El fuet diferencial Una tarde de amor desenfrenado (II)
He reflexionado a lo largo de todos estos años. Incluso pegando carteles contra la OTAN me daba a pensar viendo a mi amigo embadurnando de cola las paredes del barrio y mascullando entre dientes consignas antiyankis. Incluso en reuniones de partido no podía abstraerme oyéndole hacer propuestas sobre los mejores lugares para repartir Mundo Obrero y El Treball.
Creo que la génesis de sus problemas radica en la sardana. En su pueblo natal aprovechaba las audiciones de sardanas para que sus más íntimos deseos tomasen cuerpo. Cuando la cobla la Principal del Ampurdán atacaba la Santa Espina, me lo confesaba Josep una tristona tarde otoñal saboreando su inefable copa de Terry.
- Créeme, surgía de mi interior los instintos más atávicos. La fiera rugía en mis entrañas y ese evanescente roce de mis manos con las de mi pareja de baile me hacía perder las cuentas originando en el mágico círculo un desconcierto de mil pares de cojones. Hubo mañanas que terminamos bailando la jota aragonesa de la que se formaba. Y hasta una muñeira de tal forma que la tenora sonaba como una gaita.
- Te ha sobrado la alusión a los genitales porque la descripción ha estado muy bien lograda. Tienes una veta poética que deberías prodigar más a menudo.
- La Santa Espina me disparaba los sentidos hasta tal punto que cuando el mossén percibía la calentura que provocaba en mi la dança mes bella de totes les dances que es fan i desfan, cambiaba de tercio y obligaba a la cobla a entonarse por el pasodoble suspiros de España que la verdad, compañero, me producía inmediatamente una disfunción eréctil y ya no había manera. No se si aquel mal fario es desde entonces el causante de ese especie de grisú que arruina mis relaciones. Eso sí, estaba una semana sin lavarme las manos para oler aquel perfume que la chica me dejaba impregnado.
- Una pregunta Josep, ¿España cañí también menguaba tu virilidad?
- La cobla tenía la querencia a Suspiros de España y de ahí no se apeaba. En cuanto el cura les hacía una señal negativa con la cabeza, los músicos realizaban su metamorfosis como por encanto. Como te decía, estos tenues tocamientos aún permanecen en mi memoria histórica- me decía al mismo tiempo que me señalaba con un arqueo de cejas una morena embutida en un estrechísimo tejano
- ¿Qué ocurre, Josep?
- Genuino culo cubano, compañero. Tengo el poder de identificar el culo cubano hasta con los ojos cerrados. Me comunico con el trasero isleño hasta con la mente. Lo he bautizado como telepatía culífera. Ese fenómeno según la vidente de mi madre solo lo ha observado en mí. Dice que tengo un don y que es de nacimiento. Y que si me entrenara llegaría a catalogar todos los culos del mundo según su procedencia, tamaño e incluso raza, color y religión. Pero mi energía la canalizo sólo al trasero santiaguero.
De nuevo Josep me había llevado al terreno en que mejor se movía. Le deje libar una pizca de Terry y entré en su juego.
El camarero acudió a llenarle otra copa de Terry
- Oiga, perdone, si usted como presiento tiene tanto saber en materia de traseros, ¿estaría dispuesto a darme clases particulares? Debo reconocer que soy poco docto en el universo del culo y usted puede ser mi guía y mi maestro. Se lo ruego encarecidamente, ilústreme en semejante arte.
- Con ese arte se nace y no se hace. Creo que usted no adivinaría ni un simple culo del país. Usted no tiene ángel- le respondió rechazándole con un ademán.
- ¿El trasero caribeño tiene medidas estándar o es único en su género, Josep?
- Maticemos, yo me refiero al cubano. De otras islas no hablo porque me he especializado en el de Cuba y más concretamente en el de Santiago. Me cuidaré mucho de opinar del culo puertorriqueño o del de Haití Ahora me inicio en el conocimiento del trasero que habita por la parte de Matanzas. El culo cubano es algo único, un trabajo de orfebrería. El resto tan sólo son franquicias. El trasero de la isla tendría que estar catalogado como patrimonio de la humanidad.
- ¿Es una especie a extinguir o tenemos asegurada su supervivencia?
- A pesar de todos los avatares que sufre la isla, el bloqueo, la gusanera y las carencias, vivirá eternamente. Mientras existan frijoles y el cerdo, el culo cubano dará que hablar hasta la eternidad. Los frijoles son al culo cubano como las bellotas al pata negra.
- ¿La sardana enciende la pasión como cantaban The Doors?
- La sardana ha sido el vehículo que me ha llevado a mi primer clímax, al infierno de las pasiones encontradas y finalmente, al onanismo que me esclavizó de por vida- declaró solemnemente al tiempo que se asomaba al escote profundo de la camarera que le servía la tercera copa de Terry-
- En semejante abismo metía mi hocico como si fuese un jabalí rebuscando raíces.
- Josep, procura contenerte.
- Me pides un sacrificio enorme. Cuando me asomo al precipicio insondable de una mujer, cuando me pierdo entre las cumbres borrascosas de ese canal, pierdo hasta el oremus. Te lo he dicho muchas veces.
- Para colmo de males, tienes vedado el pecho ebúrneo de Marysleyssis- le dije jugando también a ser algo poeta.
- Mi negra tiene mas tetas que espalda.
Toda una declaración de principios. En un segundo había roto la magia y el encanto de sus poéticas frases. Así que, como no había testigos, me dije mentalmente, “métete las espardeñas en el culo”. Era la primera vez que yo repetía la consigna. La verdad es que sentí algo de remordimiento pero al no haber nadie presente, quise tomar el testigo y asumir mi responsabilidad. Josep – volví a repetir- ¡métete tus espardeñas por el culo!
|