Libre Albedrío No es guerra,
es TERRORISMO
El sábado 25 de febrero, entre uno y dos millones de españoles se manifestaron en Madrid convocados por la Asociación de Víctimas del Terrorismo. La mayor parte de nuestras víctimas lo son por culpa (sí, he dicho por culpa) del fanatismo nacionalista vasco. Un fanatismo criminal que tiene responsables inmediatos y últimos, co-responsables y cómplices, por acción u omisión, por plácet, por recolección de nueces, por sonrisa estúpida, por pactos “geo-excluyentes”, por mentiras históricas, por manipulaciones colectivas, por desvergüenza, por cobardía o por traición.
Después de leer en la prensa algunas declaraciones tan repugnantemente absurdas como las de Josu Jon Imaz, ese señor de barba autoerigido en autoridad nacional sobre este asunto, que dice que “si ETA abandona las armas, habrá que tomar algunas decisiones dolorosas para las víctimas” o un anuncio con mensaje subliminal, sibilina y continuamente repetido en Televisión Española por la periodista Mamen Mendizábal, que empieza diciendo algo así: “esta semana ha habido por parte de las víctimas del terrorismo varias manifestaciones, algunas a favor de la política antiterrorista del gobierno, otras en contra…”, quizá alguien se pregunte si merece la pena buscar la génesis de este mal llamado conflicto.
Yo no suelo conformarme con las mentiras cien o mil veces repetidas.
No existe un conflicto vasco. En el ahora llamado País Vasco hay una banda terrorista que se fundó en 1.959 bajo los auspicios del PNV y que ha sido varias veces refundada. Sus objetivos, dicen los mismos terroristas, son la secesión de una parte de España, la anexión, porque sí, del antiguo Reino de Navarra y la secesión y ulterior anexión también de lo que ellos llaman Iparralde, una parte de Francia que consideran les pertenece, también porque sí. Todo ello formaría una entidad política soberana, que denominan Euskal-Herría (tierra de los vascos) y que ya tienen dividida sobre el papel en siete “territorios”. Ni que decir tiene que semejante “nación”, o lo que sea, no ha existido jamás como entidad unitaria de carácter político, ni siquiera en la imaginación del orate Sabino Arana. Además de todo esto, y aquí reconozco que me pierdo un poco, con tanta asamblea y refundación, la banda ha declarado en numerosas ocasiones su credo marxista-leninista y su intención de configurar una república de este cariz.
Por supuesto, tampoco es cierto el mensaje machaconamente repetido de que el deseo de los españoles es la paz (menos aún a cualquier precio). Y no es cierto porque los españoles ya estamos en paz, puesto que no estamos en guerra, desde hace muchas décadas. Si lo estuviéramos, nuestras FF.AA. harían uso de su armamento para defendernos, pero no es así. Los españoles, todos, absolutamente todos, vascos y no vascos, somos objetivos susceptibles de ser asesinados, heridos, mutilados, secuestrados o torturados, salvo, claro está, que paguemos por nuestra vida. Podemos pagar con dinero o con honor. Si nos vendemos a la causa de los asesinos con sonrisas, con palmaditas, con connivencia, con corrección política, con algún que otro oportuno silencio o pagando chantaje, puede que dejemos de ser objetivo. En caso contrario, todos, absolutamente todos, estamos en la lista. Sí, es cierto que a unos se les ve más que a otros, porque llevan uniforme, o porque son figuras de relevancia pública, o porque son más valientes y hablan más alto o más claro, pero… aviso para navegantes, no por estar más callado o abstenerse de llamar a las cosas por su nombre está uno libre de pasar por el sitio inadecuado en el momento menos oportuno. No merece la pena. Es una cuestión de dignidad.
Por esto, los que ganan todas las batallas no son realmente profesionales; los que consiguen que se rindan impotentes los ejércitos ajenos sin luchar son los mejores maestros del Arte de la Guerra. (Sun Tzu)
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