Papanatas, paletos por doquier. Eso es lo primero que pensé al conocer que se había premiado con el Príncipe de Asturias a Al Gore. En su momento ya lo pensé también cuando el tipejo se presentó aquí con su pinta de yanqui progre rico y el stablishment español al completo cayó rendido a sus pies. De la progresía no cabe esperar otra cosa, pero no nos consolemos estúpidamente: en la progrelandia derechosa el papelón fue el mismo. Lean estos días de exaltación del apocalipsis climático las páginas teledirigidas por ese movimiento antihumanidad que es el ambientalismo radical. Si eso es periodismo yo soy la pantera rosa. ¿Donde está el constraste de fuentes?¿Dónde se informa con rigor al lector de que el origen humano del calentamiento global es una mera hipótesis? ¿Dónde se pone de manifiesto lo mucho que tiene de contario a la ciencia, a la lógica al mero sentido común esa hipótesis? ¿Se puede entender que un movimiento tan profundamente anticapitalista como el ecologismo dicte las páginas de los periódicos presunamente liberales?

Cualquier periodista con un mínimo sentido de la ecuanimidad que se acerque a la controversia sobre el cambio climático debería escapar como el gato del agua de esos titulares catastrofistas que nos anuncian los profetas del desastre. Cualquiera con un mínimo respeto por la humanidad debería al menos preguntarse si esta locura mediático-política tiene el menor sentido.

¿El cambio climático debe ser una prioridad para la humanidad? ¿No tenemos unas cuantas cosas más urgentes en que gastarnos esa fabulosa cantidad de dinero que según Kioto debemos gastarnos en parar el océano con un dedo?¿Por qué nunca leeremos en un titular que no hay nada que la humanidad pueda hacer para evitar el cambio climático? ¿Por qué tenemos que gastar esa cantidad ingente de dinero en retrasar unos pocos años lo inevitable? ¿Se ha vuelto loco todo el mundo?

Viene el ricacho progre a decirnos que hay que detener el progreso y en vez de darle una patada en el culo lo que hacemos es ponerle unos cuantos cheques más en la mano para que pueda seguir manteniendo un estilo de vida que es exactamente el contrario al que predica.

Siento no sólo pena sino una tremenda desesperación al pensar que son cínicos como este los que marcan el valor moral de nuestra civilización. Una enfermedad terrible está corroyendo la más fabulosa cultura que ha sido apaz de crear la humanidad a lo largo de su historia. La cultura de la libertad, de la autonomía personal, de la larga vida, del ocio, del arte, del progreso material, de la ciencia está siendo socavada por un autodesprecio increíblemente difícil de explicar.

Estos apóstoles del apocalipsis que tanto partido le sacan al capitalismo acabarán provocando el colapso ético e intelectual si la resistencia a su cruzada contra el Hombre sigue sin crecer lo suficiente. La resistencia contra este tipo de hipócritas, el demagogo movimiento antioccidental que los sustenta y los valores populistas que intentan imponer al mundo libre es ya una urgencia desesperada. No podemos perder más terreno. Cada día que pasa nos acercamos al punto de no retorno.

Basta de Kioto, primero tenemos que vencer al hambre, a enfermades fácilmente superables, a la ausencia de libertad, a la falta de agua potable, a la ausencia de oportunidades materiales. Déjense de joder con ese absurdo de querer controlar el clima ¿No se les ocurrió algo más difícil como reto? Qué se yo, como ir a por un a estrella y atarla a la Luna. Ya puestos. Hay gente que prefiere a los delfines a las personas. Bien, son muy libres. Pero no hay ninguna razón para que las personas razonables hagamos de su delirio un dogma de fe.

Acaban de darle el Príncipe de Asturias a una ideología dogmática que es un peligro para la libertad y el progreso. Y lo han hecho en la persona de un hipócrita que ha hecho de esa ideología un negocio muy lucrativo. No puedo imaginar un premio peor fallado.