Voy a pasar por alto las violentas elecciones municipales vascas para hablar exactamente de ellas. Esto obedece, y no es óbice sin embargo, a la poca importancia de unos comicios que no son tales pues participan en ellos asesinos y cómplices de los citados, tan lejos como me concierne.

Fíjense no obstante en el pueblo de Elduain, manténgalo en mente, hablaré de él dentro de un par de líneas.

Respecto a las elecciones en cuestión podemos resaltar que el nacionalismo ha perdido votos. Albricias y zapatetas, viva la Pepa y también Pepe, que es muy buena gente y a quien aprovecho para saludar. Pero no todo es alegría y alborozo, mi gozo en una perforación desde la cual se accede a un acuífero. La perdida de votos del PNV, entre otros, se debe a lo que no debería deberse. A que les han tocado el bolsillo. Asesinatos, amenazas, extorsión... y siguieron votando a quien las legitimaba. Sienten flaquear sus economías y a cambiar de chaqueta, hala.

Convencido de su todopoderosa influencia gracias al bajo precio de la cerveza de los batxokis y otras cosillas, el hegemónico PNV se creyó invulnerable y comenzó a realizar tejemanejes monetarios en su propio beneficio. Así pues, hay cosas que acaban por minar la paciencia del elector vasco, como esos ocho millones de euros cuyo paradero se desconoce tras despilfarrarlos en carreras de coches por el centro de Bilbao —vaya bilbainada—, o la sanidad pública que se mantiene a duras penas, pues se invierte infinitamente más dinero en el negocio que supone resucitar el euskera —cuántos viven de ello— que en tiritas, hospitales, ambulatorios, personal sanitario cualificado y otras menudencias, oigan.

Bien, les dije que hablaría de Elduain, y lo haré, pero tengan paciencia que no por mucho madrugar amanece más y mejor.

A de Juana le han dado el alta. O no, pero se espera que la reciba en breve, su abogado dice que sí, el Gobierno que tararí... El asunto, porque esto tiene la gravedad suficiente como para llamarlo asunto, es que a semejante macho cabrío dudan si enviarlo a casa con una pulserita de diseño exclusivo o a la cárcel. Todo queda en las independientes manos de la justicia, que, por desgracia, es más o menos ciega dependiendo del Ejecutivo que la presione. Olviden que he dicho esto, porque según algunos es sucia y cochina mentira y no guarda relación con el hecho de que cada Gobierno atornille a su acólito favorito al sillón del Fiscal  General del Estado, pésimo este último, por cierto. En fin, ya ven lo barato que resulta matar en este país. Pronto las agencias de viaje ofertarán a las mafias de todo el mundo viajes a España con el eslogan “venga a matar a España”.

Llegó el ansiado momento. Seguro que ya deseaban que terminase este compendio de letras extrañamente unidas por los lazos del diptongo, el hiato y el fervor por el marisco.

No crean que me olvidado, prometí hablarles de Elduain, y procedo:

Elduain es un bello pueblo situado en Guipúzcoa cerca ya de la belle France, pero no tan ahí. Rodeado de robledales y hayedos se encuentra situado en un entorno natural privilegiado que hace de él un lugar único para pasar un agradable fin de semana con nuestra pareja o con la de otro siempre que éste no se entere. No hay que dejar de probar el buen txakolí de la taberna local y su gastronomía casera,  con ese gusto que sólo los vascos sabemos dar a nuestros platos cargados de tradición y solera, o antigüedad en el mostrador, como quieran llamarlo.

Para finalizar sólo me queda decir de este bello paraje euskaldun que de las ciento ocho personas que acudieron a las urnas las pasadas municipales veinticuatro votaron en blanco, uno al PP y ochenta y tres dedicados con cariño para ANV. Lástima que todas las listas de dicho partido en ese pueblo fueran impugnadas por terrorismo corrupio. Por un voto, por uno sólo, el alcalde es ahora del PP. Queridos lectores, he de abandonarles para reírme un rato, que es muy sano.