Un Golpe a la vida, el 4 de febrero de 1992. Cuando fue asaltada la democracia. Al Palacio de Miraflores en Caracas, a Guarniciones en el interior del país, así como a la Residencia Presidencial La Casona, también en la capital. Particularmente, ello me dejó una huella muy profunda. En esta residencia, atacada sin contemplaciones, a pesar de la posterior rendición, mi oficina, la de Información y Prensa, de la cual tenía a cargo la dirección, fue el lugar de acantonamiento de los facciosos, comandados por el actual presidente Hugo Chávez.

He anexado en mi Blog un video muy corto, donde podrán apreciar a este presidente expresar años después, que sí, que si estuvo “con un fusil en la mano”, como diciendo: “¿Y qué?”:

http://www.sinmordaza.net/martha/2007/02/05/golpe-... 

Y a 15 años resulta difícil contener la indignación cuando un día como hoy domingo 4 de febrero del 2007, nos ha tocado presenciar a los venezolanos democráticos, un desfile militar transmitido en cadena nacional de radio y televisión, de cuatro horas. En él, los oficiales de las fuerzas armadas que fueron formados con los valores y principios de la democracia, hicieron gala de proclamas revolucionarias y del “patria o muerte venceremos”. Indigno. Es para sentirse perturbado, avergonzado. ¡A lo que ha llegado nuestro país! Hombres que olvidaron su misión y visión para rendirle culto a un caudillo y apologizar un día de muerte, de dolor, de daños a la nación.

En nuestros días, aquí cargando con la desventura de un hombre golpista fracasado, pero ahora presidente. Un ser demoledor y destructor en potencia, fundamentalmente inconcluso, fiel expositor de los anti-valores y el deshonor, capaz de repetir las más grandes mentiras en los más grandes escenarios, capaz de avergonzar, abochornar y denigrar de su adversario, incompetente, incapaz de generar beneficios o algo que respire bienestar. Un golpe de verdad, no la farsa del 11 de abril del 2002 cuando al presidente viéndose descubierto por los crímenes a los marchistas que iban por la libertad, le tocó renunciar.

Y en el texto a continuación, una versión actualizada que publico cada año, se hace una relación de los hechos y su repercusión internacional, basada en el especial editado a pocas horas de los acontecimientos de la fatídica fecha, por un medio de comunicación de Venezuela:

Inmediatamente del intento criminal, el de asesinar a un presidente, Carlos Andrés Pérez y a su esposa, Blanca Rodríguez de Pérez, a su familia, así como a su entorno (también contábamos todos los que de alguna manera formábamos parte) las reacciones fueron muy solidarias, las internacionales bastante precisas, muchos políticos valientes dieron la cara, otros no aparecieron, y existe un buen número de anécdotas bien reseñadas en los medios. De ello haré un recuento a la manera de un ejercicio de recordatorio de este aciago día para Venezuela, 4 de febrero de 1992. Algo insospechado. Aunque se lee que se hablaba de un golpe anunciado, en mi existencia, a pesar de las evocaciones remotas cuando la caída de Pérez Jiménez nunca imaginé que viviría un golpe de estado, ni mucho menos que sería parte de él. Los titulares de la edición extraordinaria del Nacional, la cual conservo (me costó 20 bolívares), ese día reseñaban: “Se rindió el jefe de los golpistas”, “Frustrado asesinato a Pérez”, “CAP se le fugó a los golpistas por estacionamiento de Miraflores”.

Fotos de Jesús Castillo ilustraban el reportaje de Víctor Rodríguez: “La larga noche del Presidente”, relato desde el arribo de CAP a Maiquetía, hasta su llegada a Venevisión, pasando por el momento de ser sacado del Palacio por el Jefe de la Casa Militar, Mario Ivan Carratú, protagonista de esta historia, testigo fiel del trayecto y sus horas, cuando se defendía la democracia venezolana. CAP daba su primer mensaje sin protocolo ni bandera de Venezuela ni edecanes como backing al fondo. Al cabo de unas horas, ya en su despacho durante su tercer mensaje se retomaba la majestad presidencial y veíamos a un Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas firme anunciando que la situación se estaba normalizando rápidamente. Humberto Celli de AD, fue categórico, Fedecámaras dio su respaldo al gobierno, el Banco Central suspendió actividad en el mercado de las divisas. Andrés Velásquez, en ese entonces gobernador de Bolívar, garantizó que las empresas básicas de Guayana estaban operando con tranquilidad y también fue solidario con la institución democrática.

El Secretario General de COPEI, Eduardo Fernández casi seguidamente a la alocución presidencial, se pronunció en el mismo canal de televisión, condenando el hecho golpista al recordar que ninguna otra orden de ningún oficial de ningún nivel podía intentar quebrantar el juramento de lealtad que todos los soldados han dado a la Constitución Nacional, entre otras cosas mencionó que: “El prestigio internacional de Venezuela nos reclama en este momento una actitud muy firme y patriótica. Defender la constitución. Los problemas en una democracia se resuelven con votos y no con balas’’ Un pronunciamiento valeroso que le costaría mucho posteriormente. Se lo cobró el oportunismo, pero hoy y mañana su gesto, se lo reconocerá la posteridad. A primeras horas de la mañana los militares rebeldes que tomaron la residencia oficial del gobernador del Zulia Oswaldo Alvarez Paz, liberaron a sus hijos, mientras el permaneció secuestrado unas horas más y el Arzobispo de Maracaibo, Domingo Roa Pérez, hacia un llamado enérgico a los sublevados para que depusieran su actitud.

Igual Aldo Cerdeño, gobernador de Falcón por el partido verde, repudiaba la intentona. El Batallón Blindado de Valencia, se mantenía alzado bajo el mando de un capitán. Se decía que los F16 sobrevolaban en Valencia las instalaciones tomadas por los rebeles, el Aeropuerto de Barcelona no permitió la entrada de los empleados ni público. En ese tiempo era el titular de la Oficina Central de Información, Andrés Eloy Blanco y luego de la reunión de urgencia del Consejo de Ministros, le correspondió leer el decreto presidencial donde se suspendían en todo el territorio nacional las garantías constitucionales. El Ministro de la Defensa Fernando Ochoa Antich, en Fuerte Tiuna negociaba y ya el mundo rechazaba el intento del Golpe de Estado en Venezuela. Dieciséis Presidentes de América Latina firmaron un comunicado condenando la rebelión, divulgado por el gobierno de César Gaviria. España emitió dos comunicados señalando que esperaban que se reestableciera la democracia, la Internacional Socialista ofreció apoyo incondicional, Brasil expresó solidaridad, era mandatario Fernando Collor de Melo.

Nicaragua también condenó la asonada, el rey Juan Carlos y Bush padre llamaron a CAP por teléfono. Francia desaprobó la tentativa castrense, Italia estuvo en contacto permanente con su embajador en Caracas, Paolo Bruni. Menen declaraba que lo importante fue que el presidente salvó la vida. A Jesús Romero Anselmí le tocó dar cobertura y escribir en términos de rebeldes, de batallones insurrectos y de hasta ataque simultáneo, en fin. Escribía que mientras en el Canal 8 no había acciones cruentas, el balance del operativo ejecutado por tropas leales al gobierno de Carlos Andrés Pérez en Miraflores era de un promedio de 14 muertos y de 300 militares presos en los sótanos del Palacio Blanco. “Por primera vez en los golpes de estado, desde que funciona en Palacio el Poder Ejecutivo, ingresaron tropas alzadas hasta la antesala del despacho presidencial. Las paredes, puertas, jarrones, incluso las chaguaramas del jardín central, muestran los resultados de los tiroteos. Los proyectiles entraron al Salón Sol del Perú y destruyeron unos de los antiquísimos espejos.”

En la residencia presidencial permanecía Blanca Rodríguez de Pérez con su hija Carolina, sus dos nietos: Jacinto el hijo de Marielos, y Carlos Andrés, el hijo de Thaís, así como Chabita su hermana mayor. El comandante Bacalao era el Jefe de la Guarda y Custodia de la familia presidencial y Antonio Aguinagalde, el jefe de la escolta civil, quien con otros funcionarios de la Disip y los Guardia de Honor (los soldaditos) algunos de ellos entrenados para ser mesoneros fueron quienes defendieron la Casona. Llamé a un teniente coronel que había sido edecán de la primera dama para que le avisara al Comandante de la Guardia Nacional, pero no pudieron llegar los refuerzos prometidos, aunque si la Policía de Sucre que envió Enrique Mendoza, recuerdo que eso se lo comentó Carmen de Pacanins a doña Blanca. Hubo muertos y muchos heridos atendidos por la primera dama, por ella misma rompiendo sábanas para hacer torniquetes. Luego del control sobre Miraflores, de la residencia presidencial La Casona se escribió que había seguido tomada por unas horas más. Y así fue. Hubo plomo parejo.

Recuerdo que José Vicente Fossi y también Tite Oteysa cuando me llamaron a la oficina, a mi teléfono privado, les atendió el militar que asaltó la residencia y esto lo escribe Jesús Eduardo Brando en esta edición especial: “…el informante llamó nuevamente esta vez al despacho de la asistente de prensa de la señora de Pérez la periodista Marta Colmenares, pero le atendió alguien que sólo se identificó como el Capitán Rodríguez. El oficial le aseguró que doña Blanca estaba bien y que no tenía de que preocuparse para colgar inmediatamente’’. Es verídico, el usaba mi teléfono para comunicarse e incluso pactar la tregua con el comandante Bacalao, y atender los heridos de lado y lado. En realidad eran más de 70 muertos los que ingresaban a hospitales declarados en emergencia. El transporte público y Metro paralizados hasta media mañana. El Presidente de la Federación de Asociaciones de profesores Universitarios, aunque deploró la abolición de los derechos de la Carta Magna, también enfatizó que era hora “que el Ejecutivo nacional pueda darle un viraje a la política económica…”

Fue muy reproducida la foto de Alí Gómez y el famoso Comandante que momentos antes, luego de haber salido de su escondite en el Museo de la Historia para rendirse, había pronunciado el “por ahora’’. Con estos hechos se desataría la desventura de nuestro país y la de todos esos diablos sueltos que a costa del golpe se apropiaron del país para traerlo hasta acá, pasando por los que salieron ese día a justificarlo como bien lo hizo el ex-presidente Rafael Caldera, el ser que mas ha odiado a su homólogo Carlos Andrés Pérez.

Otros periodistas como Pedro Estacio, Aliana Gonzalez, Hercilia Garnica, Graciela Garcia, Luis Alonso, Milagros Durán, Mariela Colmenares, Ildemaro Alguindigue y Felix Reyes corresponsales de Valencia y Maracaibo, la presencia de Virgilio Avila Vivas como Ministro del MRI garantizando absoluta normalidad pasadas las 10 de la mañana, también sobresalen en esta edición especial sobre el amanecer de un aciago día. Las gráficas de Frasso, de Pedro Estrada, de Carlos Rivodo, de Ernesto Morgado son inolvidables: la famosa tanqueta subiendo las escaleras de Palacio, la rendición de los rebeldes, Hilarión Cardozo y el expresidente Lusinchi tratando de entrar a Miraflores. Se apreciaron las colas en los supermercados aunque los comercios habían cerrado, los daños de las viviendas y vehículos del estacionamiento exterior de La Casona. Concluye la edición con una gráfica de Castillo que muestra a un funcionario de la Policía de Sucre muerto sobre el capót del carro y dice en su leyenda: “Una vida que se ofrenda a la aventura de algunos militares desadaptados.’’




Martha Colmenares
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