En el último hilo de Los enigmas del 11M, Luis del Pino recoge el debate que se mantuvo el pasado viernes en su blog entre quienes consideran que no se resolverá el 11M si el PP no gana las elecciones y los que, por el contrario, temen que una victoria popular diera carpetazo definitivo a la verdad.

Para apostar por la segunda opción; esto es, que un PP en el Gobierno cerraría cualquier posibilidad a que se sepa quiénes son los cerebros, ejecutores y encubridores del 11M, es imprescindible remontarnos al final de la década de los treinta. Así, más que la llamada Guerra Civil, lo que realmente nos interesa es la guerra civil que se produjo en el Frente Popular. Allí quedó en evidencia que los enemigos internos de España son, por su propia naturaleza, una amalgama de intereses y discursos contradictorios, lo que implicará, hasta su definitiva extinción, una violencia in crescendo.

La derrota del Frente Popular sería difícilmente entendible sin esa contradicción, que es, al mismo tiempo, la razón de ser de quienes luchan desde hace más de un siglo por destruir la nación española. El período franquista no fue sino la victoria de la burguesía catalana y vasca, que se benefició, paradójicamente, de las grandes inversiones y del saqueo humano de Andalucía, Extremadura y Galicia.

El asesinato de Carrero Blanco, del que algún día Estados Unidos nos podrá aclarar muchos aspectos, catapulta a los asesinos con sotana de la ETA al estatus de organización paramilitar; una especie de grupo paramilitar forjado en las repugnantes iglesias vascas para ejecutar las órdenes de los nacional-socialistas vascos. La constitución de 1978 reinstaura, para vergüenza de todos nosotros, el Turno Pacífico de Cánovas y Sagasta, aunque con un elemento diferenciador para un futuro a medio plazo: la bisagra nacionalista. El franquismo, que tuvo éxito en la contención del comunismo soviético, en la paz social y en la creación de la clase media, fue prisionero, desde su mismo nacimiento, de sus pactos con la burguesía barcelonesa, que es la metrópoli catalana de esta colonia llamada España.

El franquismo no llegó a su final por la muerte del Caudillo, sino porque ya no era necesario. El asesinato de Carrero Blanco es un ejemplo perfecto de ello. De la misma manera que el régimen sudafricano fue útil para combatir al comunismo en la región y sólo se autodisolvió después, y no antes, de la caída del Muro. Lo mismo serviría para Guatemala. Cuando un régimen sólido se disuelve a causa del "espíritu de los tiempos", se negocian impunidades.

La jugada del catalanismo fue magistral, porque nunca pudo perder. El franquismo se lo entregó todo, y, lo más importante, le regaló el discurso a perpetuidad.

La reconversión de la llamada derecha en la UCD, AP y CDS, para, posteriormente desembocar en el actual PP, un partido liberal nacido, a diferencia del PSOE, en la democracia, culminó los acuerdos del Turno Pacífico 2.0. En este Turno, los cambios de gobierno se producen siempre de forma traumática, si bien el Cánovas o el Sagasta entrante jamás degollará al saliente (impunidad de Mister X). 23F, la “dulce derrota” de González y la matanza de Madrid. Se observa, con el paso de los años, un incremento de la violencia física y discursiva en el seno del frentepopulismo, a causa de una agudización de las contradicciones que lo definen.

Y todo esto para llegar al actual PP y el 11M. ¿Qué se puede esperar del Partido Popular si logra ganar las elecciones generales? Lo mismo que hasta la fecha: nada. Más de tres años después de la matanza, sus líderes todavía siguen escondiéndose ante la opinión pública, a pesar de que ellos gobernaban en el momento de la masacre. Se argumenta desde foros liberales que, si el PP se implicara de lleno en la búsqueda de la verdad, se vería inmediatamente cercado por los medios y los partidos políticos; que la sociedad española todavía no está preparada para saber la verdad. Esos argumentos son, precisamente, los que sirven para perpetuar la mentira. Si la sociedad española no está preparada para conocer los nombres y apellidos de quienes planearon, ejecutaron y encubrieron el asesinato de 192 personas, se tendrá que resignar y adaptarse a la catarsis. Los discursos paternalistas no pueden ser válidos para una sociedad que aspira a estar en la cresta de la ola de Occidente.

Si el Partido Popular no ha hablado en tres años, no importa por qué motivos, está del lado de la mentira, aunque repugne. Si el PP está preso del Turno Pacífico 2.0, del que Aznar trató de salir en su segunda legislatura con más torpeza que acierto, que ponga en marcha los mecanismos para iniciar una ruptura seria y decisiva para nuestro presente y futuro. Y que del Turno Pacífico 2.0 aprenda que no se negocia con la Bestia, sino con los españoles, cada cuatro años, con la verdad por delante. Si lo hace así, obtendrá el apoyo masivo de los ciudadanos y contribuirá a que España disfrute, algún día, de un régimen democrático sano. Mientras el PP siga embarcado en el Turno Pacífico 2.0 y mantenga a España como colonia de una burguesía catalana decadente y eternamente proteccionista por acción u omisión, el margen de maniobra será diminuto, inversamente proporcional al margen de ruina económica y moral.

Mientras eso llega, o se queda en la historia de los sueños rotos, la luz del 11M sólo surgirá a través de los medios de comunicación. Luz que será aprovechada por los populares para, quizá por segunda vez, alcanzar el gobierno por desgaste del rival. Una vez con las riendas del Turno 2.0, el sonido del carpetazo nos va a doler a muchos, como nos dolió en 1996.

Recordemos nuevamente las palabras de Cicerón: “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.”  Del silencio sobre Mister X al 11M.

Caiga quien caiga.