Me aseguran que renunciará la próxima semana. De ahí sus declaraciones en la Isla de Java. La misma fuente dice que “ha perdido el juicio”, pero juzgo imprudente titular “Enloquece Olga Sánchez”, y ambiguo quedarme en “La Fiscal pierde el juicio”. Añadiría frivolidad a la de una presunta servidora pública que oculta con ataques graves incumplimientos.

La renuncia es creíble: sobran motivos. No por errar: es humana. Ni por haberse opuesto a pruebas imprescindibles. No por trabarse en cada esdrújula, desconocer la gramática, prescindir de la lógica. Ni por aprovechar su toga para atacar a quienes no se juzga. Ni siquiera por sugerir interpretaciones mágicas del 11 de marzo o no saber contar hasta once. Es por no haber defendido la legalidad.

Españoles o indonesios – quiero ignorarlo – costeamos a la Fiscal una carísima disertación en Yakarta sobre lucha contra el terrorismo. Sabe poco del tema, así que aprovecha el viaje: entre baño y baño, Doña Olga acusa a “algunos” de “haber querido hacer una interpretación sesgada e incluso crematística”. Desde la tribuna veraniega que le pagamos, en vez de investigar la montaña de datos que periodistas y ciudadanos aportan cada día tacha su labor de crematística. He dejado de sentir compasión por esta mujer inestable.

Todo lo que sabemos de la masacre del 11 de Marzo es a pesar de la Fiscal Olga Sánchez. Se opuso al análisis de los explosivos, a aclarar por qué los “traductores italianos” se inventaron una declaración al dictado de la policía española, a toda diligencia que pudiera desmentir la “versión oficial” pese a acercarnos a la verdad. En vez de pedir perdón y reparar el daño, desde su duro veraneo en Java se queja: “He sufrido insultos, descalificaciones, agravios y he vivido una situación muy difícil de soportar, pero había que seguir adelante".

Dice haber sufrido quien rechaza investigar lo que le exigen los que sufrieron. Sabiendo que le leerán quienes perdieron un hijo, una mujer, una pierna. Poco importa ya que a esta mujer le mueva su inmadurez, la ambición de un dorado puesto ante el Tribunal Supremo o, como sospecho, la simple estulticia. Debería callar ante los medios quien calló en el juicio: permitió la inmediata destrucción de pruebas, no le inquietó que los imputados fuesen colaboradores de la policía, asumió que al suicidio de Leganés se llegase por un tiroteo en Zarzaquemada, versión sustituida por un rastreo de teléfonos móviles y desbaratada por un Sánchez Manzano que declara saber a las 12 de la mañana que en Leganés ocurriría lo que nadie pudo haber sabido hasta la noche. Interés crematístico, el de saber por qué diablos nada de eso interesa a la Fiscal a la que pagamos.

Para Olga Sánchez esto es política. Hay “personas que todavía no han asumido que hubo un cambio de Gobierno simplemente porque hubo una mayoría suficiente para cambiar el Gobierno". Ignora que miles de ciudadanos, ante el ataque del PSOE y el sospechoso desprecio del PP, nada ganamos al proclamar lo que solo nos traerá problemas. Olvida que hay padres que buscan saber quién asesinó a sus hijos. Es incapaz de entender que el único y generoso pago que muchos recibimos es el agradecimiento de unas víctimas a las que tanto debemos. No entiende que queremos saber.

Sospecho que mi fuente se equivoca. La Fiscal Olga Sánchez no va a dimitir. A esta sumisa servidora del Poder Político solo le preocupa no perder el juicio. A esta extraña funcionaria, que en la Sala miraba con ostentosa agresividad a una abogada de las víctimas, no le inquieta que se hayan desbaratado las pruebas prefabricadas que quiso tragarse junto al Juez del Olmo. Se cree una heroica servidora de la Justicia acosada por pérfidos intereses políticos y periodísticos. Por eso, en vez de callar prudentemente, habla, atropellando con su insensatez el derecho de las víctimas que le pagan el sueldo.

Después de todo, quizá mi fuente no se equivoque. Ocurra lo que ocurra en la sentencia, sus frívolas palabras desde la isla de Java reflejan que la Fiscal Olga Sánchez ha perdido el juicio.