Lo ocurrido recientemente en el pueblo de Rodiezmo, amén de ser un acto inconstitucional, tiene un peso y unas consecuencias sociales, un necesario coste electoral, cuya mayor sensibilidad recae en la comunidad cristiana al ser ella la especialmente agraviada. Zapatero ni observa el domingo ni deja santificar las fiestas, ni cumple con la ley de Dios ni permite que un pueblo pueda hacerlo, ni entra ni deja entrar en el Reino de los Cielos. Lo del Cesar es del Cesar, y lo de Dios, también parece ser del Cesar.

El pasado domingo, los vecinos del pueblo asturiano de Rodiezmo, así como el sacerdote que camina con esa comunidad, asistieron conmocionados al cierre de su iglesia, quedando la feligresía sin misa dominical porque la asistencia del presidente del Gobierno exigía una mayor vigilancia, sólo posible desde la misma iglesia. Zapatero se ha exaltado a sí mismo, convirtiéndose en señor del mundo, actuando según su santa voluntad, imponiendo a los españoles su intolerancia, sectarismo y exclusión, creando un evidente malestar entre los católicos.

Formulemos algunas preguntas de un modo apresurado ¿Qué reivindicación tiene pendiente el presidente, amenazando de esta manera tan ilustrada y caciquil la convivencia humana? ¿Qué respeto se ejerce sobre los españoles en el libre ejercicio de sus derechos? ¿Quién debe autorizar la clausura coyuntural de una iglesia? ¿En nombre de quién actúa Zapatero? ¿Acaso la Iglesia Católica constituye un peligro, una rémora insalvable para el buen funcionamiento democrático de su Estado Ideal? ¿Puede, en fin, un católico, apoyar a un Gobierno que utiliza el poder discriminando a una parte sustantiva de la comunidad humana?

Temo envilecerme, pero quizá deban producirse semejantes actuaciones para que se produzca la veritatis splendor, para que se despliegue en toda su dimensión el auténtico talante del presidente del Gobierno. El desprecio ejercido hacia los creyentes queda patente. La pretensión de cancelar todo recuerdo de Dios, no ya sólo ad extra, sino también ad intra, lleva a Zapatero a diseñar un hombre y una sociedad llenos de prejuicios históricos, y a convertirlo, por eso mismo, en un político y en un gobernante enteramente peligroso. El empleo de ciertas medidas políticas y de actuaciones de naturaleza abiertamente beligerante y laicista; el empeño, una vez determinado el objetivo político, por instaurar una determinada antropología en la sociedad, autoproclamada plural y laica, democrática y moderna, pasará factura a un Gobierno que no sólo pretende expulsar a los católicos de la vida pública, sino impedirles su paso a la iglesia cuando las circunstancias así lo aconsejen. Ustedes decidirán.

Roberto Esteban Duque
Doctor en Teología Moral