El socialdemócrata Vuelus interruptus
A estas alturas de la película ya es de general conocimiento lo sucedido con la compañía aérea – o lo que sea – “Air Madrid”, que ha dejado de operar en el mercado del transporte de personas con aviones debido a las múltiples deficiencias detectadas en el servicio por parte de las autoridades competentes para la inspección. Ha dicho una persona responsable en esta área por parte del Gobierno de España que: “Es preferible que se cierre la compañía, impidiéndole seguir volando, y se deje tirado al pasaje en el aeropuerto a que, sabiendo lo que ocurre y previendo la desgracia, se quede el pasaje tirado en el monte”. Y yo creo que es cierto, que puestos en la tesitura de tener que recoger las quejas del pasaje en el aeropuerto por las diversas vicisitudes personales por las que han de pasar todas esta personas a consecuencia del cierre de la actividad, incluyendo la más que probable pérdida del dinero abonado por el billete, que tener luego, a sabiendas de que podía ocurrir, que recoger trozos de cadáveres de un paraje de los aledaños del citado aeropuerto o en algún lugar del océano atlántico.
Claro que a quienes les afecta directamente el cierre de la compañía esta explicación no sólo no satisface sus necesidades sino que multiplica su indignación. Es comprensible, porque quien más quien menos ha pasado alguna vez por el aeropuerto y se puede hacer una idea de los sentimientos que se experimentan cuando aparecen en pantalla las temidas letras de “delayed”, o simplemente va cambiando la hora de salida en paquetes de dos o tres, sin aviso y ante un mostrador vacío y cubierto de polvo en el que ha años que nadie ha puesto pie. Imagínense cuando el vuelo que una persona espera para ver a sus familiares, residentes al otro lado del mundo, donde San Pancracio perdió la boina, va y desaparece, se esfuma, ya no existe, ni tampoco se vislumbra posibilidad alguna de que regrese, ni siquiera en forma de promesa hectoplasmática. Lo único que puede consolar a esta gente es que, en vista de los documentos gráficos que hemos podido ver por la tele estos días, ya pueden darle gracias al Altísimo, o en lo que crean, si creen en algo, de seguir con vida y tener la posibilidad, al año que viene, o cuando sea, de intentarlo de nuevo, que lo más probable es que en una de esas el avión se hubiera venido abajo, hundiéndose en el mar o chafándose en la tierra, que las modalidades son diversas.
Tiene razón, también, la oposición, el PP, cuando dice al Gobierno que, sabiendo lo que sabía y previendo lo que estaba en disposición de prever y que, en cierta medida, ha sido la causa que ha justificado el cierre de la actividad, haya permitido a la compañía seguir vendiendo billetes de avión para viajar a las Américas y, de esta manera, perjudicar seriamente a las personas que habían adquirido dichos billetes. Que es que también hay que tener fe, porque si comprando el billete en compañías medianamente solventes y que se supone relativamente fiables hay lo que hay, imaginarse lo que puede ocurrir si se adquiere un billete de bajo coste, en oferta o de manera menos onerosa de lo razonable, debe de ser, creo yo, cosa de certezas absolutas más que de elucubraciones. Es verdad que fastidia, pero no por eso deja de ser previsible ¿no?
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