Quizás se pregunten por qué, habiendo otros grupos que expusieron los mismos argumentos contra la política antiterrorista gubernamental, me decanto concretamente por la AVT. Tal vez sea porque ellos han sido los más directa e injustamente agredidos por los adalides del talante. Acaso se deba al hecho de que los motivos para mantener sus discrepancias con el Gobierno están por encima de cualquier interés personal o político. Puede que simplemente admire un modo de proceder ante la adversidad absolutamente ejemplar e inquebrantable a pesar de los injustificables ataques sufridos. La verdad es que se trata de todo ello.
La culpa de que ETA mate sólo es de la propia banda. La intención asesina sí, pero desde el momento en que a pesar de las múltiples señales y advertencias se insiste en el error, en este caso negociar con la banda, el errado comienza a adquirir cierta responsabilidad en el asunto. Entre otras cosas porque deja de ser un ingenuo para convertirse en un peligroso negligente.
La AVT fue tachada de fascista, intolerante, partidista... la lista de improperios es larga, por decir que sucedería lo que ya ha sucedido. Hasta la fecha el Ejecutivo no se ha dignado a pedir disculpas y, pienso yo, que una de las mayores faltas de educación es la de no saber admitir un error. Claro que cuando este comportamiento lo realiza un presidente y sus compinches, resulta mucho más grave.
Para empezar, se otorga a ETA cierta impunidad. Se relajan la justicia, los cuerpos de seguridad vascongados, y hasta la constitución se esconde bajo la pata de esa mesa cojeante que todos poseemos, incluso la Moncloa. Nos encontramos pues a una Banda terrorista que, gracias a que su actividad extorsionadora y cuatrera nunca llegó a cesar, se encuentra rearmada, fuerte y hasta con un poco de tripa por el excesivo relajo. Con el Gobierno humillado y débil tras la liberación de De Juana, ETA parte las peras con el PSOE el cual, dos semanas antes, suplica a su consorte un poco más de tiempo, al menos hasta las elecciones. La respuesta no se hace esperar. Ni hablar del peluquín. Esta Administración es tan transigente que resulta complicado inventar excusas para seguir matando a los “opresores”. Dicho esto, el buen Iñaki regresa a prisión, de la cual nunca debió salir y donde le sirven el té frío. Sus amigos, aprovechando la circunstancia, encuentran ahí la excusa perfecta para justificar ante su apoyo social el regreso al lucrativo negocio del terror.
Hemos retrocedido muchos años en la lucha contra el terrorismo, o lo que es lo mismo, muchos muertos para nada. Personas que siguieron plantando cara al nacionalismo fascista sabedores del riesgo que corrían y cuyas vidas fueron truncadas por las balas o la metralla. Ahora volverán la incertidumbre, la psicosis, el mirar a ambos lados antes de salir de casa y los tiros en la nuca. Cuánto tiempo tardaremos en recuperar lo alcanzado o cuántas vidas, es algo absolutamente incierto.
Vistas las consecuencias del presunto candor socialista, queda claro que la Asociación de Víctimas del Terrorismo tenía razón.

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