MUJERES DEL SIGLO XXI 8 de marzo ¿ Día de las "Marujas"?
Es evidente que la mujer participa en todos los ámbitos de la vida pública, laboral y familiar, que ha demostrado estar igual de preparada que el hombre y que, gracias a sus cualidades femeninas, además, puede y debe ofrecer una valiosa aportación a la sociedad. Pero hay algo en todo esto que me preocupa. Y es la insistencia de nuestros políticos en maquillar una igualdad que no existe en la realidad.
El anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía de la Igualdad entre mujeres y hombres de nuestro ingenioso Ministro Caldera me parece una barbaridad que como mujer me niego a aceptar por parecerme igual de discriminatoria que la situación que intentan condenar. No quiero que me contraten por ser mujer, sino por mi valía personal y profesional, no quiero que me promocionen en mi puesto de trabajo sin merecérmelo, no quiero participar en los consejos de dirección sólo por ser mujer, sino por méritos propios. Sin embargo, sí quiero la igualdad real de oportunidades, la protección de la maternidad y un sueldo justo.
¡Y encima nos toman por tontas! Este proyecto de Ley se ha aprobado, según cuentan fuentes sindicales, de forma imprudente y precipitada, en el Consejo de Ministros cinco días antes del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. ¡Qué casualidad!
El 8 de Marzo celebramos el día de la Mujer Trabajadora y, otro año más, nuestros políticos se reunirán con grupos muy bien escogidos de mujeres de todo tipo y condición social y laboral. Elogiarán la aportación de las mujeres a la sociedad, reconocerán el avance de la mujer en la lucha por la igualdad de derechos y prometerán a muy corto plazo la equidad de sueldos (recordemos que las mujeres ganan un 50% menos que los hombres en el sector privado y un 10,7% menos en el sector público). Además, prometerán una mejora sustancial en las políticas de subvenciones para madres con niños pequeños, augurarán el éxito de nuevas medidas legislativas contra el acoso sexual en el trabajo y, nos recordarán que las mujeres trabajan con contratos a media jornada para conciliar la vida laboral y la vida familiar.
Desgraciadamente, y todos lo sabemos, estas promesas solo servirán para hacerse la foto del día, puesto que los hombres que durante años han organizado la vida profesional y, las mujeres ancladas en un viejo feminismo no consiguen solucionar el verdadero y fundamental problema de la mujer trabajadora: se olvidan , se quieren olvidar , que las mujeres trabajadoras también somos madres.
Y como madre-trabajadora exijo a las Administraciones que creen las condiciones para poder compaginar ambas actividades. Las mujeres tenemos derecho a trabajar en el lugar para el que estemos profesionalmente preparadas, pero también a ser madres y sentirnos compensadas emocional y económicamente.
Dicho esto, quiero hacer un canto especial a un grupo de mujeres del que nadie habla y que no saldrán en la foto, un grupo que pasa totalmente desapercibido, pero que está ahí. Son las madres de familia, las amas de casa, las “marujas” .Estas maravillosas mujeres están acostumbradas, desgraciadamente, a que la sociedad las humille, se mofe de ellas y las infravalore y, cuando les preguntas en qué trabajan, te suelen contestar: “No, yo no trabajo”.
Por Dios, ¿Cómo que no trabajan?
Es verdad que el trabajo del ama de casa parece sencillo, no tiene reconocimiento social ni económico; incluso parece que pueda hacerlo cualquiera. La soledad de la mujer, la incomprensión, el trabajar las veinticuatro horas del día sin un mínimo de reconocimiento familiar ni social, la indiferencia y el desprecio por su trabajo son heridas que van mermando las maravillosas contribuciones que estas mujeres aportan de manera silenciosa a nuestra maltrecha sociedad.
Las amas de casa son mujeres de sus maridos, madres de sus hijos, enfermeras, psiquiatras, profesoras, gerentes, administradoras, secretarias, psicólogas, negociadoras, y si, además, trabajna fuera de casa, es para nota.
Un ejemplo claro lo podemos encontrar en aquellas mujeres con estudios, la mayoría universitarios, que han ejercido su profesión antes de casarse y que dejan su puesto de trabajo -en muchos casos haciendo un gran sacrificio personal-, para dedicarse al cuidado de sus hijos, ocuparse de las labores domésticas y beneficiar la proyección profesional de todos los miembros de su familia, ofreciéndoles generosamente un 100% de disponibilidad en su vida laboral. Las cifras no engañan. Según el INE, cada año unas 4000.000 mujeres abandonan su trabajo para asumir sus responsabilidades familiares.
Personalmente, me enorgullezco de pertenecer a este maravilloso grupo de mujeres. Trabajadora y ama de casa; no me siento una “maruja” y reto a cualquiera que me considere peyorativamente a que realice mi trabajo durante una semana. Sí, solo una semana.
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