El fuet diferencial La bruja Selenita (y II)
(Continuación)
Dicho y hecho. Puso sobre la caja de madera un tapete en el que había pegado el abecedario, unos números del uno al cien y un vaso. Apagó la luz y encendió una vela. Se concentró de nuevo durante unos minutos, colocó unos dedos sobre el vaso y dijo.
- Si hay alguna entidad que se muestre ahora.
- Josep, esas son palabras mayores. Además, hay letras en desorden
- Todo está bajo control ¿Voy a encontrar pareja pronto?
El vaso se deslizó y señaló las letras s e i, es decir, sí.
-¡Bien collons!¿Ves como era el dichoso péndulo que no tiraba? Claro, como Selenita tiene tanta acogida no puede abarcarlo todo. Trabajar a destajo tiene estos inconvenientes.
- ¿La encontraré en breve?
Nueva respuesta afirmativa.
- ¿Cual es su nombre?
El vaso se deslizó lentamente y formó la palabra Antonio.
- ¡Pero que broma es esta, vaso!- exclamó Josep indignado. No puede ser. Eso ha sido por culpa del vaso que pertenece a un lote que mi madre compró en un mercadillo. Con un médium de media docena a cien pesetas no se puede trabajar. Lo barato siempre sale caro. Por lo visto si manejas cristalería de Bohemia hay más garantía.
- Cambia de vaso y ya verás como ha sido un error. ¿Tienes alguna copa de cava?
- No, pero tengo una copa de plástico de un helado que me compré la otra tarde.
Josep trajo la copa y volvió a preguntar.
La copa se deslizo de nuevo por el tapete y marcó Antonio Suárez Pedrosa.
- ¿Antonio o Antonia?- insistió Josep casi llorando. Por favor se conciso y ve al grano que me estoy jugando mi futuro sentimental.
Josep rodeó la A de su rústico abecedario con un rotulador. La copa echó a andar y marcó, Antonio, Anthony y Antoine.
- Josep, esto parece la torre de Babel.
- ¿Quien es ese tal Antonio de los cojones? No conozco a ningún Antonio y menos íntimamente.
- Josep, no sigas indagando que comienzo a preocuparme.
La copa le contestó lo que pedía.
- Toni es trabajador de la Seat. Taller siete.
- ¿Oriundo del Principat o más allá del Ebro?
- De Castilleja de la Cuesta.
- ¿Edad?
- 36 años.
- ¿Pierde aceite?
- Arbequino. De tal forma y manera que es menester echar aserrín a su paso de lo que salpica. En su pueblo le decían la Betibó. El mismo el cura le negó la comunión de lo mariquita que era. Hasta alardeaba y todo de su plumaje.
- ¿Es de izquierdas?
- Apolítico. Eso sí, bético hasta la médula.
- ¿Tiene lugar de encuentro?
- Calle de Trafalgar. Allí tienes tu casa.
- ¿A qué hora recibe?
- A partir de lasa seis de la tarde excepto cuando tiene turno de noche.
Aquello se había convertido en una conversación entre amigos. La Ouija parecía un vulgar chat de la antigüedad. Josep como un poseso no paraba de preguntar y la copa se deslizaba a una velocidad inusitada.
- ¿Tiene novio?
- Nada de eso. Está esperando su príncipe azul.
- ¿No seré yo por un casual el elegido?
- Tienes todos los números.
- ¡Basta!- grité antes que el vaso le dijese que se metiese las espardeñas en el culo- Para Josep. No sigas con esta locura porque la copa termina por sacarte los colores.
Josep sudando copiosamente dejó de preguntar, cogió la copa y de la rabia la hizo pedazos entre sus manos cortándose y comenzando a derramar mucha sangre. Le di mi pañuelo para que se hiciera un torniquete. Agarró el tapete, lo sacó a la terraza y le prendió fuego. Después arrojó sus cenizas por el sumidero.
- No se pueden abrir puertas sin estar puesto en la Ouija. Esto ha sido una interferencia paranormal. Alguien estaba trasteando y se nos ha colado el dichoso maricón del ramo automovilístico en nuestra conversación. O eso, o que la bruja Selenita anda por medio para seguir sacándole el dinero a mi madre. La voy a denunciar por intrusismo. Cuando la magia se pone al servicio del mercado se pierde hasta la fe, las formas y las maneras.
- Se me ha hecho tarde, Josep.
- Ni una palabra de lo que aquí has visto. Y a Selenita ni mentarla. He abierto por falta de experiencia la puerta de la mariconería y ahora voy a tener problemas para cerrarla.
Le di un abrazo y allí quedó Josep totalmente hundido. Lo contemplé durante unos segundos con el pañuelo de cuatro nudos encasquetado, un hilillo de sangre que le corrían por la sien, la mano ensangrentada que goteaba sobre la caja de frutas y hasta se me escaparon algunas lágrimas.
Han pasado ya muchos pero más o menos las cosas sucedieron así aunque el lector crea que es mi mente calenturienta la que ha recreado esta historia. Sobre la afición de Josep a las ciencias ocultas tengo más anécdotas. Tal vez algún día me decida a desvelar alguna más.
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