Libre Albedrío Los Otros
Hace un frío terrible. Estamos prisioneros y, obviamente, dispersos por todo el territorio español. Qué gran crueldad. Está todo tan oscuro que ya no recordamos cómo es la luz. Si apareciera de nuevo, seguramente nos cegaría. Estas celdas son verdaderos zulos, tan pequeñas, tan húmedas, tan oscuras, tan silenciosas. Podemos recibir visitas de nuestros familiares y otros seres queridos, pero no sirven para mucho; acaban generando gran frustración. Hay una especie de pared entre ellos y nosotros que impide que nos vean y nos oigan. Así que, por mucho que les hablemos, vuelven a casa con una terrible sensación de vacío e impotencia.
Son las consecuencias de este largo y terrible "conflicto armado": centenares de presos injustamente condenados a permanecer encerrados y dispersos, algunos desde hace décadas, separados a la fuerza de nuestras familias y amigos y sin luz, sobre todo sin luz. Qué tedio. Aquí no permiten escuchar la radio, ni jugar al ajedrez, ni siquiera leer. Lo más dramático es lo de los niños. Les quitan los juguetes, les despojan de todo y los encierran aquí, a oscuras. Algunos están con su madre, pero a otros los han traído solos.
A veces tenemos la sensación de que ya nadie se acuerda de nosotros, excepto, por supuesto, nuestros familiares y amigos. Pero nadie se manifiesta, nadie recuerda lo que hicimos por ellos, nuestro sacrificio, nuestra heroica y, muchas veces, silenciosa entrega. ¿Quién clama por nosotros? ¿Quién grita por nosotros? ¿Quién reza por nosotros?
Nuestra condena es a perpetuidad. Eso es mucho tiempo. Demasiado tiempo de castigo por nada. Demasiado tiempo de castigo por ser inocentes. Demasiado tiempo de castigo por defender la libertad. Demasiado tiempo de castigo por defender a los ciudadanos. Demasiado tiempo de castigo por desempeñar un trabajo honrado. Demasiado tiempo de castigo por ser españoles.
Mientras tanto, los otros, nuestros asesinos, se sientan a discutir sobre el futuro de España y de los españoles, deciden sobre la vida y la muerte de los que quedan vivos, diseñan presuntas políticas y planes estratégicos y, lo que es peor, algunos los identifican como interlocutores, y los escuchan, y puede que hasta sigan sus consignas, y se sometan, y claudiquen definitivamente. Total, parte del precio del chantaje ya ha sido pagado con nuestra sangre, aunque ahora parezca francamente devaluado.
Pero… un momento. ¡No se habrán creído toda esta historia! Así es como querrían oírla ellos, los otros. No, ésta no es la auténtica versión.
Vuelvo a empezar.
Es una fresca, pero preciosa mañana de otoño en España. Los restos de lo que un día fueron nuestros cuerpos, sagrados para los creyentes y, en todo caso, preciosísimos por ser humanos, reposan en bonitos, cuidados y recoletos cementerios repartidos por todo el territorio de nuestra amada España. Nuestros familiares, acompañados de muchos amigos, incluidas otras víctimas de los asesinos que pudieron salvar la vida, han decidido visitarnos a todos, por orden y en caravana.
Ellos, nuestros familiares y amigos, no están solos ni desconsolados. Para eso se constituyó la AVT. Se tienen unos a otros. Y saben que nos tienen a nosotros. No hablamos, pero vemos y oímos todo. Y, desde aquí arriba, donde, por cierto, hay muchísima luz, los apoyamos, los arropamos por las noches, y les enviamos nuestro consuelo.
Nosotros rezamos por ellos. Nosotros rezamos por España. Nosotros rezamos por los españoles.
Queridos amigos y familiares, queridos miembros de la AVT y otras asociaciones de víctimas: “No tengáis miedo. Todo saldrá bien.”
Nos lo ha dicho alguien muy importante, alguien que sabe de verdad. |