niño desnudo en el móvil le hace sospechoso y, siendo un caso de abuso de menores, se ha determinado la encarcelación hasta que se celebre el juicio.

No entro en las demás pretensiones del padre. Desde que hace unas semanas ha aparecido en la puerta del colegio con megáfonos y octavillas, distribuyendo rumores infundados, ha perdido todo mi respeto. Otras instituciones más "inteligentes" han puesto medios materiales y de profesionales para que nada salga a la luz. El colegio no ha tenido ningún reparo en mantener sólo lo que el juez y la policía han dictado. No ha cedido a la presión del demandante ni a la posibilidad de que todo sea una farsa.

Hace unos meses hablaba de como las nuevas tecnologías dejan un rastro de nosotros que creemos controlar. Todos y cada uno de nuestros PCs tienen una tarjeta de red numerada de tal forma que es única. A esa tarjeta se le ha asociado otro número con el que nos indentifícan para "hablar" a nuestro PC cada vez que navegamos. Una dirección como la posta: única. El borrar archivos de la forma habitual no borra todo el rastro de los mismos.

Somos parte de un mundo conectado donde el anonimato o el aparecer con seudónimo nos esconde para según que cosas pero, al final, si alguien desea saber quienes somos, puede llegar a saber bastante de nosotros. Si nos movemos dentro de la posible culpabilidad del profesor, está claro que nada puede esconderse demasiado. Si estamos ante un denuncia falsa, las nuevas tecnologías nos pueden pasar factura. No podemos perder el control sobre los dispositivos que nos sirven para conectarnos, debemos ser cuidadosos con la información que se guarda y como se guarda.

La sensibilidad sobre la privacidad y los derechos de la sociedad a defenderse esta a flor de piel. El retrato que tienen de nosotros empresas e instituciones cada vez es mayor. La capacidad para perseguir nuestro rastro digital crece por días. La película Déjà Vu, de Tony Scott representaba un situación en la que, con los suficientes recursos, cálculo de parcialidades y aproximaciones, se podía llegar a recrear el pasado de hasta cuatro días antes de un suceso. Revivir los cuatro días antes de todas las personas implicadas en el suceso. Apasionante. Podría ser una especie de Juicio Universal.

En nuestro caso, revivir lo sucedido no añadiría nada más que sufrimiento. Esperamos que los abogados puedan tratar el tema con más calma ahora que el colegio, el APA y los profesores cuentan con todo el apoyo de la inmensa mayoría de los padres.