Hace unos días publiqué en esta su casa virtual un "Bien por el Gobierno" entre juguetón y provocador y genuinamente sincero. Por otra parte, además, se trataba de una muy breve reflexión porque problemas de salud me impiden mantenerme demasiado tiempo en el teclado. Sé que para la mayoría fue clara esa intención bienhumorada de juguetear con ese efecto sorpresa de que alguien tan clara, pública y notoriamente contrario al actual Gobierno obviara su opinión general sobre él para lanzar un elogio sin tapujos por una de sus acciones particulares. También sé que no todos han captado el tono relajado del elogio.

Muchos liberales o muchos conservadores ni siquiera le ven la gracia porque consideran que a un Gobierno que está destruyendo la paz constitucional no se le debe dar ni los buenos días. Y, por último, también sé que para muchos, los que se creen más radicalmente liberales, el elogio es injustificado puesto que creen que esta acción concreta de nuestro patético Gobierno socialista es de naturaleza antiliberal.

Hecho el somero resumen, déjenme hacer alguna pequeña reflexión. En primer lugar, toquemos la cuestión anímica. Es ya un lugar común la idea de que España está crispada y lo cierto es que difícilmente se puede negar esta realidad.

Las cosas políticas están muy mal para la Nación y se están dando pasos muy serios hacia la realización práctica de una idea de país que la mitad del mismo no comparte. Se están creando problemas muy graves que será muy complicado que tengan arreglo en el futuro. No es el momento de ir al detalle porque todos sabemos de qué estoy hablando. Es muy cierto la situación está para pocas gracias. Pero aún así me niego a convertirme en un organismo-palo incapaz de sonreír. Incluso aunque España perdiera Cataluña y el País Vasco, incluso aunque soltaran a los etarras, incluso aunque me prohibieran hablar en español, yo seguiría siendo un ser humano con ganas de vivir mi vida. Es cierto que tenemos un Gobierno que hace sentir vergüenza, pero, coño, no exageremos que seguimos teniendo una vida. Yo, por ejemplo, en cualesquiera circunstancias yo seguiré empleándola para leer comics y disfrutarlos.

Ahora un par de cosillas ideológicas. Algunos creen que es antiliberal la existencia de un reconocimiento oficial de la Nación a los artistas de diversas artes. Yo no lo creo. Creo que sería antiliberal un premio gubernamental y partidista, y creo que, seguramente, el actual Gobierno hará que el citado premio así lo sea mientras habite Rodríguez en La Moncloa. Pero me sigue pareciendo bien que España haga un reconocimiento público y oficial a un arte que, además, ha tenido que sobrevivir siempre contracorriente, teniendo que superar un cierto desprecio por parte del estamento cultureta. Siempre se ha considerado a la narrativa gráfica como una especie de artesanía para críos, lo que no se corresponde con la verdad. Este premio puede contribuir a reparar, en mi opinión, una injusticia y está muy lejos de suponer algo parecido a una subvención a una industria que no logra tener éxito, que es lo que parecen entender algunos liberales. Yo no veo lo antiliberal por ningún lado.

No me duele en prendas decir que el Gobierno hace algo bien. Es más, me encantaría poder decirlo más a menudo. No hay que exagerar viviendo avinagrados y, más aún, creo que conservar el buen humor será muy necesario para afrontar lo que aún nos espera con este Gobierno.

Así que, conclusión, aunque este Gobierno sea un desastre ¡vivan los comics! Y ¡bien por el Gobierno!