El fuet diferencial Las tres verdades de Mukame
- Compañero, de hoy no pasa. Me voy a acercar a can Mukame.
- ¿Una nueva consulta amorosa? Recuerda las visitas a Selenita, a la Aceitera y al santo de los huevos. Perdiste el tiempo y el dinero. Por no mentarte la tanda de pendulazos que te administraron.
- Déjelo correr -intervino como siempre el camarero amigo-. Mire usted, le voy a dar un consejo gratuito. Lo aprendí de Chavelita Vargas. La pena es que no tengamos una colla de mariachis para redondear la jugada:
Bébete una botella conmigo
Y el último trago nos vamooooooos.
- No se trata del desamor. Voy a can Mukame por motivos patrióticos. En nuestro país están pasando cosas que ni la razón ni el corazón entienden.
- Para eso tenemos que acudir al análisis político, Josep. Siempre hemos actuado de esa forma.
- ¿Tú crees que el análisis científico o marxista es capaz de desliar esta madeja?
- Difícil me lo pones.
Una hora más tarde, estábamos en casa de Mukame. Nos recibió con una túnica de colorines. Por las paredes, infinidad de animales salvajes se arremolinaban. En el centro de la casa, una monumental patata de escayola.
- Lo esperaba, amigo. ¿Qué dudas le traen a mi sagrado recinto?
- Vengo para comprobar si su patata de las tres verdades de la vida me aclara una serie de dudas que me atormentan. Cuestiones políticas, mayormente. Como usted presume de acertar el cien por cien.
- Lo primero es ritualizar su mente, su cuerpo y su espíritu con mi mágica patata y después pasamos al test. Siéntese en esta silla y cierre los ojos. Deje la mente en blanco.
Mukame sacó la patata de una especie de faltriquera y se la comenzó a frotar por la frente.
- ¿Siente usted algo?
- Bueno, si he de serle sincero, los rabillos de su tubérculo me están arañando la frente.
- Son las sagradas yemas de la patata, que ha florecido. Sin yemas no hay videncia. Y los espíritus no contestan.
- También podía hacer una patata light para Occidente. Cocida con un poco de sal.
Tras un rato de frotamiento, Mukame comenzó a dar saltos a cuatro patas alrededor de la silla.
- Es la danza del saltamontes. Un animal totémico.
- ¿Del saltamontes común? Poca fuerza le veo al insecto para servir de correa de transmisión con los espíritus. El tripartit es mucho tripartit o, lo que es lo mismo, mucho barco para tan poco marinero.
- No corte usted la comunicación, por el amor de Dios. Sepa usted que el saltamontes africano sabe más que los ratones colorados del primer mundo.
-Invoque, collons, invoque.
Mukame le comenzó a dar patatazos en la cabeza. Después, los saltos se hicieron más largos y ganaron en altura.
- Es la danza de la rana. ¡Croac, croac, croac! ¿Alguna sensación interior?
- Invoque, collons, invoque.
- Ya lo estoy haciendo a través del batracio. ¡Croac, croac, croac!
- En eso igual tengo que darle la razón Algo de magia debe de tener la rana porque mi madre recuerdo que me cantaba aquello de sana, sanita, culito de rana.
- Ahora, Josep, no se me asuste. Tras un patatazo final que le voy a arrear, haré la danza del leopardo.
Mukame se alejó dos metros y le lanzó la patata, que impactó en la frente de Josep con tal violencia que le hizo girar la cabeza hacia atrás. Casi lo tira de la silla. Posteriormente, comenzó a gruñir a su alrededor y a enseñarle los dientes.
- Señor Mukame, tenga en cuenta que no estoy vacunado contra la rabia. Y no lance la patata como un jugador de baseball o voy a salir de aquí con un collarín en el cuello.
- Estamos en la parte final del hilo conductor con mis antepasados ancestrales.
- Ah, bueno, si es así, me callo. Pero, sobre todo, invoque, collons, invoque.
Finalmente, Mukame trajo una patata cocida y se la extendió por toda la cara.
- Esto, con perdón, parece enteramente una mascarilla facial. Me está usted dejando tan pringado con el dichoso tubérculo reblandecido, que parezco cualquier petarda de las revistas del cor. ¿Es usted vidente o esteticién? Además, con el último pepinazo me ha pringado usted hasta las espardeñas.
- Son las tres verdades de la vida, amigo. Las tres columnas sobre las que se asientan el pasado, el presente y el futuro del ser humano.
- Yo tenía entendido que las tres verdades, según el dicho popular, las tres verdades son salud, dinero y amor.
- Deseos prosaicos. Todo está dispuesto. Todo se ha consumado. ¿Qué quiere saber?
- Me preocupa el futuro de mi país.
- España va bien.
- Invoque correctamente, collons. Yo me refiero a mi país, Catalunya.
- Tenía que haberme avisado antes de que era un caso difícil. Le hubiese metido doble dosis de tubérculo con los consiguientes patatazos y el liftting bien cargado.
- Invoque lo que pueda con la dosis sencilla, porque comienzo a sospechar que las tres verdades son los tres chichones como tres soles que tengo en la frente, aparte de la cara embadurnada hasta las cejas. Y una cefalea de cojones. Usted tendría que tener preparada una ambulancia en la puerta de su casa.
Mukame se subió los faldones y se tapó la cabeza.
- Parece usted un galáctico cuando celebra un gol importante con la camiseta subida.
- Chiiist. Estoy invocando, collons, como dice usted. Veo una corona de espinas.
- Eso lo ha podido leer en los periódicos gratuitos que reparten en el metro. Siga usted invocando. ¿Ve usted indicios del tres por ciento?
- Mis antepasados me hablan de un veinte por ciento.
- Collons, sí que se le ha ido la mano. Yo solía decir en la clandestinidad que en la España de Franco el que no roba es que es manco, pero estos pican alto. ¿Existe el oasis catalán?
- Oasis, en mi tierra. Aquí el pelotazo y el ladrillo conforman la vida política.
-¿Existió el cobro del impuesto en la Gene?
Mukame dio un par de gruñidos. Le lanzó un zarpazo en un hombro que le desgarró la camiseta y se cubrió de nuevo la cabeza.
- Ni en Ben Hur se ven las fieras tan cerca. Su realismo, Mukame, es encomiable.
- Hubo mamoneo. Las nóminas fueron rebajadas con todo rigor. En los países ricos, el más tonto hace relojes. El que no corre, vuela.
- ¡Vamos que nos vamos, moreno! Invoque todo lo que le permita la patata. Mukame, ¿cómo va a terminar esto?
- ¿Está seguro de que quiere saber la verdad?
- Invoque, collons, invoque. El mundo avanza con la verdad como bandera.
- Mire, Josep, dos años de ruina discutiendo el estatut, espinas, tres por ciento, souflé, el Carmel, deslocalizaciones a granel, destituciones y nombramiento del recaudador Tendrell, una abstención galopante, dimisión del president, convocatoria de elecciones anticipadas. ¿No tiene usted bastante cruz?
- Invoque, collons, invoque.
- Abóneme una tarjeta prepago, que tengo que hacer una llamada al consejo de brujos de mi pueblo porque manda huevos en la tesitura que me coloca usted. Son diez euros. Vuelvo en seguida.
Mukame estuvo ausente diez minutos y vino armado con cuatro patatas. Se lió a patatazos con Josep desde las cuatro esquinas de la habitación. A cada viaje que recibía el pobre Josep, lanzaba unos lastimeros quejidos que encogían el alma. Cuando la patata rebotaba en la cabeza de Josep, Mukame la pinchaba con un pie y le lanzaba una volea que impactaba en pleno rostro.
- ¡Ay, Mukame! Si llego a saber esto no vengo. Parece enteramente Zidane en el remate de la novena.
- Si tiene que acabar con él a patatazos- intervine yo seriamente preocupado por aquella furia homicida de Mukame-, al menos no le haga sufrir. Aplíquele un poco de anestesia en la cabeza, por el amor de Dios.
- Si es preciso por saber la verdad, hago hasta una chilena como el mítico Hugo Sánchez. Aguante, amigo, que estamos sondeando los cuatro puntos cardinales. La lluvia de batata africana desvela todos los secretos del orbe y abre nuevas puertas. Levante orgullosamente la cabeza que le tengo que arrear en la nuca el postrer patatazo.
- ¿Y no puede terminar la ritualización rematando de coronilla como a la salida de un corner? Así el golpe será más liviano. Por cierto, ya que estamos metidos en la magia hasta el corvejón, ¿si hago un zumo de la patata cocida me iría bien para el riñón? Estoy aquejado de arenilla y veo las estrellas.
- Una consulta sanitaria serían ochenta euros más ¿Ve cómo en los países desarrollados el más tonto hace relojes? Usted da la sensación de que es gilipollas pero quiere doble consulta por el precio de una.
Cuando Mukame terminó el bombardeo, le untó con otra patata cocida. Posteriormente sacó una regadera y lo fue bañando mientras decía palabras extrañas.
- Agua purificada de África. Cierre los ojos, collons, que yo tengo que ensimismarme en mi invocación.
Mukame hizo el saltamontes, la rana, el leopardo y le arreó con el último tubérculo entre ceja y ceja. ¡Croac, croac, grrrrrrrrr, croac, croac, grrrrr!
- ¡Gracias, espíritus¡ Josep, he aquí la respuesta de los espíritus: tras la traición del maese, regresará la periferia, el signo ocupará el trono porque el sacrificio de lomilla vendrá dado. Eso es todo. Son ochenta euros.
- Mukame, me voy igual que he venido. Si no fuera por el reparo que le he pillado a los patatazos que usted arrea, me apuntaba a otra sesión. Usted me ha dejado unas cuartetas como Nostradamus.
- Su amigo sabe interpretar mis palabras. Él te dará la solución a mis crípticas frases.
De nuevo, en el bar, Josep pasó al baño para limpiarse la cara que traía embarrada de patata cocida. El camarero acudió con una doble copa de tequila.
- Tal como lo he visto llegar, el Terry es poca cosa. Convénzale que se beba esto porque parece enteramente que viene de una intifada.
- Traduce, compañero - me pidió Josep ya aseado.
- La traición del centro es la reunión del maese, o sea, el maestro zapatero con CiU. Tras esa operación política, convergencia y unió resucitará, el signo, o sea, Mas, el apellido es el signo de la suma, será president porque pidió que Montilla o lomilla fuese el candidat. El más perdedor, se entiende.
- En verdad te digo que Mukame está en contacto con los espíritus. Han valido la pena los patatazos, los saltos nerviosos del cigarrón, el croar de las ranas y los arañazos del leopardo.
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