Día de Escuela Progresía:
¡Fuera Máscaras!
Todos, en mayor o menor medida, tenemos que convivir con algún progre: un familiar, un vecino, un compañero de oficina...desde dos años antes del fatídico 11 de Marzo de 2004, hemos tenido que soportar sus malos modos, su hipocresía o su intolerancia, y en cualquier reunión de oficina se les puede ver en acción. Destacarán por opinar sobre lo divino y sobre lo humano sin ninguna objetividad ni criterio, y con una agresividad enorme contra cualquier cosa que se oponga al guión establecido por ese grupo empresarial al que son adictos; grupo empresarial capitalista para las gentes de izquierdas.
El progre se caracteriza por perorar sobre todos aquellos temas por los que no se ve afectado. Por ejemplo, cargará sus baterías contra la AVT porque ninguno de ellos ha sufrido nunca un atentado terrorista en sus carnes o en la de sus familiares (excepción hecha por este pobre hombre, Eduardo Madina, víctima de la disciplina de partido, primero, y del Síndrome de Estocolmo, después), o hablará con desparpajo sobre la inmigración, la política inmigratoria de los gobiernos populares, e incluso se le saltarán las lágrimas pensando en los pobres inmigrantes. Puede llegar a asumir la culpabilidad de Occidente por el hecho de las migraciones de personas, y la injusticia social que ello supone.
Como no suelen tener ningún criterio, y adolecen de una pobre formación política, salvo excepciones, se podría pensar que cambiarían su planteamiento si desgraciadamente sufrieran un atentado terrorista, o les montaran un poblado de moros debajo de casa. Es cierto. El progre cambia radicalmente de postura, como uno cambia de camisa, en cuanto sus posesiones se ven afectadas. Recuerdo las palabras de un fan de Zapatero hace unos días cuando, viendo cómo los etarras pateaban la urna de cristal desde donde estaban siendo enjuiciados, exclamó ¡deberían estar colgados en la Puerta del Sol! ; se ve que se sintió herido en sus emociones. Que este mismo fan, es contrario a que nadie entorpezca el “proceso de paz”, contrario a la AVT, y se manifiesta a favor de la rendición y la negociación con la ETA, no hace falta que yo lo diga. Por tanto, vemos que la coherencia no es uno de sus fuertes.
Al mismo tiempo, si una banda de inmigrantes de la Europa del Este saquea su casa, le faltará tiempo para bramar contra los inmigrantes, aunque es posible que deje alguna ‘propina’ contra la política inmigratoria de los gobiernos del PP. Sobre la “Ley Caldera” y sus ‘papeles para todos’ no hará comentario alguno, causa, junto a la permisividad de nuestras leyes, de este problema.
Podríamos seguir. ¿Qué decir sobre, según ellos, la “cultura del ladrillazo”? Recogen firmas para que no construyan más casas en el municipio donde viven, para evitar la “especulación inmobiliaria del PP”, pero ni palabra sobre si su chalet se ha construido sobre terrenos recalificados. A estas alturas, no tenemos ninguna duda de que si una persona “de Derechas” se compra un piso o un chalet y cinco años más tarde lo vende, está especulando, pero si este mismo ejemplo lo realiza alguien “de Izquierdas”, es una inversión, y tiene todo el derecho del mundo.
Ciertamente se trata de un tipo de persona curioso, y son legiones los que cada mañana compran El País y creen todo lo que allí se dice. No podemos finalizar nuestro análisis sin añadir que el progre suele ser una persona de posición acomodada, bastante acomodada, pero conseguida con el esfuerzo de su trabajo. Todos sabemos que si un empresario “de Derechas”, con gran esfuerzo, saca su empresa adelante sin que falte ni una sola nómina por pagar, éste es un explotador de los obreros, pero si lo hace un empresario “de Izquierdas”, está en su derecho de progresar en la vida, porque el “progreso económico no es patrimonio de la Derecha”. Su teoría del ‘reparto social’ la examinaremos en otra ocasión.
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