Desmontando a Patxi (y V)

Ésta es la última entrega de la serie Desmontando a Patxi. En el primer capítulo, Desmontando a Patxi I, el objetivo era rebatir la analogía País Vasco-Quebec que ese gran político, Patxi, nos vendía en recientes declaraciones. En la serie Desmontando a Patxi II y siguientes, cuya última entrega publicamos hoy, se analiza la evolución del multisecular conflicto irlandés entre católicos y protestantes, también asumido como paradigma discursivo por el nacionalismo vasco, al que ahora se encuentra adherido con el entusiasmo de un postulante el citado Patxi y su facción socialista, intentando realizar un pequeño análisis comparado entre los dos casos. Veremos lo que da de sí.

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Durante este tiempo, la comunidad protestante ha mantenido una actitud ambigua, a medio camino entre la lealtad a Londres y el chantaje violento. El terrorismo protestante del Ulster Volunteer Force, el Ulster Freedom Fighters (creado en 1973) y otros grupos paramilitares unionistas, como la Ulster Defence Association y la Protestant Action Force, aunque nació, sobre todo, como un terrorismo de respuesta, a menudo indiscriminado, sobre pubs, negocios, transportes públicos y centros sociales católicos sospechosos de encubrir las actividades terroristas del PIRA, fue tan salvaje, como mínimo, como el de sus enemigos católicos, y convirtió en una verdadera y cruentísima guerra entre dos bandos la situación de Irlanda del Norte.

A partir de 1980, el PIRA optó por una “guerra de desgaste” dirigida contra objetivos materiales y económicos (ataques a fábricas, comercios, etc.) y a instituciones como el RUC ( Royal Ulster Constabulary), con el fin de obligar a los protestantes a claudicar. La campaña terrorista se trasladó incluso a suelo inglés. Se llegó a colocar bombas en los almacenes Harrod’s de Londres en diciembre de 1983 e, incluso, a atentar contra la Primera Ministra, Margaret Thatcher, en un congreso de su partido.
Durante los años setenta, la actitud del Gobierno británico había consistido en calmar a los protestantes mediante el despliegue militar y el inicio de una serie de gestos conciliadores hacia los católicos moderados, prometiendo una convención constitucional y una asamblea regional con representación proporcional. A mediados de los ochenta, se abrió una etapa de conversaciones con Dublín que culminó en el acuerdo de Hillsborough Castle (15 de noviembre de 1985), que dio al Gobierno de Dublín el estatus de interlocutor en cualquier posible solución al problema del Ulster y reafirmó su posición de que todo cambio constitucional en los territorios del Norte se efectuara con el consentimiento de la población. En estos últimos años, la mediación del Partido Socialdemócrata y Laborista (SDLP, nacionalista moderado) ha acercado al PIRA a los unionistas y a los Gobiernos de Londres y Dublín a una solución viable y negociada. En 1994, se llegó a un principio de acuerdo, recibido por el PIRA con un alto el fuego indefinido desde el 31 de agosto, lo cual le ha permitido abrir negociaciones directas con el Gobierno británico. Desde 1969 hasta esa fecha, el conflicto del Ulster había provocado más de 3.000 muertes.

Entre los luctuosos acontecimientos que han tejido toda esta historia, cabe destacar la huelga de hambre que inició un grupo de presos del PIRA, en 1981, encabezados por su “comandante”, Bobby Sands. Sus reivindicaciones se centraban en conseguir estatus de presos políticos y autorización para vestir sus propias ropas.

Los presos forzaron la situación al máximo. No sólo llevaron a cabo una “auténtica” huelga de hambre, sino que se negaron a vestirse, cubriéndose sólo con las mantas carcelarias y acumulando heces y desechos en sus celdas. La situación calamitosa en que se encontraban despertó las simpatías de la población y puso contra las cuerdas a Margaret Thatcher. El Sinn Féin, brazo político del IRA, aprovechó el tirón mediático de la situación para hacer campaña, situando a Bobby Sands como cabeza de lista en las elecciones al Parlamento Británico por la circunscripción de Fermanagh & South Tyrone. Salió elegido. El 9 de abril, Bobby Sands se convirtió en diputado británico. En todo caso, mantuvo su huelga de hambre y murió 25 días después en el hospital de la prisión, donde fue trasladado tras haber entrado en coma. La muerte de Bobby Sands, un joven de apenas 27 años, pudo ser un duro golpe par la popularidad de Thacher, pero ella se mantuvo inflexible y no se doblegó ante esta medida de presión.

La última suspensión de la autonomía del Ulster se produjo en 2002, tras la denuncia, por parte del Partido Unionista, de que el Ejército Republicano Irlandés (IRA) había organizado una red de espionaje en la propia sede de la Asamblea norirlandesa, el palacio de Stormont, en Belfast. Casi inmediatamente, el ministro británico para Irlanda del Norte, John Reid, anunciaba la suspensión de la autonomía, hasta la celebración de nuevas elecciones en 2003.

Otro acontecimiento influyó decisivamente en la evolución del proceso. El robo de 38,7 millones de euros del Northern Bank de Belfast, en diciembre de 2004, en el que dos miembros de la plantilla fueron obligados a participar bajo amenaza de muerte para ellos y sus familias, echó por tierra las esperanzas de llegar a un acuerdo cuando el jefe de policía de Irlanda del Norte culpó al IRA.

A partir de aquí, se sucedió de nuevo una serie de acontecimientos relacionado y/o justificados por la hipotética participación del IRA en el robo. Entre otras medidas, y tras la presentación de un informe que demostraba la autoría del IRA, el Parlamento Británico, a petición del Gobierno, decidió retirar durante un año las dietas a Gerry Adams y los otros tres parlamentarios elegidos en 2001. De esta forma, el partido dejaría de ingresar medio millón de euros.

Desde enero de 2005, Gerry Adams, con motivo precisamente del robo del Banco, ha venido reuniéndose con Tony Blair y Bertie Ahern.

La actuación de los sucesivos gobiernos del Reino Unido, hasta el actual, presidido por Tony Blair, ha conseguido una situación relativamente pacífica y estable en el Ulster. El desarme del IRA y la canalización de sus aspiraciones a través de las instituciones, la política de mano dura con unos y otros grupos terroristas y la suspensión de la Autonomía norirlandesa, cada vez que se produce una situación de descontrol, parecen el camino para encontrar el feliz desenlace a este larguísimo y cruento conflicto.

La historia de este conflicto multisecular es antigua, larga y densa. Tanto, que resulta asaz difícil sintetizarla sin pasar por alto datos y acontecimientos esenciales. No obstante, en virtud de lo expuesto en estas cinco entregas, y sin encontrar prácticamente analogía alguna que justifique ese pertinaz empeño abertzale-socialista en remitirse a Irlanda para dotar de contenido político y explicaciones históricas al terrorismo etarra, es mucho más fácil, por lo obvio, señalar algunas grandes diferencias.


Primera:

La nación española conforma una unidad geográfica e histórica desde hace milenios, y es políticamente una desde hace más de cinco siglos. En centurias, las únicas guerras civiles que han tenido lugar en nuestro país, han sido transversales, ocasionadas siempre por motivos políticos, no territoriales: Carlistas contra Isabelinos, Tradicionalistas contra Liberales, Derechas contra Izquierdas. En cada uno de estos conflictos, cada provincia ha aportado combatientes a ambos bandos. Nunca ha existido una invasión de un territorio por parte de otro, ya que la unidad política es sólida e histórica. Cualquier relato sobre presuntas invasiones y sometimiento de las provincias vascongadas por parte del resto de España no es más que parte de la mitología de nuevo cuño diseñada por el nacionalismo aranista para alimentar la leyenda.

Irlanda es una isla sometida a múltiples invasiones por parte de la Gran Bretaña con el objetivo de sojuzgarla y colonizarla. Desde los primeros normandos desembarcados en tiempos de la dinastía Plantagenet, que acabaron integrados plenamente entre los nativos, hasta los “colonos” enviados en el siglo XX, las invasiones han sido continuas. Y se trata de invasiones de una nación sobre un territorio que realmente nunca ha estado integrado como parte de la misma.

Segunda:

El conflicto irlandés tiene raíces profundamente identitarias y étnicas. Irlanda, conocida como Hibernia en tiempos del Imperio Romano, es una isla que ha sufrido fuertes presiones invasoras, tanto vikingas como normandas y británicas. De origen celta, los primitivos rituales de los druidas, a partir de la evangelización, por parte de San Patricio, devinieron definitivamente en un sólido catolicismo, fortísimamente arraigado que resistió todos los intentos de anglicanización, sucedidos a partir del cisma que comenzó Enrique VIII y culminó su hijo, Eduardo VI. Así, a partir de los violentos intentos de dominación inglesa, a los que los irlandeses resistieron durante siglos, no consiguiendo su objetivo de “anglicanización”, derivaron hacia la segregación de los católicos, primigenios habitantes de la isla que, durante siglos, han vivido un durísimo “apartheid”, que les impedía, de facto y de iure, la más mínima mejora social o económica.

El mal llamado “conficto vasco” tiene su origen en una ficción. Hasta la creación del PNV, no sólo no existian diferencias identitarias ni conflictos étnicos entre los vascos y el resto de los españoles, sino que la identificación de aquellos con la nación era tal que, durante siglos, coparon los puestos más altos de la jerarquía, en la milicia, en las Cortes y en la sociedad. Es más, fueron premiados con privilegios forales, declaraciones reales de hidalguía universal y un reconocimiento social especial en el resto de España, que ha durado hasta hace muy pocas décadas; prácticamente hasta los años más negros del terrorismo etarra, durante los cuales, la sociedad española percibió el viraje de una buena parte de la sociedad vasca, que, o bien se alineó definitivamente con lo más duro del abertzalismo, o bien cayó y otorgó, por miedo o por consenso.

Tercera:

En Irlanda, y, fundamentalmente, en la actual Irlanda del Norte, se ha producido una situación de conflicto armado provocado en el que han intervenido dos partes: católicos y protestantes. Ambas partes han organizado sus propios grupos terroristas y, bien por acción, bien por reacción, los dos grupos enfrentados han intervenido en esa sangrienta escena.

En España, no hay “dos partes en conflicto”, aunque arteramente se nos intenta vender una y otra vez esa mentira a través de mensajes goebbelsianos. Hay una parte armada, que pone bombas, dispara en la nuca, chantajea, amenaza, extorsiona, aterroriza y priva de sus más elementales derecho a la población; y otra, la mayoría de los españoles, que es objetivo-diana de la segunda, pero que no se defiende con las armas. Sólo ha habido algún episodio de un fenómeno que se denominó contra-terrorismo (GAL), y que, al fin y a la postre, resultó ser una acción del gobierno de turno, no una organización espontánea de ciudadanos del llamado “otro bando”. En este sentido, ha habido algún torpe intento que se ha quedado en anécdota.

Podemos concluir, por tanto, que el fenómeno del terrorismo vasco no se articula mediante dos partes armadas y en conflicto, sino mediante la existencia de una banda criminal que asesina a personas indefensas, y un objetivo, el resto de la sociedad, que es periódicamente asaltada mediante asesinatos y otros crímenes.

Cuarta:

A partir de la transición española post-franquista, las provincias vascongadas, convertidas en Comunidad Autónoma Vasca, fueron dotadas de un régimen de autonomía, cuyo techo de competencias y privilegios supera con creces el contenido de los antiguos fueros, amén de haberse convertido en un ente insaciable, que, además de exigir cada vez más autogobierno, ha devenido en algo parecido a un régimen. Controla la educación, adoctrinando a generaciones y generaciones de vascos que, ignorantes ya de la verdadera historia, de la realidad objetiva, sólo perciben lo que el “régimen” quiere que perciba: una inexistente invasión, una inexistente opresión y un inexistente dominio ejercido mediante torturas y toda clase de recursos bárbaros en manos del Estado.

Irlanda del Norte, a pesar del abandono de las armas, puesto en marcha por iniciativa del propio IRA, fue dotada de un régimen de autonomía, que sólo se parece al vasco en la existencia de un Parlamento. Las competencias son infinitamente inferiores a las de los organismos autónomos vascos y, por supuesto y mucho más importante, la autonomía es suspendida de forma casi automática cuando se producen rebrotes de violencia. Ese tipo de actuaciones del gobierno del Reino Unido son asumidas con toda naturalidad como un recurso legítimo de un gobierno legítimo. En España, la suspensión de la autonomía, prevista por el ordenamiento constitucional, no sólo no se ha ejecutado jamás, a pesar de que se han dado de forma reiterada y maximizada las circunstacias que, legal y legítimamente, justificarían la suspensión, sino que la sola mención de esta posibilidad provoca escándalo público, dimisiones, destituciones y toda clase de castigos al que osa invocar una posibilidad que no es más que la aplicación de la legalidad.

Patxi Nadie: ¿Qué diantre tiene que ver Irlanda del Norte con el País Vasco?