El socialdemócrata De Juana Blues
Es triste que una persona muera de hambre en nuestra sociedad y más triste aún que lo haga cuando está internada en un centro penitenciario, en teoría bajo la tutela de la Administración, pero que esa persona sea un terrorista de ETA, convicto y confeso, y que fenezca a consecuencia de una decisión tomada por esa persona de manera libre y consciente, no es que de pena es que deja bien a las claras la catadura moral de semejante individuo y sus correligionarios. A mí, no sé si al resto de la sociedad, se me debe de haber endurecido el corazón y no experimento sentimiento alguno respecto al terrorista famélico y demacrado que ponen en portada algunos medios de comunicación – alguno de ellos extranjero y bajo la égida del jefe de Aznar –, ni que se muera de hambre con el mismo aspecto que – perdónenme la comparación, por favor – aquellas víctimas de los campos de concentración nazis ¡Qué ironía! ¿No? Un nazi como De Juana muriéndose de la misma manera que sus adláteres dejaban morir a sus víctimas, claro que la diferencia es que este nazi se muere así porque le da la gana y aquellas personas murieron de esa manera porque los mataron esos mismos nazis a cuya organización criminal pertenece este sujeto.
La Administración Penitenciaria se está preguntando por las razones y mecanismos por los que el medio de comunicación del jefe de Aznar ha accedido a la zona en que se encuentra esta serpiente esquelética y le ha sacado fotos a todo color para ilustrar con su estampa de canalla en las últimas la portada de su diario, o lo que sea. No sé si es que han sobornado a alguien o que en la prisión en cuestión se pasan por el forro las normativas vigentes, que de eso ya se apañará la Administración, pero a mí como ciudadano de a pie me indigna que se le dé cancha a este asesino malnacido y sus palabras aparezcan en los medios de comunicación como si fuesen frases lapidarias que legar a la posteridad, mientras a la gente normal nos sepulta el horrible silencio, la división interna y la politización del dolor que causan esos nazis. Ya estoy harto de que cada dos por tres, cada vez que a estos degenerados del pasamontañas les da por escribir (sic.) un panfleto maloliente donde plasman su esquizofrenia galopante, me los tenga que ver a todas horas en la tele; que escuchar a cada momento en la radio; y que leer en cada página de los periódicos ¡Que no me importa un pimiento lo que digan! Que no quiero saber de esta gente nada, que por mí como si mañana los operan y los dejan sin coser, tirados en una cuneta, como hacían sus mayores – ideológicamente hablando – hace cincuenta años.
Aquí lo triste, lo que verdaderamente me parece lamentable, es que los medios de comunicación –y también algunos políticos – den importancia a las palabras de esas comadrejas, de estas alimañas, de esos nazis asesinos, que deberían permanecer en el más absoluto de los descréditos, porque es que no tienen la más mínima credibilidad, porque son terroristas, asesinos, criminales. Yo no sé ustedes, pero estoy hasta la coronilla – por no decir palabras soeces y malsonantes – de ver mamarrachos de estos de la capucha diciendo estupideces mientras los problemas reales de las personas normales parece que no interesen, cuando es lo que debería centrar la atención de toda la gente. Por favor, que no se escuche el blues de De Juana, y si se muere, que descanse en paz, que es lo que no podremos hacer los demás mientras sus congéneres sigan siendo nazis.
|