Patxi a secas, ese hombre, tiene la desvergüenza de declarar que se está reuniendo con la banda terrorista ETA-Batasuna, que están a punto de alcanzar un acuerdo “histórico” y que “habrá que admitir parte de las razones del adversario”. Bien, Patxi, bien. Si querías retratarte, lo has conseguido. Veremos con qué nuevas barbaridades nos sorprendes (o no) en el futuro próximo.

El entrañable Patxi a secas propone ahora el modelo de Québec. Veamos qué tiene que ver la situación política de la provincia canadiense, su historia y la génesis de los famosos referendos que Patxi quiere copiar para nuestros compatriotas “vascos y vascas” con nuestra propia situación y nuestra propia historia.

Québec es un territorio que fue descubierto y explorado por un francés, Jacques Cartier, en 1534. Cuando llegó, tomó posesión del territorio en nombre de Francia y lo señaló con una cruz de madera marcada con las tres flores de lis de la dinastía. En 1608, otro francés, Samuel de Champlain, fundó la ciudad de Québec y dio lugar al nacimiento de la Nueva Francia. Tras la Guerra de los Siete Años (1756-1763) entre ingleses y franceses, Inglaterra consuma su victoria y se hace con el territorio denominado Nueva Francia, mediante la firma del Tratado de París. A Francia se le permitió conservar un enclave, y eligió, muy equivocadamente, como el tiempo se encargó de demostrar, Guadalupe en lugar de Québec.

Como consecuencia de esta guerra, muchos colonos franceses fueron deportados y expropiados para entregar sus posesiones a nuevos inmigrantes ingleses. La represalia fue fuerte y de nefastas consecuencias para la población de origen francés.

En 1774, los franceses de Québec recuperaron parte de sus derechos más elementales. La firma del Acta de Québec reconocía su derecho a practicar la religión católica y a usar el Derecho Romano, en perjuicio del sistema sajón, basado fundamentalmente en la jurisprudencia.
En 1867, se creó defnitivamente la Federación de Provincias de Canadá (entonces Ontario, Québec, Nueva Escocia y Nuevo Brunskwick) formalizándola con la firma del Acta de América del Norte. La situación de los francohablantes católicos de Québec, marginados y excluidos de la vida económica, se mantuvo y provocó un equilibrio precario que aún no ha sido resuelto. Dio lugar, entre otras cosas, a la llamada “Revolución Tranquila” de 1960, y condujo a la implantación de un sistema político altamente intervencionista, que empezó por la nacionalización de la electricidad y la creación de un entramado económico de titularidad pública. Todo este proceso desembocó en ciertas medidas, mucho más duras e intervencionistas, aprobadas en 1976, tras la victoria electoral del Partido Nacionalista de Québec. Entre otras cosas, se estableció el Francés como único idioma oficial del territorio, y se creó una especie de comisariado lingüístico para vigilar la aplicación en la práctica de la legislación sobre el idioma.

A partir de 1980, se han convocado referendos de autodeterminación en Québec. Los nacionalistas los han perdido, aunque han avanzado posiciones. Parece que la intención del Partido Quebequés, siempre que esté en el poder, es la repetición sucesiva de las consultas, hasta que consigan que el resultado sea el sí a la independencia.
En la actualidad, según los últimos sondeos, algo menos de la mitad de los quebequeses son partidarios de la independencia de la Federación de Provincias de Canadá.

Tras este resumen somero de la historia y de la evolución de Québec, se me ocurren las siguientes diferencias entre el “asunto Québec” y el “asunto vasco”, que entiendo deslegitiman absolutamente la nueva boutade del genio sin nombre, por no hablar de que hacen más evidente la falta de argumentos de todo el mundo nacionalista vasco en general, y del separatismo abertzale en particular, incluyendo a todos los comparsas.

Primera:

La actualmente llamada Canadá, es decir, la Federación de Provincias de Canadá, se creó en 1867.

España es la nación más antigua de Europa. La unidad política definitiva se produjo en 1492, aunque su historia se remonta a la Edad Antigua, cuando el Imperio Romano colonizó y se anexionó un territorio llamado Hispania, totalmente cohesionado y, aunque dividido en regiones, siempre considerado una unidad.

Segunda:

En Canadá, conviven ciudadanos procedentes de dos naciones con sensibles diferencias culturales, históricas y religiosas, que, por otra parte, arrastran el desgaste de una guerra colonial interna, el cambio de titularidad del territorio primigenio y las represalias, en su momento, contra uno de los dos grupos.

El territorio español, así como sus habitantes, ha estado siempre cohesionado y unido por una historia, un idioma e, incluso, una religión común. La cultura española, así como el derecho, las instituciones y los usos sociales, tienen una base indiscutible en la Grecia y la Roma clásicas, así como en los valores de la moral judeo-cristiana, manifestados y ejercidos, en toda España, a través del catolicismo.

Tercera:

El territorio, hoy día llamado Canadá, adolece de una historia que ha afectado a su identidad de forma extremadamente cruenta. Siendo en su génesis un territorio descubierto y colonizado por los franceses y denominado Nueva Francia, cambió de status quo como consecuencia de una guerra colonial entre ingleses y franceses, los perdedores de la cual fueron duramente represaliados, básicamente con la expulsión y/o deportación, en su momento, y, posteriormente, con un estatus discriminatorio, que prácticamente los excluía del sistema.

No existe un territorio en España, ni las provincias vascas ni ningún otro, que haya pertenecido a otra nación en momento histórico alguno, o que haya sufrido colonización alguna por el resto de España; dado que es España, como tal, la que ha sido sometida a las sucesivas invasiones y/o colonizaciones que, con éxito o sin él, han tenido lugar a lo largo de los siglos.

Cuarta:

En Canadá conviven dos comunidades fuertemente diferenciadas entre sí. La anglófona, hasta ahora hegemónica, sajona en cuanto a cultura, derecho, religión y tradición; y la francófona, católica y mediterránea (greco-latina) en lo que se refiere a tradición jurídica, cultural y de organización social.

No hay ninguna diferencia étnica o tribal que establezca elementos diferenciadores entre unos españoles y otros. Todos procedemos de los pueblos ibéricos pre-romanos, hemos sido objeto de las mismas invasiones y, posteriormente, los flujos migratorios internos entre unas y otras regiones y los fuertes lazos que se producen entre ciudadanos de una misma nación nos convierten en una nación riquísima; eso sí, en variedad cultural, folklórica y gastronómica, pero habitada por un grupo humano homogéneo. Fuertemente homogéneo. Particularmente, los vascos jamás han tenido entidad como pueblo o nación. Ni siquiera han constituido un reino, aunque ahora los independentistas pretendan anexionarse Navarra, quizá para legitimar sus aspiraciones identitarias, dado que fue Navarra (junto con Castilla) uno de los reinos a los que, en su momento, pertenecían las actuales tres provincias vascas.

Quinta:

Por último, y mucho más importante que todo lo anterior, los habitantes de Canadá han vivido en paz desde hace mucho tiempo. Todas sus diferencias se plantean y discuten en las instituciones y se dirimen en el terreno de la política. No debemos olvidar tampoco que, aun así, el gobierno canadiense, y muchos ciudadanos, se cuestionan el carácter vinculante del dichoso referéndum, y se ha planteado ya la necesidad de que, si algún día triunfase el sí a la separación, el resto de canadienses debería ser consultado también sobre el asunto, ya que (y a pesar de la estructura federal de Canadá), se estima que es un asunto de soberanía nacional que concierne a todos los ciudadanos.

En España, por el contrario, llevamos más de cuarenta años sufriendo un feroz acoso terrorista por parte de la banda ETA, que nació bajo los auspicios del PNV, el partido fundado por el bárbaro iluminado Sabino Arana, y que hoy día forma, junto con Batasuna, todo un lobby del terror y la extorsión. Esta situación, que incluye el salvaje adoctrinamiento de las últimas generaciones de vascos, ha acabado, de facto, con la democracia y la libertad en esa región de España. El régimen actual, prolongado durante varias décadas, se basa en el terror, la eliminación física del adversario o, en su caso, la muerte civil del disidente. Cientos de miles de vascos están exiliados, muchos otros viven escoltados y los más guardan silencio. Estos últimos jamás se atreverán a poner en peligro su integridad física y su posición social o laboral. El pánico, muy comprensiblemente, se ha adueñado de ellos. Aunque la Constitución lo permitiera, que no es el caso, ya que en España la soberanía corresponde al pueblo español, no a una de sus partes, ninguna consulta sobre este asunto podría considerarse válida. Sin libertad, no hay democracia, y en el País Vasco la libertad desapareció hace mucho tiempo. Fue secuestrada por una banda de asesinos y los que, por acción u omisión, los apoyan. Tendrían que pasar muchos años, y al menos una o dos generaciones de vascos libres, formados en la verdad histórica objetiva y educados en los valores democráticos, para que el rencor y el odio, de una parte, y el miedo y el terror, de la otra, desaparecieran y dejaran paso a los valores propios de las sociedades democráticas.

Patxi Nadie: ¿Qué diantre tiene que ver Québec con el País Vasco?