Nos han encallecido tanto el alma que no sólo no nos indigna, que no sólo no nos parece incorrecto, sino que más allá de la no aceptación de la “medida” nos deja en la más total indiferencia, siendo este hecho todavía mucho más grave que si la aceptáramos. Nos han encallecido tanto el alma que nos parece razonable, lo increíble.- literalmente in-creíble, no creíble- y llegamos a creerlo y, aún es más, ni siquiera nos inmuta.

Funciona, y funciona muy bien, la propaganda, el lavado de cerebro de las masas. Nos tragamos, como un sapo que fuera inevitable desayunárselo, sin empacho, sin problemas, sin ningún tipo de sentido crítico, como algo normal el que haya que pagar a alguien para que deje de matar.

Hemos conocido que se prometió pagar a los etarras, como si de funcionarios se tratase, por un servicio prestado a la sociedad. Excelente medida para construir el estado del chantaje. Excelente manera de construir una sociedad en la que se imponga la ley del más fuerte.

Del mismo modo, ¿no sería lógico que los ladrones exigieran un sueldo para dejar de robar?, ¿no sería lógico que los violares exigieran un salario para dejar de violar?.

Realmente, lo que verdaderamente escandaliza es que no nos escandalice y que estemos tan tranquilos en nuestros retiros estivales, mientras a los etarras se les pretendía pagar más que a los sufridos mileuristas.