En un artículo pasado dije que las concesiones del PSOE a ETA no le iban a costar caro a las altas esferas socialistas sino a los concejales de a pie. A esas personas alejadas de la macropolítica y que, un buen día, preocupadas por los problemas cotidianos de su comunidad, decidieron presentarse a una concejalía. Por fortuna, en esta ocasión, la bomba ha fallado y, por tanto, también la banda en su propósito de acabar con la vida de Joseba Elola, número dos en las listas del PSE por el ayuntamiento de Getaria. Cosa que a la agrupación socialista le importa tres carajos mientras no suponga la perdida de votos. Por lo pronto ha declarado que esto no se puede considerar como un atentado sino como un simple acto de terrorismo callejero. Visto desde esa perspectiva si a un terrorista se le encasquilla el arma frente a su víctima ésta deberá agradecerle el haberle quitado el hipo de por vida. Vamos, que esto no es un intento de asesinato, como mucho, una broma pesada.
Hay que valorar el hecho de que ser concejal de un partido constitucionalista en el País vasco, especialmente en los pueblos, significa algo más que comulgar con las ideas de un partido o tener la inquietud de hacer algo por tus convecinos. Representa el proporcionar una alternativa de voto para el no nacionalista y también el triste hecho de que esa persona va a trabajar por un pueblo donde la mitad de la gente disfrutaría viendo sus sesos estampados contra una pared. Es, por tanto, mucho el valor y el arrojo que hay que tener para mantenerse en el puesto sabiendo que muchos de quienes le saludan cada mañana toman nota de la hora a la que lo hacen para entregar la información a los asesinos.
La próxima muerte de alguien a manos de ETA es un hecho anunciado. Pintadas expresando que “no puede haber paz con impugnaciones”, firmadas por SEGI, por si alguien pone en duda que tenga que ver con la banda, adornan muchas calles del terruño en un bonito color rojo hemoglobina.
El edil socialista se enfrenta ahora a la peor de las torturas: saber que es un objetivo a eliminar y que su coche puede estallar con él o con su familia dentro y que cuando salga a tomar unos pinchos con los amigos correrá el riesgo de salir del bar con una bala en la cabeza. Ahora mismo Joseba Elola no es libre, tendrá que mirar a ambos lados cuando salga de casa por si los terroristas deciden poner fin a su vida. Mientras, no muy lejos de Getaria, un tal Iñaki engorda y pasea con la tranquilidad de que nadie va a tocarle ni un pelo y la satisfacción de haber vencido.
Esta campaña electoral está siendo muy curiosa. Al igual que el partido nazi se rodeó de criminales y matones de la peor especie que se encargaban de amedrentar a sus oponentes políticos los simpatizantes de ANV llevan tiempo amenazando y agrediendo a ediles de otras formaciones y, por cierto, sin grandes consecuencias, que yo sepa. La vorágine de violencia contra los partidos constitucionalistas ha llegado a su máximo exponente con este último intento de asesinato, no condenado por ANV, que viene a demostrar lo que ya sabíamos: que el Gobierno va a acabar con el terrorismo, que la paz pronto llegará a la CAV y que ANV no tiene nada que ver con ETA-Batasuna.
Tan sólo estoy de acuerdo con los “abertzales” en que las listas de ANV no deberían impugnarse. Lo realmente necesario sería ilegalizar a ese pseudopartido o partido-tapadera que cuenta entre sus listas, incluyendo las no impugnadas, con personas cercanas a Batasuna que, no hay que olvidarlo, es una organización terrorista.
Como prueba de lo que digo les muestro el breve fragmento de un artículo de Niko Gutiérrez, edil del PSE en Ugao-Miraballes amenazado por ETA, titulado La lista de Josu Ternera. En él denuncia la contaminación de las listas de ANV por el ayuntamiento de su pueblo.
“Número 1. Bonifacio Badillo Rubio. Candidato de Euskal Herritarrok en el año 99 e integrante de la lista ilegalizada Biderdi en el año 2003, además de ser el padre de Irkus Badillo, portador en la caravana de la muerte de 500 kilos de explosivos destinados a volar medio Madrid.”
“Número 5. José Ángel Gómez Rueda. Apoderado de Euskal Herritarrok en el año 2001”
“Número 8. Ana Tere Salazar. Al fiscal no se le puede haber pasado que ha sido candidata por HB en el 87, 91,95 , por EH en el 99 y por Biderdi en el 03.”
Estas tres personas son las que me parecieron más llamativas de las once que conforman las susodichas listas, todas relacionadas con Batasuna y diversas plataformas análogas o directamente con ETA.
Como ven la impunidad etarra es total, la impugnación de listas, una pantomima, además de la excusa perfecta para que ETA pueda seguir con su negocio de matar, y los muertos, siguen siendo los mismos. La gente idealista y valiente que no dispone de coches blindados ni viajes privados en aviones del ejército.
Este jueves veinticuatro de mayo de 2007 Joseba Elola ha vuelto a nacer, desgraciadamente, para vivir una pesadilla.

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