Seguro que muchos de ustedes tienen sobrinos. Por tanto sabrán que un sobrino es un niño de corta edad al que uno puede enseñar a fumar puros, apedrear farolas y a pronunciar todo tipo de palabras malsonantes, como jolín, por ejemplo, sin responsabilidad ni consecuencia alguna, pues para eso están sus padres. Hala, que se encarguen ellos de educarlos; a los tíos nos queda reservado el privilegio de malcriarlos.

Se preguntarán por qué, saliéndome tanto de mi tema habitual que es el vasco, les hablo de sobrinos. La repuesta es simple. Mi sobrino es vasco —un añito tiene el chiquillo— y como tal acudió, con su madre y sus tíos, al Servicio Público De Salud del terruño (Otsakidetza) este domingo día seis. El pequeñín tenía, entre otros síntomas preocupantes, fiebre, tos persistente e intenso moqueo, lo cual le dificultaba la respiración. La cuestión es que la doctora que le atendió nos hizo esperar un ratillo a pesar de ser los únicos pacientes. El motivo: estaba estudiando euskera durante su jornada laboral. Pareció molestarle nuestra intromisión, se mostró antipática con mi cuñada, ni siquiera tomó la temperatura al niño o preguntó por los síntomas y la despachó en menos de lo que se tarda en decir Iturrigorri. Así nos van las cosas. Cuando se da más importancia al conocimiento de un idioma preindoario que a la experiencia, la valía de la persona o su preparación académica o es que estamos gobernados por locos xenófobo-endogámicos o por el contrario es exactamente eso.
Es evidente la desesperación de la doctora: si no aprueba el euskera va a la calle, da igual que sea la única persona en el mundo capaz de clonar el queso de Idiazabal. Sin euskera no hay currelo. Así se desperdicia el talento de magníficos profesionales mientras personas, en ocasiones sin cualificar, dirigen centros educativos, por poner un ejemplo especialmente sangrante. Resulta, cuanto menos molesto, que luego los jerifaltes del Gobierno Vasco no pongan el grito en el cielo por el desconocimiento de esta lengua por parte de muchos de sus compinches, véase Anasagasti. Especialmente porque a causa del asuntillo eusquérico muchas y muy capaces personas se han quedado en el paro.

Visto lo visto, creo que voy a sacarme el EGA —titulación gorda que certifica que sabes más euskera que Ibarretxe— pues siempre tuve el capricho de ser neurocirujano y con eso y un par de cursos a distancia en dos meses... ¡a trepanar!